26 de febrero de 2016

La tentación de Jansson

La última vez que había estado en Suecia había probado aquel plato llamado «la tentación de Jansson» en un bar de carretera. Era una de las cosas más ricas que había comido nunca.
Anne Holt, Det Sot er Mitt (Castigo, 2001)
(Publicado en España por Ediciones B en traducción de Cristina Gómez Baggethun)


 

Es curioso que cuando por estos lares decidimos explorar otras formas de comer, nuestra curiosidad nos lleve de manera casi automática a la orilla suroriental del Mediterráneo. Tiene su lógica, desde luego, ya que mal que les pese a algunos tenemos mucho en común gastronómica y culturalmente con esa zona, pero... vaya, hay otras gentes  en otros lugares de las que también podemos aprender cosas interesantes. Y, aparte de los viajes, la literatura es una buena fuente de ideas para la cocina. Y si se trata de platos procedentes de gastronomías tan exóticas como la sueca, confieso que yo soy incapaz de resistir la tentación. Más si la receta lleva ya de entrada la palabra fatídica en el título. Todo esto viene a cuento como excusa para presentar esta receta de la que oí, es un decir, hablar por primera vez en una novela de Anne Holt. Es fácil de preparar y no es necesario utilizar quesos de nombre impronunciable, como con toda razón dice mi admirada Marisa de Ret Ceteras, y se pueden cambiar, perfectamente, las ansjovis por honestas anchoas . En cuanto a tan curioso nombre (de la receta) véase aquí.

Ingredientes para cuatro personas
Cuatro patatas grandes
Dos cebollas de buen tamaño
Dos latas de anchoas
250 ml de nata líquida
Dos cucharadas de pan rallado
Dos cucharadas de almendras molidas
50 gr de mantequilla
Sal
Pimienta

  • Pelamos, las patatas, las lavamos y las cortamos como para freír pero muy finas (casi como cerillas, he leído en algún blog) y las reservamos en un cuenco con agua fría.
  • Pelamos las cebollas y las cortamos en aros finos y luego en tiras. Reservamos.
  • Untamos con un poco de mantequilla una fuente para horno y vamos colocando una capa de patatas, otra de cebolla y otra con las anchoas bien escurridas. Acabamos con otra capa de cebolla y otra de patatas. (Salpimentamos al gusto entre cada capa, pero recuerde que las anchoas suelen estar más que suficientemente saladas).
  • Añadimos la nata y espolvoreamos con una mezcla hecha con el pan rallado y las almendras molidas y regamos con un poco del aceite de las anchoas. (Esta mezcla puede sustituirse por pan rallado sólo o galletas trituradas, si se prefiere).
  • Finalmente, colocamos la mantequilla cortada en dados sobre la superficie y llevamos al horno, precalentado a 190º, durante cuarenta y cinco o cincuenta minutos. (Como siempre, tiempo orientativo: fíese de su horno, no del mío).
  • Puede servirse acompañado de una ensalada, con lo cual ya tenemos un excelente plato único. Y muy rico, además.

3 comentarios:

  1. Mientras leía la receta estaba salivando, este pastel tiene que estar delicioso. La nata y la mantequilla seguro suavizan el sabor potente de la anchoa, es el único ingrediente que me cuesta más.
    Ahora con las modas de la comida saludable mucha gente desprecia las gastronomías que incluyen la nata y mantequilla. Yo desde luego que no renuncio a estos ingredientes a no ser que me los prohíba el médico.

    Saludos!

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  2. Caray! una receta literaria escandinava. Me acuerdo del libro, era policiaco y entretenido, del estilo de las novelas de Menkell. Con historia inquietante.... niña secuestrada, comisario y ayudante del FBI. De esas historias que hacen preguntarse qué les pasa a los escandinavos? Por qué algunos son tan retorcidos? Son los sótanos una constante en las paranoias de los países nórdicos?
    Lo volveré a mirar a ver si encuentro la tentación!
    Muy acertada la indicación sobre el horno! y la receta tiene mezclas sorprendentes, almendra y anchoa... interesante.
    Saludos
    Marisa

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  3. Muchas gracias por la mención y el enlace!
    Me llevo la receta al humilde FB de retceteras!

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