16 de febrero de 2012

Rape con setas

El rape es un pescado cuyo contenido en grasa  es muy bajo, (2 gramos por cada 100 de porción comestible) por lo que resulta muy adecuado en las dietas de adelgazamiento, siempre que se cocine sin exceso de grasas ni salsas calóricas. Aporta vitaminas del grupo B, (B1, B3 y B9) y minerales como  potasio, fósforo, magnesio y hierro.  Además, al ser su carne consisten y firme y sin espinas es ideal para iniciar a los niños en el consumo de pescado. Puede presentarse en múltiples y diferentes preparaciones, como ingrediente principal o como añadido en paellas, croquetas, cremas… combinando perfectamente con casi cualquier otro alimento. Hoy vamos a hacerlo muy fácil y con una rica salsa de setas. Recuerde que es posible encontrar en el comercio setas deshidratadas, en conserva, e incluso congeladas, de muy buena calidad.

Ingredientes para cuatro personas
800 gr de rape en cuatro trozos
400 gr de setas variadas
Una cebolla mediana
Dos cucharas de eneldo picado
125 ml de vino blanco
125 ml de caldo de pescado
75 ml de brandy
Aceite de oliva
Sal
Pimienta

Cortamos la cebolla en juliana y la pochamos a fuego suave hasta que esté blanda pero sin que tome color. Escurrimos bien el aceite sobrante y añadimos las setas troceadas junto con el caldo de pescado y el vino blanco, cociendo a fuego lento unos cinco minutos. Añadimos el rape lavado y seco y dejamos otros diez o quince minutos más según sea el grosor de las tajadas de rape, teniendo siempre en cuenta que si lo pasamos demasiado quedará más duro y menos jugoso. Agregamos el eneldo, salpimentamos y regamos con el brandy removiendo bien y hacemos otros cinco minutos; apagamos el fuego y dejamos reposar un poco antes de servir. Normalmente las setas espesan la salsa, lo que junto a la reducción por la cocción es suficiente para conseguir una consistencia suave y cremosa, pero si quedara muy líquida, puede espesarse con una cucharadita de harina previamente tostada. En ese caso, retire el rape y deje hervir hasta que espese.

13 de febrero de 2012

Espaguetis con gambas y calabacín

Aunque su origen es aún discutido, parece que fue Marco Polo quien introdujo la pasta en Italia en el siglo XIII a su vuelta de sus viajes a Oriente, extendiéndose luego desde allí por todo Occidente sobre todo a partir de principios del siglo XX. En todo caso, se  han  encontrado los fideos más antiguos que se conocen (Sic). Son delgados, amarillos, miden 50 cm de largo y están hechos de un mijo originario de China. Se descubrieron en un tazón de barro sepultado bajo una capa de sedimento de tres metros de espesor cerca del río Huang Ho (río Amarillo) en el noroeste de China, lo que ha permitido a Houyuan Lu, de la Academia de Ciencias de China, afirmar que este descubrimiento ha demostrado que la primera producción de fideos tuvo lugar en China. (Vea el artículo en Wikipedia). Sea como fuere, la principal aportación nutritiva de la pasta son los hidratos de carbono, así como proteínas, grasas y minerales. Las pastas a las que en el proceso de fabricación se hayan añadido hortalizas tales como espinacas, zanahorias o tomate (las típicas pastas de colores) aportan también algunas vitaminas del grupo B. Contrariamente a que lo que se suele creer, por ser las pastas un alimento rico en hidratos de carbono, no engordan tanto como se dice. 
Lo que contribuye a ganar peso es el exceso de calorías provenientes de las salsas y acompañamientos de las pastas. Vaya, que si comemos unos espaguetis con una sencilla salsa de tomates, aportaremos menos grasas que si añadimos quesos, natas, carnes, etc. y verdaderamente es en la forma de prepararlas donde está el peligro (de sobrepeso), ya que la pasta  va bien con casi todo y una vez más hay tantas recetas como cocineros. Hoy vamos a hacer unos espaguetis sencillos, sabrosos y muy poco calóricos. (N. B. en español debe decirse, y sobre todo, escribirse espaguetis, adaptación gráfica del plural italiano spaghetti. Deben evitarse formas híbridas tales como  spagueti,  espaguetti o  spaguetti, que no son ni italianas ni españolas. Véase en el Diccionario Panhispánico de dudas la entrada espagueti).
 
Ingredientes para cuatro personas.
300 gr de espaguetis
250 gr de gambas
Un calabacín mediano
Cuatro cebollitas francesas
Dos puerros
500 gr de tomates bien maduros
Dos dientes de ajo
Aceite de oliva
Una cucharada de orégano

Una cucharada de cilantro
Dos o tres hojas de laurel
Sal
Pimienta

 
Pelamos las gambas y las reservamos. (No tire las pieles ni las cabezas: puede hacer un caldo muy rico con ellas para utilizar en otras preparaciones). Pelamos las cebollas, las picamos en juliana y las ponemos a  pochar con un chorro de aceite, cuidando que no se quemen. A media cocción añadimos los puerros también limpios y en juliana y los ajos pelados y cortados en láminas y dejamos que se hagan hasta que estén blandos. Agregamos los tomates pelados y muy bien troceados y cocemos durante unos quince minutos a fuego suave. Cuando falten unos seis o siete minutos añadimos el calabacín cortado en pequeños dados, el orégano, el cilantro y las gambas, mezclando bien. Mientras, cocemos la pasta siguiendo las instrucciones del fabricante en una olla con abundante agua, sal, y un chorrito de aceite. (Los italianos, que dicen saber de pastas más que nadie en el mundo, aconsejan cocer la pasta sin tapar la olla…) Unos tres minutos antes de retirar del fuego le añadimos las hojas de laurel. Escurrimos bien y mezclamos con la salsa, dejando un par de minutos al fuego sin que hierva para que se mezclen bien los sabores.

7 de febrero de 2012

Drácula (de Coppola)

F. F. Coppola
Si hablamos de cine y su relación con la comida, no cabe duda de que las películas de vampiros pueden considerarse dentro del género… Vaya, al menos, mordiscos sí hay. No en esas memeces light para adolescentes que se hacen ahora, claro, pero… ¿qué tal un Drácula tan famoso y, teóricamente, suculento como el de Mr. Coppola? Pues vamos a ello: se ha dicho con insistencia y hasta la saciedad que esta es la adaptación más fiel de la novela de Bram Stoker, e incluso el título original de la película (Bram Stoker's Dracula) incide en esa pretensión. Vale, pero no. Partamos del hecho bien sabido de que prácticamente a todas las adaptaciones de obras literarias al cine puede aplicárseles aquel dicho italiano sobre los traductores y los traidores, lo que es lógico, ya que los lenguaje narrativos de la literatura y el cine son, claro, bien distintos. Pero puesto que fiándose, creo, más de la publicidad promocional de la película que de la lectura del libro de Stoker, se insiste tanto en esa fidelidad como un valor adicional del filme, convendría aclarar que en realidad (en el fondo, es decir, en el espíritu de la obra) es la adaptación más engañosa. Me explico. El Drácula de Stoker es la encarnación del Mal en un sentido moral y hasta metafísico visto, desde luego, con una óptica enteramente influida por la visión cristiana de ese concepto, (pero eso es otra cosa de la que este no es el sitio para hablar). Y lo que la novela de Stoker narra bajo la forma de un relato que hoy llamamos de género gótico, no es sino la eterna lucha entre el Bien y ese Mal que aquí (en la novela) toma la forma de una de las pesadillas recurrentes de la humanidad: qué hay después de la muerte y el miedo (tan cristiano, también, sí) a ese después. Así que cuando el guionista James V. Hart convierte todo ese tinglado en una desaforada historia de amor (muy made in Hollywood, claro, donde los resultados contables están siempre por encima de cualquier sutileza filosófica, como demuestra el hecho de que el invento fue uno de los mayores éxitos económicos de su director, cuyos beneficios, por cierto, le dieron para comprarse un castillo y unos extensos viñedos), cuando Hart, decía, transforma todo eso en la historia que nos venden como Bram Stoker's Dracula, está traduciendo-traicionando la obra original, trocando un conflicto moral y quasi teológico en una adocenada y almibarada historia de amores contrariados… y esto no es un juicio de valor, sino un hecho perfectamente objetivo. Se ha hablado de lo acertado del prólogo, y por supuesto, convengo en que es espectacular (aparatoso, diría yo más bien, y en exceso romántico) y además una excelente excusa para justificar toda la posterior reducción del libro a una historia de amor desmedido, con cruces de océanos de tiempo, etc… Pero para quien no haya leído el libro, estaría bien recordar que la decisión del conde Drácula de viajar a Inglaterra no se explica en la novela, y desde luego nada tiene que ver con la búsqueda de un amor perdido y reencarnado ahora… Claro que Hart es un astuto guionista, autor de cosas tan interesantes como Hook (El capitán Garfio, Steven Spielberg 1991) o Lara Croft Tomb Raider: The Cradle of Life (Lara Croft Tomb Raider 2: La cuna de la vida, Jan de Bont 2003), y de hecho, yo creo que ese prólogo es lo mejor de la función… aunque luego las imágenes sean más de Kurosawa que de Coppola. 
En realidad nada de todo esto tendría importancia si no se utilizara como ejemplo de las supuestas bondades de la película, olvidando sus muchos defectos, su barato efectismo y su descarado enfoque mercantilista, empezando por un reparto tan flojo como comercial al que se añadió la guinda de qualité de Anthony Hopkins, aunque luego este haya llevado su interpretación del doctor Van Helsing hasta la parodia, seguramente para estar a la altura del histrionismo y los excesos de Gary Oldman del que como ejemplo elogioso se dice que tardaban cinco horas en maquillarle. (Sin comentarios). De los demás, Keanu Reeves sigue siendo uno de los actores más inexpresivos de su generación, y Winona Ryder, aparte de su palmito, poco más es capaz de aportar… La decisión de rodar toda la película en estudio, otro de los supuestos méritos del filme, estuvo motivada por la necesidad de economizar en gastos de producción, aunque siempre es posible echar mano del homenaje a los viejos tiempos para justificar lo que sea necesario (recuerden: Coppola se encontraba en muy mala situación económica tras los fracasos comerciales de sus últimas películas y en Columbia Pictures se negaron a invertir los 60 millones de dólares que Coppola estimaba necesarios). Los efectos especiales, también muy elogiados, son bastante simplones y ya muy caducos, reconozcámoslo. Sí estoy de acuerdo con lo que algún crítico, queriendo hacer un elogio ha dicho: esa enfermiza atmósfera (que por otra parte en más de una ocasión roza la estética del videoclip) es absolutamente imposible. Absolutamente cierto... Otra de las secuencias más alabadas es la de las vampiresas, a propósito de lo cual se dice que Coppola pretendía que aparecieran completamente desnudas, a lo que en la Columbia, claro, se negaron, con el resultado de que el apaño ha terminado siendo lo más parecido a una sesión de barato cine porno, más sonrojante que excitante. No hablemos de estructura narrativa, de exploración del lenguaje cinematográfico o de indagación en la psicología de los personajes: nada de eso importa en esta película, claramente ideada como vehículo de recaudación… donde lo único que parece importar son las formas, cuanto más aparatosas mejor venga o no a cuento, eso que se ha dado en calificar como estilo operático y que imagino que se refiere al parecido de la escenografía (¿o debería decir mise-en-scène?) con una ópera. Sí, claro que el ritmo de la película es trepidante, ni más faltara con un director como Coppola y un buen equipo en la sala de montaje…
Vale, por supuesto que nada de malo hay en hacer un filme comercial. Siempre, eso sí, que no se nos venda como oro lo que sólo es oropel.
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Ficha:
Título original: Bram Stoker' Dracula
Año de producción: 1992
Duración: 130 min.            
País:  USA
Director: Francis Ford Coppola
Guión: James V. Har
Música:  Wojciech Kilar
Fotografía: Michael Ballhaus
Reparto: Gary Oldman, Anthony Hopkins, 
                 Winona Ryder, Keanu Reeves, 
                 Cary Elwes, Monica Bellucci, 
                 Sadie Frost, Tom Waits, 
                 Bill Campbell, Richard E. Grant
Género:  Terror, fantástico

5 de febrero de 2012

Albert Nobbs

Rodrigo García
Rodrigo García debutó en el cine en 2000 con la muy interesante  Things You Can Tell Just by Looking at Her (Cosas que diría con sólo mirarla) en la que se reveló como un buen director de actores (de actrices), obteniendo un considerable éxito de crítica y público. Sus dos películas siguientes (10 pequeñas historias de amor, de2001 y Nueve vidas, de 2005) incidían en el mismo estilo y género de la primera (historias corales protagonizadas por mujeres) y pasaron algo más desapercibidas. Ahora, tras las casi desconocidas  Passengers (2008), Mother and Child (2010) y Revolución (2010) nos llega este Albert Nobbs avalado por el protagonismo de la gran actriz Glenn Close en un papel que ya había interpretado en teatro. Dejando aparte la parafernalia publicitaria que rodea toda promoción, esta película tenía todos los ingredientes para convertirse en una obra más que estimable: un director con una particular sensibilidad para las historias situadas, por una u otra razón, en los márgenes de la vida. Un personaje (no, dos personajes) especialmente atractivos en su desubicada ambigüedad. Y dos actrices de primera categoría. Y sin embargo… Sin embargo hay algo de falso en esta película, algo que no acaba de cuajar para hacer creíble el personaje que interpreta Glenn Close. Y eso es fatal para la credibilidad de la película entera, porque Albert Nobbs es Glenn Close y no sólo en lo que se refiere el personaje, sino a la historia toda. Se diría que el problema nace de un guión defectuoso, harto previsible por momentos y con una historia que se bifurca en demasiadas sub-historias sin que acabemos por saber con claridad cuál es la principal, y donde hay demasiados personajes y situaciones episódicos que embarullan la trama sin aportar nada. Parece como si cada uno de los guionistas (el guión lo firman Glenn Close, John Banville y Gabriella Prekop) hubiera escrito su parte y el director, después, hubiera intentado unir las tres historias, bien es verdad que sin conseguirlo. 
Y así, la película que aparentemente, y ya desde el título, propone una historia con un fascínate personaje (y su peripecia) sobre el que debería girar todo el tinglado, tiene un cierto aire coral donde no termina por definirse ni el estilo ni el ritmo narrativo ni la importancia de cada personaje, con lo que la sensación que produce es de desaliño, desaprovechando en realidad las tres anécdotas que se entrecruzan sin conseguir una mezcla satisfactoria y en la que sus  autores parecen fascinados por las películas inglesas de época, dando excesiva importancia a la recreación ambiental, consiguiendo sólo una especie de mala imitación de esas películas. La presumible eficacia de la situación queda devaluada por una realización plana y confusa en la que le acción parece girar sobre sí misma sin avanzar en su desarrollo y a la que le falta vuelo y fuerza, demasiado mojigata, incapaz de extraer el jugo al potencial dramático que supone la ambigüedad no ya de un personaje travestido sino de dos. Glenn Close compone un Albert Nobbs  para el que, según ella misma dice, se inspiró en Charles Chaplin para interpretarle y al que  en ocasiones, pero sólo en ocasiones, consigue arrancar algún destello de vida. Demasiado furtivo, en exceso discreto este hombre, no acaba de desprenderse de la actriz que le encarna y el espectador no puede evitar seguir viendo a Glenn Close, fiel a sí misma aunque se vista de levita y se calce un bombín en la cabeza. Mucho más convincente resulta Janet McTeer en su composición del personaje que hubiera podido ser el contrapunto de Glenn Close pero que finalmente se queda en sólo otra de las figuras anecdóticas y un tanto innecesarias de esta frustrante película. 
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Ficha:
Título original: Albert Nobbs
Año de producción: 2011
Duración: 108 min.            
País:  Reino Unido
Director: Rodrigo García
Guión: John Banville, Gabriella Prekop y Glenn Close
Música:  Brian Byrne
Fotografía: Michael McDonough
Reparto: Glenn Close, Mia Wasikowska, 
                 Aaron Johnson, 
                 Jonathan Rhys Meyers, 
                 Brendan Gleeson,  
                 Maria Doyle Kennedy, Janet McTeer, 
                 Brenda Fricker, Pauline Collins, 
                 Bronagh Gallagher
Género:  Drama

2 de febrero de 2012

Ensalada tibia de habas y alcachofas con setas.

Comienza la temporada de de las habas (que va de febrero a mayo) y continuamos en plena época de alcachofas, así que vamos a aprovechar ambas verduras para preparar una sabrosa, nutritiva y muy sana ensalada a la que añadiremos unas setas salteadas. (Actualmente es posible conseguir setas deshidratadas, en conserva e incluso congeladas de muy buena calidad.) Recordemos que las habas son una de las legumbres que, tiernas, resultan más agradables al paladar y son, además menos calóricas que las secas ya  que tienen menos hidratos de carbono complejos (almidón). Aportan vitaminas (B3 y C) y minerales como potasio y magnesio. En algunas recetas se recomienda quitar los hollejos (pieles) de las habas. Es potestativo. Hay que tener en cuenta que por un lado la piel aporta fibra lo que evita el estreñimiento, pero también favorece la flatulencia al ser fermentada por la flora intestinal. Quitarla es también un trabajo tedioso, pero la presentación gana en estética…
Ingredientes para cuatro personas.                          
800 gr de habas tiernas
Cuatro alcachofas
400 gr de setas variadas
Dos cebolletas
Dos filetes de anchoa
Una cucharadita de alcaparras
Una cucharada de cebollino picado
1 dl de aceite de oliva aromatizado con romero       

Una cucharada de vinagre de manzana
Dos dientes de ajo
Una cucharadita de semillas de hinojo
Sal
Pimienta


Desgranamos las habas y las hacemos al vapor en una olla con agua donde habremos puesto sal y las semillas de hinojo. Diez o doce minutos serán suficientes, pero compruebe que están tiernas. Sacamos y reservamos.  (Si va a quitar las pieles, espere que estén tibias.) Limpiamos las alcachofas de las hojas exteriores dejando sólo el corazón que cortaremos en lonchas y pondremos a hervir, también al vapor, en el mismo agua que hemos utilizado para las habas. Calcule quince o veinte minutos comprobando que están hechas. Reservamos al calor. Preparamos una vinagreta aplastando en un mortero los filetes de anchoa y las alcaparras, y mezclando muy bien con el aceite y el vinagre. Salpimentamos al gusto y reservamos. 
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En una sartén, con un chorro del mismo tipo de aceite aromatizado con romero que hemos empleado para la vinagreta, salteamos durante unos cinco minutos las setas y los ajos cortados en láminas. (Recuerde: si utiliza setas deshidratadas, debe ponerlas  en remojo en agua tibia un par de horas antes y escurrirlas luego bien; si las utiliza en conserva, lávelas al chorro del grifo y deje que escurran bien; si son congeladas puede ponerlas directamente en la sartén sin descongelar.) Servimos aderezado con la vinagreta a la que habremos añadido un par de cucharadas del agua caliente de la cocción de las verduras, mezclando bien para emulsionar. Adornar con la cucharada de cebollino picado, unas alcaparras y las cebolletas cortadas en rodajas finas y una pizca de sal.