23 de noviembre de 2012

Tosta de huevo, salmón ahumado y trufa


Una tosta, como casi todo el mundo sabe, no es sino una rebanada de pan tostado sobre la que se colocan  diversos ingredientes, al gusto del consumidor. Versión  tamaño grande del popular canapé, también se la conoce en algunos lugares como montadito, y admite tantas variaciones como seamos capaces de imaginar, con la única condición de que los ingredientes utilizados resulten lo suficientemente armónicos y gratos al paladar. Apta para un tentempié, una merienda o un aperitivo, si cuidamos un poco su presentación resulta siempre una opción acertada. He aquí mi propuesta.
(Por cierto, cuando en los ingredientes hablo de un huevo lo más fresco posible no quiero decir que esté recién sacado de la nevera. Por el contrario, conviene sacarlos al menos un par de horas antes para que cuando los utilicemos estén a la temperatura ambiente.)
               
 
Ingredientes por tosta     
Un huevo (lo más fresco posible)    
Una rebanada de pan de molde
Una loncha de salmón ahumado
Una trufa
Sal
Pimienta
Aceite de oliva



 
 
Comenzamos troceando la trufa. Después, en un cazo o en una sartén pequeña ponemos aceite de oliva de buena calidad, añadimos la trufa y la ponemos al fuego al mínimo. En cuanto el aceite comience a hervir la retiramos y dejamos que temple. Reservamos sin sacar del aceite.



Con ayuda de un molde de cocina recortamos el pan, lo tostamos con cuidado de no quemarlo y reservamos al calor.


Rompemos el huevo en una taza y le salpimentamos al gusto. Ponemos agua con un chorro de vinagre y un poco de sal en una sartén, y cuando comience a hervir le escalfamos durante cuatro minutos con ayuda del mismo molde con el que hemos recortado el pan. Cuando esté, retiramos el molde (utilice un guante para no quemarse) y sacamos cuidadosamente el  huevo con una espumadera para que escurra el agua.
 

Emplatamos poniendo sobre el pan la loncha de salmón y sobre este el huevo...
...y terminamos adornando con la trufa, una cucharada del aceite de freírla y un par de ramitas de cebollino.

21 de noviembre de 2012

La parte de los ángeles

Ken Loach
Se supone que en esta película Ken Loach sigue con su peculiar indagación en los nocivos efectos del capitalismo en la clase obrera, aunque como ya hiciera con Buscando a Eric (Looking for Eric, 2009) eche mano en ella del humor (un  humor un tanto simple y de brocha gorda, todo hay que decirlo) para mostrar con un tono amable una especie de cuento de hadas a la escocesa con final esperanzador y feliz. Mezcla de comedia, thriller descafeinado, aventura de robo sofisticado y leve drama social (para justificar el toque Loach, supongo) la cosa funciona a ratos, resulta poco creíble otros y aburre un poco de vez en cuando. Es probable que la mezcla de géneros y la excesiva condescendencia que muestran Loach y su habitual guionista con los personajes perjudique al resultado final, pero también hay algo que no acaba de cuajar bien en esta salsa. La narración avanza con suavidad, con demasiada suavidad para el asunto que trata, diría yo, demasiado en clave de comedia, lo que resta poder de convicción a la fábula. No hay grandes arritmias en la sucesión de pequeñas anécdotas que van formando la historia, pero es más como una sucesión de mini relatos que no acaban de ligar bien, que no forman un todo coherente. Confiar todo el peso del humor, clave de la historia, a un personaje tan tontorrón como el que interpreta (convincentemente, hay que reconocerlo) Gary Maitland resulta casi sonrojante en un director y en un guionista tan, se supone, experimentados. Lástima que sea precisamente lo más flojo de la película, lo que de alguna manera le resta credibilidad porque es en ese torpe y patoso personaje en el que se apoya la parte más amable del film. Como es lógico, lo mejor es el aspecto menos dulce de este pastelillo: los pocos momentos en que los personajes dejan de jugar a ser buenos y muestran el lado duro, y real, de la situación social que Loach suaviza un tanto vergonzantemente. 

Ahí sí, en esos momentos nos encontramos con el verdadero cine de denuncia social, esas secuencias de los barrios de Glasgow (que igual podrían ser  de Milán o de Bilbao) donde la gente malvive, retratados con un cierto pudor pero sin edulcorantes. Se echa de menos un poco más de carga humana en unos personajes demasiado tópicos, coleguillas más que esquemáticos y previsibles. Se alargan en demasía las secuencias de la subasta, lo más flojo y prescindible de la película y le falta garra y suspense al robo. En fin, aunque la película se ve con cierto agrado, uno se pregunta qué hace Loach metido en estos berenjenales,  en esta...  amable y simplona historia. Como era de esperar, la dirección de actores es impecable, nadie se desmanda y todos responden obedientemente. Resultado: actuaciones correctas pero planas, faltas, diría yo de chispa, como si nadie se tomara demasiado en serio lo que hacen. No es una mala película, no, es algo peor: es una película mediocre, otra muestra del cansancio creativo que Loach viene mostrando últimamente. Lástima. Lo único interesante es el dilema ético (no sé si involuntario) que la historia plantea: ¿puede un delito servir para regenerar al delincuente? Según Loach, parece que sí.

Ficha:
Título original: The Angels' Share
Año de producción: 2012
Duración: 106 min.
País: Inglaterra
Dirección:
Ken Loach
Guión: Paul Laverty
Música:
George Fenton 
Fotografía: Robbie Ryan 
Reparto: Roger Allam, John Henshaw, 
                William Ruane, Daniel Portman, 
                Paul Donnelly, Lorne MacFadyen, 
                John Joe Hay, Siobhan Reilly, 
                Barrie Hunter, David Goodall, 
                Gary Maitland, Jim Sweeney,
                Lynsey-Anne Moffat, Finlay Harris, 
                Nick Farr, Scott Kyle 
Género: Comedia

19 de noviembre de 2012

Conejo caramelizado

“La caramelización es la oxidación del azúcar, un proceso empleado ampliamente en la cocina debido al agradable sabor y color marrón obtenidos.”  Tomado textualmente (vamos, copy & paste) de nuestra santa madre Wikipedia: ver. En realidad, y en la cocina, se trata, dicho a la pata la llana, de conseguir que los azúcares contenidos en los alimentos (verduras, fundamentalmente)  se transformen (o se oxiden, como dice la wiki) por efecto del calor de la cocción y a través de un misterioso (parta mí) proceso llamado reacción de Maillard, dando ese rico sabor, olor y color característicos. Es lo que ocurre cuando hacemos cebolla confitada, por ejemplo. Vamos, que no hay que ponerse a echar azúcar como si fuéramos a hacer almendras garrapiñadas. Y es que en prácticamente todas las recetas que he visto por ahí cuando de caramelizar se trata siempre se echa mano del azúcar, incluso para la cebolla, recurso que seguro que por lo menos endulza con rapidez.  Cierto que conseguir caramelizar un solomillo puede ser más lento y presentar más dificultad si no se le añade algún ingrediente rico en azúcares, pero… ¿azúcar directamente? En alguna receta he visto que añaden refresco de cola…  lo que sin duda consigue convertir rápidamente en un pegote dulzón cualquier cosa. Lo ideal, sin embargo, para conseguir una buena caramelización es el fuego lento, la cocción larga. Así que puestos a añadir ingredientes ricos en azúcares, ¿por qué no recurrir al vino? Parece incluso lógico, ¿no?  Conque puestos a experimentar, me decidí a preparar una carne ligera y tierna como la del conejo, sazonada simplemente con romero y acompañada de cebolla y champiñones. Y un suave vino de Riberio blanco. El resultado, puedo asegurarlo, es de vicio. 
Vamos a ello. (He incluido una botella de vino en los ingredientes. Sobrará, claro, así que aproveche para acompañar el plato. Aunque no sea muy ortodoxo un vino blanco con el conejo, pero ¿desde cuando la ortodoxia ha sido creativa?)

Ingredientes para cuatro personas.
Un conejo troceado
Una cebolla grande
250 gr de champiñones
Una botella de ribeiro blanco
Una cucharada de romero molido
Dos diente de ajo
Un chorrito de brandi
Sal
Pimienta
Aceite de oliva

  • Salpimentamos el conejo. 
  • En una cazuela ponemos el aceite y los ajos ligeramente aplastados y los freímos sin dejar que se quemen. Los sacamos y reservamos.
  • Ahora  vamos dorando bien los trozos de conejo, procurando que se hagan por todos los lados. Los sacamos, escurrimos y reservamos.
  • Cortamos la cebolla en aros y luego en tiras y la pochamos en el aceite de dorar la carne con una pizca de sal, a fuego suave hasta que se vaya poniendo transparente.
  • Mientras, machacamos en el mortero los ajos, añadimos el romero y un chorro generoso de brandi y mezclamos bien.
  • Cuando ya esté la cebolla la sacamos, la escurrimos cuidadosamente y quitamos todo el aceite de la cazuela.  
  • Agregamos el conejo, lo regamos con el majado, subimos un poco el fuego  y dejamos que evapore el alcohol removiendo bien.
  • Ahora añadimos el vino sin que llegue a cubrir la carne y dejamos que se vaya haciendo, añadiendo vino según se vaya consumiendo y dando vuelta de tanto en tanto a los trozos de conejo para que se hagan bien por todos los  lados. (El proceso debe hacerse a fuego lento y la duración dependerá de la carne y de la potencia de fuego, pero no menos de 45 minutos o incluso una hora.)
  • Mientras, lavamos y laminamos los champiñones, que añadiremos cuando veamos que ya casi está el conejo, esperamos otros diez o quince minutos, probamos y corregimos de sal si fuera necesario, apagamos el fuego y dejamos reposar un ratito antes de servir.

 

16 de noviembre de 2012

Lomos de merluza al horno con setas


Vamos con otra receta donde las setas, ese regalo del otoño, están  presentes, esta vez en forma de acompañamiento o guarnición contribuyendo con su aroma a enriquecer unos lomos de merluza al horno. La merluza, ya se sabe, pertenece a la categoría de los pescados blancos, por lo que es muy poco  graso y tiene un valor nutricional muy alto. Es rico en proteínas y en hidratos, así que es muy adecuado para los más pequeños. La merluza tiene un muy bajo nivel calórico, y aunque no tiene muchas vitaminas sí aporta algunas del grupo B, que se suman a la riqueza en vitaminas de este grupo de las setas.

Ingredientes para cuatro personas.
800 gr de lomos de merluza
300 gr de setas variadas
Cuatro chalotas
Un vaso de vino blanco
Una cucharadita de semillas de cilantro
Dos o tres ramitas de cilantro fresco
Una cucharadita de mantequilla
Sal
Pimienta

Pelamos y cortamos en juliana las chalotas y las hacemos al vapor hasta que estén tiernas. Reservamos. Lavamos muy bien los lomos de merluza y los salpimentamos. Limpiamos y trocemos las setas (recuerde que merman mucho al cocinarlas, no haga los trozos muy pequeños) y las ponemos en una fuente de horno junto con el pescado. Regamos con el vino y añadimos las ramitas de cilantro. Horneamos con el horno precalentado a 180º durante quince o veinte minutos. Ponemos en la batidora las chalotas, una cucharada de las setas, las semillas de cilantro machacadas y algo del caldo de asar el pescado y trituramos bien. Pasamos por el colador  (debe quedarnos espesita, así que reducimos  un poco si ha quedado muy clara) y reservamos al calor. Pintamos ahora el pescado con la mantequilla derretida y lo gratinamos unos minutos. Cuidado, porque si lo dejamos demasiado tiempo el pescado quedará muy reseco. Emplatamos y cubrimos con la salsa.

13 de noviembre de 2012

Verduras con aguacate y frutos secos

Hoy vamos a recrearnos con una delicada mezcla de verduras al vapor que alegraremos con una crema de aguacate y frutos secos. Conseguimos así no sólo un rico entrante sino un plato muy nutritivo  ya que el aguacate aporta ácidos grasos esenciales y proteínas de alta calidad, así como vitamina E de la que se cree que colabora en retrasar los procesos de envejecimiento; las nueces  aportan mucha fibra, hidratos de carbono, vitaminas y proteínas y se las recomienda  como prevención de enfermedades cardiovasculares y degenerativas y los pistachos ayudan a responder positivamente al estrés diario, contienen muchos minerales (fósforo, azufre, potasio, hierro…) vitaminas del grupo B, ácidos grasos insaturados y cero colesterol.  En cuanto a las verduras, no hace falta insistir en los beneficios de su consumo para la salud, así que vamos a preparar ya este rico plato.

Ingredientes para cuatro personas               
250 gr de judías verdes
Dos o tres zanahorias
Un pimiento rojo
Una cebolla
Dos aguacates maduros
Dos cucharadas de nueces picadas
Dos cucharadas de pistachos picados
Dos dientes de ajo
El zumo de medio limón
Aceite de oliva
Sal

Lavamos las verduras,  las cortamos en tiras y las ponemos a hervir al vapor en agua con sal durante unos veinte minutos. Mientras, picamos los frutos secos en el mortero y los reservamos. Pelamos los ajos y los picamos muy menuditos. Pelamos los aguacates y aplastamos la pulpa con un tenedor hasta conseguir un puré no demasiado fino. Salamos y regamos con el jugo de limón para evitar que se oxide y lo mezclamos muy bien con los frutos secos y el ajo. Ponemos una ración en cada plato y alrededor distribuimos las verduras aliñadas con un chorrito o de aceite de oliva y un poco de sal.