27 de noviembre de 2011

Patatas guisadas con langostinos y mejillones

Este es uno de esos inventos  con los que se trata de aprovechar los restos de otras preparaciones y en los que el resultado es tan  satisfactorio que vale la pena elevarlo a la categoría de receta. Es tan simple como guisar unas patatas a las que se añade algunas verduras más y unos langostinos y mejillones. Es aconsejable que los langostinos sean frescos y que el vino utilizado sea de buena calidad.

Ingredientes para cuatro personas:
Cuatro patatas medianas
Una cebolla
Dos  puerros
Una zanahoria
Una rama de apio
Dos dientes de ajo
500 cl de vino blanco
500 cl de caldo de pescado
Una docena de langostinos frescos
Un kg de mejillones
Sal
Media cucharadita de pimentón
Pimienta
Aceite de oliva
Tres o cuatro hojas de laurel.
Unas ramitas de perejil

En una cazuela con un chorro de vino y un poco de agua, más un par de hojas de laurel, ponemos los mejillones limpios y los dejamos que se abran.  Retiramos del fuego y reservamos. Pelamos los langostinos  y reservamos la carne. Ponemos las cabezas y las carcasas a hervir con un vaso de agua y un par de hojas de laurel durante tres o cuatro minutos. Colamos  y le añadimos el agua de los mejillones  hasta completar, aproximadamente,  medio litro de caldo. Pelamos y cortamos todas las verduras en trozos gruesos.  Pelamos y cachamos las patatas también en grueso. En la olla donde las vayamos a hacer ponemos un  chorro de aceite y a fuego suave doramos ligeramente los ajos  picados, añadimos las verduras y las patatas y lo sofreímos todo durante unos siete u ocho minutos, removiendo de vez en cuando con cuidado para no aplastar las verduras. 

Agregamos el pimentón, salpimentamos y rehogamos un par de minutos más. Regamos con el vino, completando con caldo si fuera necesario hasta cubrir las verduras, tapamos y dejamos que vaya cociendo a fuego suave, añadiendo más caldo según se vaya consumiendo pero sólo lo justo para cubrir el guiso, removiendo la olla para que las patatas suelten el almidón y vaya espesando. Cuando ya estén blandas las patatas agregamos los langostinos y la carne de los mejillones, dejamos cocer tres o cuatro minutos más, apagamos el fuego y dejamos reposar un ratito antes de servir espolvoreadas con el perejil picado.

25 de noviembre de 2011

Another year

Mike Liegh
En Another year sigue Mike Leigh su personal indagación entre los desheredados de la tierra, los que habitan esa franja de la vida en la que caben todos los fracasos, todas las frustraciones, todas las soledades. No es un director optimista, Mike Leigh, y quizá no haya muchas razones para serlo, pero este hombre tiene una especial debilidad por mostrar el lado sórdido de la existencia para poner al descubierto las miserias de unas relaciones humanas, donde bajo el tenue barniz de la compasión, sólo ve indiferencia e hipocresía. Ya con Grandes ambiciones (High Hopes, 1988) que le valió el premio de la FIPRESCI en Venecia, mostró Leigh  el que sería su estilo y sus intenciones: una mirada casi de entomólogo para mostrar las miserias de la humana condición con una crudeza que puede llegar a la truculencia, como en Indefenso, (Naked, 1993 por el que recibió el premio al mejor director en el festival de Cannes) que comienza con la violación de una puta. Cierto que con Secretos y mentiras (Secrets & Lies , 1996) su paleta pareció perder algo de la negrura de la que hacía gala en Naked, aunque sólo fuera en el aspecto formal. Sus historias, todas con el trasfondo de la clase trabajadora británica, han hecho que se le clasifique entre los directores que hacen cine de denuncia social, como Stephen Frears y Ken Loach, herederos todos ellos de aquel  Free Cinema del que no es difícil encontrar huellas en sus obras. Y claro que algo hay de eso, pero  no sólo y no principalmente, aunque lo parezca en una primera aproximación. Porque Mike Leigh indaga sobre todo en las consecuencias que para la persona tiene esa situación social. Sus personajes muestran siempre las huellas de un desánimo íntimo que está por encima de su situación social y que trasciende su precariedad social o laboral y se convierte en su circunstancia, dicho sea en el sentido orteguiano. Eso es evidente en Secretos y mentiras sobre todo en el personaje que interpreta Brenda Blethyn antecedente y copia casi perfecta de la Mary (Lesley Manville) de este Another Year donde la tesis de Mike Leigh parece ser: estamos solos, hasta los amigos más próximos tienen al final  sus propias prioridades en las que casi nunca entramos nosotros.

Son los protagonistas de esta historia un matrimonio maduro y acomodado (esa clase media-media tan querida de este grupo de directores) que sirven de excusa para presentar una galería de personajes al límite y a los que Leigh observa con frialdad quirúrgica. No hay grandes alardes cinematográficos en su estilo: primeros planos que nos muestran esos rostros devastados, frecuente uso de la cámara en mano, una fotografía en tonos desvaídos… También aquí aparece su querencia por los héroes normales que le lleva a elegir actores no especialmente agraciados, una constante en su filmografía, o su afición a esa especie de estética del feísmo que convierte en claustrofóbico casi cualquier ambiente. Extraordinaria como suele la dirección de actores, soberbia Ruth Sheen como la compasiva pero en el fondo fría Gerri… Alguna pega hay que poner, claro, su excesiva longitud, por ejemplo, alguna reiteración innecesaria, la música de Gary Yershon, no mala pero quizá excesivamente lírica para la historia de desolación en la que nos sumerge el director… 
No, no es optimista Mike Leigh. No es tampoco compasivo, como algún crítico ha dicho. Es satírico, cruel a veces, lúcido siempre, de una honestidad sin grietas. Pero no es piadoso con sus criaturas: el final de este excelente Another  year es tan sombrío y desesperanzado que uno sale del cine con la certeza de que, como en la mirada vacía de Mary- Lesley Manville, hay poca esperanza para ninguno de nosotros. 


Ficha:
Título original: Another Year
Año de producción: 2010
Duración: 129 min.            
País: Inglaterra
Director: Mike Leigh
Guión: Mike Leigh
Música: Gary Yershon
Fotografía: Dick Pope
Reparto: Jim Broadbent, Lesley Manville, 
                 Ruth Sheen, Peter Wight,  
                 Oliver Maltman, Imelda Staunton,  
                 David Bradley, Karina Fernandez,  
                 Martin Savage, Michele Austin,  
                 Philip Davis, Stuart McQuarrie
Género: Drama

23 de noviembre de 2011

Secreto ibérico al ribeiro con setas.

 
El secreto ibérico es la parte del despiece correspondiente a  lo que sería la axila del cerdo,  una carne que acumula grasa infiltrada en la masa muscular  creando un veteado blanco que le proporciona una textura y un sabor extraordinarios, lo que convierte  a esta carne en un auténtico manjar.  Es tan buena que prácticamente sólo es necesario hacerlo a la plancha para disfrutarlo. Hoy sin embargo vamos a añadirle unas setas y un chorrito de ribeiro, en una preparación tan sencilla como suculenta.


Ingredientes para cuatro personas:
Cuatro filetes de secreto ibérico
300 gr. de gírgolas (setas de chopo)
300 gr. de setas variadas
Una cucharadita de romero seco
100 cl. de vino de ribeiro
Pimienta
Sal
Perejil
Aceite de oliva

Troceamos las setas, las salteamos ligeramente con un poco de aceite de oliva y las reservamos. 


Salpimentamos los filetes y los hacemos como a la plancha, pero en una sartén con un chorrito de aceite de oliva. Molemos cuidadosamente en el mortero el romero y cuando la carne ya esté hecha al gusto de cada uno, se lo añadimos junto con el vino y las setas, dejando que reduzca. Apagamos el fuego y dejamos reposar mientras hacemos las gírgolas  a la plancha. Servimos la carne acompañada de las setas  espolvoreadas con una pizca de perejil.

21 de noviembre de 2011

Un dios salvaje

Roman Polanski
Tengo la desazonadora impresión de que una, vez más, nos están vendiendo un modesto plato combinado como si fuera una refinada delicatesen para gourmets. Cierto que los ingredientes parecen de primera calidad: una (exótica) autora teatral de éxito, cuatro actores de (supuesta) primera fila, un prestigioso director… un tema con cierto morbo… Lástima que la salsa que debía unirlos no acaba de estar bien ligada y el resultado final es más decepcionante que satisfactorio. Críticos ha habido que han comparado esta modesta carnicería con la auténtica escabechina ejecutada por Mike Nichols en ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Who's Afraid of Virginia Woolf?, 1966) y es cierto que la obra de Yasmina Reza recuerda en exceso a la de Edward Albee, (cuatro personajes encerrados con ellos mismos como único juguete con el alcohol como detonante/desinhibidor con vomitona de uno de los personajes femeninos incluida) pero lo que en Albee (y en Nichols) es densidad dramática y dolorido cinismo, en Reza (y en Polanski) no pasa de ser un frívolo enredo, eso que ahora se llama una comedia-de-situación, amable subgénero televisivo que se aviene mal con las pretendidas solemnidades catárticas  con las que el marketing  ha envuelto este liviano entremés. Los restallantes latigazos verbales de Albee se quedan en Reza en tontorrona subversión del lenguaje políticamente correcto. Pero es que, claro, Reza no sólo no es Albee sino que ¿Quién teme a Virginia Woolf? está escrita en 1962, cuando aún no se había impuesto la moda de lo light. Sorprende más que Polanski, que ya había llevado teatro al cine en 1994 con La muerte y la doncella sobre la obra de Ariel Dorfman, parezca haber caído en la trampa de no saber si limitarse a filmar teatro o intentar algo en un lenguaje más cercano al cine y acabe incurriendo en un manierismo facilón que no es una cosa ni otra, (su composición de los planos parece siempre caprichosa y un poco como si no supiera donde colocar la cámara y acabara optando por dejarla en cualquier sitio) quizá tratando a pesar de todo de dar algún viso cinematográfico a un guión excesivamente lastrado por su origen teatral donde el efecto por acumulación puede funcionar, como esa continua interrupción a cargo del teléfono, chiste que quizá funcione en una comedieta de Eddie Murphy pero que aquí acaba por resultar irritante, o el continuo jueguecito de me voy-no me voy en el que alguna vaca sagrada de la crítica ha querido ver una analogía con El ángel exterminador quizá sin darse cuenta de que mientras Buñuel con eso provoca desasosiego, Polanski-Reza sólo consiguen que el espectador acabe por desear que la dichosa pareja se vaya de una vez. Nos quedan los actores de (supuesta) primera fila… Bueno, pues John C. Reilly borda su papel de tópico americano conservador, buenazo-porque-el cerebro-no-le-da-para-más y Christoph Waltz hace lo propio con su abogado marrullero, dos personajes tan triviales como agradecidos. Peor suerte tienen las chicas, a las que en un arranque de (supongo) solidaridad de sexo la autora a dotado de un carácter más… cómo diría… más intelectual. Cierto que Jodie Foster nunca ha sido una gran actriz, pero aquí sobreactúa sin parar dándonos un verdadero recital de muecas y tics puramente epidérmicos, mientras que Kate Winslet, hace lo que puede, que tampoco es mucho, con el personaje más flojo del flojo cuarteto. En cuanto al final, la cosa acaba tan abruptamente que lo mismo podría haberse producido media hora antes como tres horas después. La película tiene, no obstante, una cosa buena: sólo dura 79 minutos.



Ficha:
Título original: Carnage
Año de producción: 2011
Duración: 79 min.            
País: Francia - Alemania
Director: Roman Polanski
Guión: Roman Polanski, Yasmina Reza
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Pawel Edelman
Género: Comedia, Drama

19 de noviembre de 2011

Ratatouille

En su libro Cine o sardina cuenta Guillermo Cabrera Infante que siendo niños su madre les preguntaba a él y a su hermano si preferían “ir al cine o a comer con una frase festiva: ¿Cine o sardina?” Y aclara: “Nunca escogimos la sardina”. Pues bien, hoy nosotros nos libramos de semejante dilema porque vamos a hacer doblete: veremos una película (muy mala, eso sí) y comeremos una ratatouille. Y es que mencionar hoy día este pisto francés sin tropezar con el cine es imposible. Por lo tanto, y aunque iba a dejar aparte el invento made in Pixar, porque eso no es una película, es un mareo cargado de la barata moralina tan apreciada por el buenismo oficial estadounidense, y dado que se trata de uno de los filmes de animación más elogiados de todos los tiempos, (confieso mi perplejidad ante el aluvión de alabanzas recibidas por Ratatouille) y puesto que su argumento entra de lleno en el tema de esta bitácora… vale, hablaremos un poco de ella antes de pasar a la cocina.
 Seré breve: baste decir que Rataouille adolece de un guión lleno de todos los tópicos del género comedia-infantil-de-animación-con-animalitos. Que usa y abusa del truco típico para no decir nada pareciendo que se dice mucho: decirlo muy deprisa con el fin de no dejar al espectador que piense para que no se dé cuenta de que le están dando gato (o rata) por liebre. Eso sí, en ese aspecto, Ratatouille es un acierto: tiene el enloquecido ritmo convencional de las películas de acción de serie Z, aunque por lo menos en este caso no es sinónimo de dinamismo sino más bien de precipitación y confusión. Los personajes cubren toda la gama de los caracteres disneyanos sin que falte ninguno, como ese malísimo crítico gastronómico que es la viva imagen de la madrastra de Blancanieves… hasta que acaba convertido por el poder de esa ratatouille que da título al invento, elaborada entre el joven, inútil y encantador Linguini, su enamorada Colette y la rata Rémy, síntesis perfecta del amor, la amistad y la solidaridad y hasta de la convivencia. Y es que Pixar puede ser muy moderna en las formas, pero su ideología huele a naftalina, por decirlo suavemente… Por cierto que la receta de la tal ratatouille es lo mejor de la película, así que debemos felicitar al chef Thomas Kelle, autor de la idea. En lo que hace al dibujo, hay que congratularse de que los programadores de la casa hayan conseguido el software necesario para hacer posible ese perfecto sincretismo entre lo más moderno y lo más rancio del cine de animación.
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Ficha:
Título original: Ratatouille
Año de producción: 2007
Duración: 110 min.            
País: USA
Director: Brad Bird 
Guión: Brad Bird
Música: Michael Giacchino
Fotografía: Animación
Reparto: Animación
Género: Animación




Cumplido el trámite, vayamos a lo que íbamos. Antes de ser una famosa película, la ratatouille ya era un plato típico de la Provenza francesa, más concretamente de la zona de Niza, (su nombre completo es ratatouille niçoise  y tiene su origen en el verbo touiller que significa ‘remover’, que es la operación que se realiza al elaborar este plato. Wikipedia dixit). Como casi todo el mundo sabe, consiste en una mezcla de varias hortalizas aderezadas con hierbas aromáticas y aceite de oliva que suelen preparase cocinándolas en sartén a fuego suave. Esta forma de hacer las hortalizas tiene su correspondencia en toda la región mediterránea, desde Turquía hasta España (o desde Cádiz a Estambul, como dice el clásico) con las lógicas variantes locales. Mi ratatouille parte de la receta básica ligeramente modificada: he añadido calabaza e hinojo, dos hortalizas que no están en la versión original, y he cambiado las hierbas provenzales por una picada de perejil, cilantro, yerbabuena y albahaca, pero he conservado el aroma de romero de la Provenza utilizando un aceite de oliva aromatizado con esta hierba.

Ingredientes para cuatro personas.


Un calabacín mediano
Una berenjena
Un pimiento verde
Un pimiento rojo
Dos tomates maduros pero no demasiado blandos
Una cebolla
200 gramos de calabaza limpia
1/2 bulbo de hinojo
Dos dientes de ajo
Albahaca
Yerbabuena
Perejil
Cilantro
Sal
Pimienta
Aceite de oliva aromatizado con romero

Comenzamos picando las hierbas, en proporción a su gusto, (pero no sea tacaño con ellas) y las reservamos. Lavamos, secamos y picamos todas las verduras en trozos no muy pequeños. Fileteamos los ajos y los freímos en la sartén con dos cucharadas de aceite a fuego muy suave. Cuando estén dorados vamos añadiendo las hortalizas cuidando de ponerlas según los tiempos de cocción, empezando por las que tardan más en hacerse (la cebolla, el hinojo, los pimientos…) para seguir con las que tardan menos (la calabaza, el tomate, la berenjena…) y acabar con el calabacín, regando cada vez con un poco de aceite pero cuidando que no quede muy aceitosa y removiendo con cuidado para que las verduras no queden aplastadas. Recuerde que las verduras deben quedar blandas y suaves, hágalas siempre a fuego lento. Cuando ya esté, salamos, añadimos la picada de hierbas y la pimienta y dejamos unos minutos más para que se mezclen bien todos los sabores.