5 de febrero de 2012

Albert Nobbs

Rodrigo García
Rodrigo García debutó en el cine en 2000 con la muy interesante  Things You Can Tell Just by Looking at Her (Cosas que diría con sólo mirarla) en la que se reveló como un buen director de actores (de actrices), obteniendo un considerable éxito de crítica y público. Sus dos películas siguientes (10 pequeñas historias de amor, de2001 y Nueve vidas, de 2005) incidían en el mismo estilo y género de la primera (historias corales protagonizadas por mujeres) y pasaron algo más desapercibidas. Ahora, tras las casi desconocidas  Passengers (2008), Mother and Child (2010) y Revolución (2010) nos llega este Albert Nobbs avalado por el protagonismo de la gran actriz Glenn Close en un papel que ya había interpretado en teatro. Dejando aparte la parafernalia publicitaria que rodea toda promoción, esta película tenía todos los ingredientes para convertirse en una obra más que estimable: un director con una particular sensibilidad para las historias situadas, por una u otra razón, en los márgenes de la vida. Un personaje (no, dos personajes) especialmente atractivos en su desubicada ambigüedad. Y dos actrices de primera categoría. Y sin embargo… Sin embargo hay algo de falso en esta película, algo que no acaba de cuajar para hacer creíble el personaje que interpreta Glenn Close. Y eso es fatal para la credibilidad de la película entera, porque Albert Nobbs es Glenn Close y no sólo en lo que se refiere el personaje, sino a la historia toda. Se diría que el problema nace de un guión defectuoso, harto previsible por momentos y con una historia que se bifurca en demasiadas sub-historias sin que acabemos por saber con claridad cuál es la principal, y donde hay demasiados personajes y situaciones episódicos que embarullan la trama sin aportar nada. Parece como si cada uno de los guionistas (el guión lo firman Glenn Close, John Banville y Gabriella Prekop) hubiera escrito su parte y el director, después, hubiera intentado unir las tres historias, bien es verdad que sin conseguirlo. 
Y así, la película que aparentemente, y ya desde el título, propone una historia con un fascínate personaje (y su peripecia) sobre el que debería girar todo el tinglado, tiene un cierto aire coral donde no termina por definirse ni el estilo ni el ritmo narrativo ni la importancia de cada personaje, con lo que la sensación que produce es de desaliño, desaprovechando en realidad las tres anécdotas que se entrecruzan sin conseguir una mezcla satisfactoria y en la que sus  autores parecen fascinados por las películas inglesas de época, dando excesiva importancia a la recreación ambiental, consiguiendo sólo una especie de mala imitación de esas películas. La presumible eficacia de la situación queda devaluada por una realización plana y confusa en la que le acción parece girar sobre sí misma sin avanzar en su desarrollo y a la que le falta vuelo y fuerza, demasiado mojigata, incapaz de extraer el jugo al potencial dramático que supone la ambigüedad no ya de un personaje travestido sino de dos. Glenn Close compone un Albert Nobbs  para el que, según ella misma dice, se inspiró en Charles Chaplin para interpretarle y al que  en ocasiones, pero sólo en ocasiones, consigue arrancar algún destello de vida. Demasiado furtivo, en exceso discreto este hombre, no acaba de desprenderse de la actriz que le encarna y el espectador no puede evitar seguir viendo a Glenn Close, fiel a sí misma aunque se vista de levita y se calce un bombín en la cabeza. Mucho más convincente resulta Janet McTeer en su composición del personaje que hubiera podido ser el contrapunto de Glenn Close pero que finalmente se queda en sólo otra de las figuras anecdóticas y un tanto innecesarias de esta frustrante película. 
.
Ficha:
Título original: Albert Nobbs
Año de producción: 2011
Duración: 108 min.            
País:  Reino Unido
Director: Rodrigo García
Guión: John Banville, Gabriella Prekop y Glenn Close
Música:  Brian Byrne
Fotografía: Michael McDonough
Reparto: Glenn Close, Mia Wasikowska, 
                 Aaron Johnson, 
                 Jonathan Rhys Meyers, 
                 Brendan Gleeson,  
                 Maria Doyle Kennedy, Janet McTeer, 
                 Brenda Fricker, Pauline Collins, 
                 Bronagh Gallagher
Género:  Drama

2 de febrero de 2012

Ensalada tibia de habas y alcachofas con setas.

Comienza la temporada de de las habas (que va de febrero a mayo) y continuamos en plena época de alcachofas, así que vamos a aprovechar ambas verduras para preparar una sabrosa, nutritiva y muy sana ensalada a la que añadiremos unas setas salteadas. (Actualmente es posible conseguir setas deshidratadas, en conserva e incluso congeladas de muy buena calidad.) Recordemos que las habas son una de las legumbres que, tiernas, resultan más agradables al paladar y son, además menos calóricas que las secas ya  que tienen menos hidratos de carbono complejos (almidón). Aportan vitaminas (B3 y C) y minerales como potasio y magnesio. En algunas recetas se recomienda quitar los hollejos (pieles) de las habas. Es potestativo. Hay que tener en cuenta que por un lado la piel aporta fibra lo que evita el estreñimiento, pero también favorece la flatulencia al ser fermentada por la flora intestinal. Quitarla es también un trabajo tedioso, pero la presentación gana en estética…
Ingredientes para cuatro personas.                          
800 gr de habas tiernas
Cuatro alcachofas
400 gr de setas variadas
Dos cebolletas
Dos filetes de anchoa
Una cucharadita de alcaparras
Una cucharada de cebollino picado
1 dl de aceite de oliva aromatizado con romero       

Una cucharada de vinagre de manzana
Dos dientes de ajo
Una cucharadita de semillas de hinojo
Sal
Pimienta


Desgranamos las habas y las hacemos al vapor en una olla con agua donde habremos puesto sal y las semillas de hinojo. Diez o doce minutos serán suficientes, pero compruebe que están tiernas. Sacamos y reservamos.  (Si va a quitar las pieles, espere que estén tibias.) Limpiamos las alcachofas de las hojas exteriores dejando sólo el corazón que cortaremos en lonchas y pondremos a hervir, también al vapor, en el mismo agua que hemos utilizado para las habas. Calcule quince o veinte minutos comprobando que están hechas. Reservamos al calor. Preparamos una vinagreta aplastando en un mortero los filetes de anchoa y las alcaparras, y mezclando muy bien con el aceite y el vinagre. Salpimentamos al gusto y reservamos. 
 .
En una sartén, con un chorro del mismo tipo de aceite aromatizado con romero que hemos empleado para la vinagreta, salteamos durante unos cinco minutos las setas y los ajos cortados en láminas. (Recuerde: si utiliza setas deshidratadas, debe ponerlas  en remojo en agua tibia un par de horas antes y escurrirlas luego bien; si las utiliza en conserva, lávelas al chorro del grifo y deje que escurran bien; si son congeladas puede ponerlas directamente en la sartén sin descongelar.) Servimos aderezado con la vinagreta a la que habremos añadido un par de cucharadas del agua caliente de la cocción de las verduras, mezclando bien para emulsionar. Adornar con la cucharada de cebollino picado, unas alcaparras y las cebolletas cortadas en rodajas finas y una pizca de sal.

29 de enero de 2012

Dublineses

John Huston
Es esta una película en la que casi no se habla de cocina, aunque la historia se desarrolla durante el transcurso de una cena, y resulta casi frívolo emparejarla con la comida; pero no es mala excusa esta para acercarse a ella. Fascinado por la literatura, (de  sus 38 películas sólo seis no parten de una obra literaria) Huston comenzó su carrera como director  con Dashiell Hammett y su Halcón maltés (The Maltese Falcon, 1941) para acabarla con James Joyce y Dublineses (The Dead, 1987). Y es  Dublineses también su testamento ético y artístico, una obra maestra difícil de superar, tan lúcida como compleja en su engañosa sencillez expositiva. Vaya por delante que enfrentarse a una película de Huston con una actitud que vaya sólo un poco más allá del típico espectador-receptor-devorador de imágenes, supone sumergirse en un mundo de matices y sutilezas de una riqueza tal que es necesario volver más y más veces a revisar cada instante de las obras de este genio absoluto del cine. La extraordinaria agudeza de su mirada disecciona a los personajes con frialdad de cirujano mostrando así sus contradicciones, sus miedos,  sus ambiciones o sus sueños sin dejar por ello de sentir al mismo tiempo un profundo respeto por esos seres casi siempre perdidos que pueblan sus películas. Dublineses está narrada en un tempo lento y reflexivo en el que destellan de tanto en tanto los chispazos producidos por el roce entre esos personajes a los que (aparentemente) no les ocurre casi nada; y sin embargo consigue Huston que nos mantengamos absortos con el entrelazado de sus relaciones, tan normales y cotidianas que rozan la intrascendencia pero bajo cuya supuesta normalidad el director bucea hasta encontrar el dolor, la frustración, el desamor para mostrárnoslos en carne viva y hacer que nos reconozcamos en cada uno de ellos. Fascina ver cómo con sólo unas miradas o un gesto suspendido marca la relación entre los dos personajes clave, ese espléndido relato del  conflicto sentimental, sólo insinuado, entre Gabriel/Donald McCann-Gretta/Anjelica Huston, sugiriendo tensiones que sólo estallarán en ese turbador final en el que Gabriel descubrirá el dolor, la amargura, la insensatez presente siempre detrás de toda relación. Todo el relato y su desarrollo está traspasado por un hálito de nostalgia por un tiempo ya pasado, sí, (Huston, es sabido, dirigió Dublineses enfermo y moriría poco después) pero sobre todo, me parece, por la amargura de constatar la imposibilidad de alcanzar una auténtica unión (física, espiritual…) entre los seres humanos, la profunda sinrazón de tanta lucha inútil. 
El lenguaje empleado es tan sencillo como deslumbrante: la cámara observa y comunica lo que ocurre, pero no es objetiva y fría, asume el papel de juez y nos transmite sus juicios que no siempre son benévolos porque Huston no perdona la hipocresía o la necedad. Véase el contraste entre el tratamiento casi afectuoso dado al borrachín Freddy/Donal Donnelly  y el desdén con que es tratado el fatuo tenor Bartell D'Arcy, magníficamente  interpretado por  Frank Patterson: a Huston no le gusta el personaje, ya queda dicho, y en el momento en que se pavonea intentando conquistar a la joven Molly Ivors/Maria McDermottroe sólo le oímos, sin verle, a pesar de que toda la película conduce, magistralmente, a ese momento mágico en el que la voz del vanidoso tenor,  al entonar la melancólica canción The Lass of Aughrim, abrirá para Gretta la puerta de los recuerdos que saltarán por fin en la habitación del hotel donde se cerrará la más triste película de Huston.  Y es ahí donde Huston vuelve a deslumbrar con el tratamiento puramente cinematográfico de una situación a la que sólo su genio salva de la sordidez, dando al mismo tiempo un ejemplo magistral del uso de la voz en off,  que  aquí recitará, textualmente, las palabras de Joyce sobre esas alucinadas imágenes de un mundo desolado cubierto por la nieve. O el melancólico flashforward en el que Gabriel (Joyce/Huston) resumirá la inutilidad de los esfuerzos humanos. Una película maravillosa, ineludible. Imprescindible.
.

Ficha:
Título original:
The Dead
Año de producción: 1987
Duración: 81 min.            
País:  Reino Unido
Director: John Huston
Guión: Tony Huston
Música:  Alex North
Fotografía: Fred Murphy
Reparto:Anjelica Huston, Donald McCann, 
                Helena Carroll, Cathleen Delany, 
                Ingrid Craigie, Rachel Dowling, 
                Dan O'Herlihy, Marie Kean, 
                Donal Donnelly, Colm Meaney
Género:  Drama

25 de enero de 2012

Crema de legumbres con jamón.

Si tenemos en cuenta su alto valor nutritivo, dado su contenido en proteínas, hidratos de carbono, minerales, fibra y vitaminas, las legumbres  pueden considerarse como un alimento muy recomendable  que  aporta  substanciales cantidades de hierro, cobre, carotenoides, vitamina B1, niacina, y  ácido fólico. Las legumbres tienen bajo contenido en grasas y parece que se ha demostrado que ayudan a bajar el nivel de colesterol en la sangre. Hoy prepararemos una crema combinando tres de las legumbres más populares. Con el añadido de una loncha de jamón, y si acabamos con una ensalada de frutas, tendremos resuelta una comida sana y sobre todo muy apetitosa. Las legumbres pueden comprarse secas o en conserva y ya hervidas, aunque esta receta está elaborada con legumbres secas, pues  comprarlas ya hervidas supone renunciar a una buena parte de los nutrientes hidrosolubles (minerales, sobre todo, y vitaminas como las del grupo B, además de buena parte del almidón que las confiere su nada despreciable efecto saciante)  y que se van en el agua de la cocción.

Ingredientes para cuatro personas.       

250 gr de garbanzos
250 gr de  judías pintas
250 gr de lentejas
250 gr de cebollitas francesas
Un par de huesos de jamón
Cuatro rebanadas de pan
Cuatro lonchas de jamón ibérico
Tres dientes de ajo
Un vaso de vino blanco
Aceite de oliva
Sal
Pimienta

Pondremos en remojo las legumbres la noche anterior. Cuando nos pongamos a prepararlas, las escurrimos enjuagando bien bajo el grifo, pues así eliminamos los azúcares indigestos desprendidos de la cáscara de las semillas durante el remojo. Una vez lavadas, pondremos a cocer juntos los garbanzos y las judías en la olla exprés (al acortar el tiempo de cocción se conservan mejor las propiedades nutritivas) junto con los huesos de jamón y el vino, añadiendo agua hasta cubrir las legumbres. Dependiendo de la olla, unos treinta minutos desde el momento en que aparezca la señal del Indicador de presión deberían ser suficientes. Pelamos y troceamos  las cebollitas y los ajos y los ponemos a pochar  en una cazuela con un chorro de aceite, agregando las lentejas cuando la cebolla empiece a estar blanda. Cuidado que no se quemen los ajos. Rehogamos  unos minutos y regamos con un chorro de vino blanco, cubrimos con agua y dejamos hacer a fuego suave unos treinta minutos o hasta que las lentejas estén blandas. Ahora, separamos los huesos de jamón, colamos y reservamos el caldo y trituramos muy bien todas las legumbres juntas, pasándolas luego por el chino o por un colador. Añadimos el caldo de la cocción hasta lograr la consistencia deseada, salpimentamos al gusto y lo llevamos unos minutos al fuego, removiendo pero sin dejar que hierva. Tostamos las rebanadas de pan, colocamos una loncha de jamón sobre cada una y servimos en un platito aparte acompañando a la crema.

23 de enero de 2012

Alitas de pollo con salsa de tomate y rabanitos.

Confieso mi especial predilección por las alas de pollo. Su carne es tan suculenta, tierna y jugosa que resulta apta para hacer multitud de recetas desde croquetas a deliciosas sopas. Pueden prepararse asadas, fritas, hervidas, acompañadas de cualquier salsa… En la entrada de las croquetas en este mismo blog ya daba la dirección donde se podía ver el despiece del pollo y la división de las alas. Hoy utilizaremos la parte del jamoncito para esta sencilla pero apetitosa  preparación. No se alarme por la cantidad de alitas necesarias. En primer lugar, ya queda dicho, vamos a utilizar sólo la parte llamada jamoncito. Además, son tan pequeños (y sobre todo tan ricos) que seguro que no sobrará. Y en cualquier caso pueden guardarse, el pollo frío está igual de bueno  y va muy bien como una original tapa para acompañar una copa o una cerveza.

Ingredientes para cuatro personas       

24 alitas de pollo
Una taza grande de salsa de tomate
250 gramos de rabanitos
Dos cucharadas de estragón picado
Un vaso de brandy
Dos hojas de laurel
Sal
Pimienta

Para comenzar recortamos las alitas quitándoles las puntas, que desecharemos,  y separando el muslito del resto que guardaremos para otras preparaciones, (se pueden congelar) como por ejemplo estas deliciosas croquetas. A  continuación las salpimentamos,  las ponemos en una fuente honda y las cubrimos con un marinado hecho con el brandy y el estragón. Si no dispone de estragón fresco puede usarse seco. En este caso muélalo un poco con el mortero.  Dejamos en adobo durante al menos cuatro o cinco horas, aunque es mejor preparar la noche anterior. 

Lavamos muy bien y pelamos los rabanitos que pondremos a asar envueltos en papel cebolla, con el horno a unos 180º, unos treinta-cuarenta minutos, pero vigile y sobre todo fíese de su propia experiencia con su horno. Cuando ya estén, apartamos algunos para adornar los platos, trituramos el resto y salpimentamos. Mezclamos con la salsa de tomate en iguales proporciones y reservamos. Colamos el marinado, limpiamos los trozos de las alitas con un paño y las colocamos en una fuente  con las hojas de laurel, las regamos con parte del brandy del  marinado, y las ponemos al horno, precalentado a 180º durante 45 – 60 minutos, regándolas de tanto en tanto con lo que queda del marinado. A media cocción las embadurnamos con la salsa de tomate y rabanitos y dejamos que acaben de hacerse dándoles vuelta de tanto en tanto hasta que estén tiernas. Al servir, adornar el plato con uno o dos de los rabanitos asados abiertos en cruz.