24 de junio de 2012

Pisto

Fritada de hortalizas de temporada, (lo que hace que los ingredientes puedan cambiar según la época,) el pisto es una sencilla, nutritiva y muy apetitosa manera de comer verduras. Como en todas las recetas tradicionales hay mucha variación en cuanto a la forma de prepararlo y a los materiales utilizados, en función no sólo del lugar sino de quien lo prepare, aunque en general se mantiene como idea básica que el pisto lleve tomate, calabacín, pimiento verde y cebolla. Después se puede incluir pimiento rojo, ajo, patatas… o incluso berenjena, y enriquecerlo con huevo frito (típico del pisto manchego) o jamón, longaniza, o… lo que su imaginación le dicte. (Según nuestra Santa Madre Wikipedia, en algunos lugares de la Mancha de cuyo nombre no debe acordarse, porque no los cita, se le añade también comino. Nunca lo había oído, pero si sale en la Wiki, seguro que debe ser cierto, aunque conviene no fiarse del todo, ¿verdad?) En cualquier caso, el que yo les ofrezco hoy puede figurar en cualquier recetario de cocina tradicional, aunque no sea el pisto puro que los manchegos defienden con ardor de caballeros andantes, que uno casi pensaría que se trata del honor de doña Dulcinea del Toboso. La diferencia  más notoria está en el acabado: mientras el pisto manchego es una especie de tomate triturado al que se le han añadido cebolla, pimiento verde… etc,  en mi pisto todas las verduras quedan enteras, bien visibles y degustables por separado, pero con los sabores perfectamente mezclados: vamos, algo así como una sinfonía de Mozart en la que el director ha sabido conseguir esa transparencia que nos permite distinguir cada instrumento en el conjunto sonoro… (Y además, es un pisto como lo preparaba mi madre, que como todo el mundo sabe es la fórmula mágica para justificar cualquier desmán gastronómico).

Ingredientes para 4 personas       
300 gr de calabacín
300 gr de  cebolla
300 gr de pimiento verde
600 gr de  tomates maduros
300 gr de patatas
Aceite de oliva
Sal

Lavamos muy bien todas las verduras, escaldamos y pelamos los tomates, pelamos también las cebollas y las patatas y quitamos la parte del tallo y las semillas a los pimientos y cortamos todo en dados no demasiado pequeños. Hacemos las patatas al vapor unos veinte minutos, y cuando estén las sacamos a una fuente con papel absorbente y reservamos. Ponemos un buen chorro de aceite en una sartén y freímos el tomate, con sal y un pellizco de azúcar, a fuego lento hasta que esté blando pero no deshecho y mucho menos triturado: los trozos deben quedar enteros, así que conviene remover con cuidado para no aplastarlo. Simultáneamente, ponemos aceite en otra sartén y  pochamos, a fuego medio, la cebolla y el pimiento verde, salando ligeramente. Cuando la cebolla vaya estando transparente añadimos el calabacín y dejamos hacer hasta que éste quede blando pero entero. 
(Recuerde: conviene remover con cuidado para no aplastar las verduras.) Freímos unos minutos las patatas a fuego fuerte, solo para que se doren, las ponemos un poquito de sal y las añadimos junto con el tomate al resto de las verduras, revolviendo con cuidado, y dejamos unos minutos más, a fuego suave, para que se mezclen bien los sabores. Comprobamos de sal corrigiendo si es necesario, apagamos y dejamos reposar. El pisto está mucho mejor si se hace con bastante tiempo, incluso de un día para otro y puede servirse tanto frío como caliente.

22 de junio de 2012

Ensalada de espárragos y aguacate con salsa tzatziki


Es esta una ensalada moderadamente calórica, ya que el aguacate y el yogur griego lo son, más si hemos decidido servirla con pan de centeno, como ya se verá, pero resulta tan refrescante con el tzatziki como aliño que es difícil resistirse a su encanto. El tzatziki es esa deliciosa salsa originaria de Turquía y Grecia utilizada habitualmente como acompañamiento de entremeses, aunque también suele servirse sola con pan de pita para comerla directamente. Mezcla de yogur, pepino, aceite de oliva y hierbas aromáticas, es fácil de preparar y armoniza muy bien con estos espárragos al vapor asociados con aguacate. Debemos procurar, eso, sí, que los espárragos queden al dente, que los aguacates estén maduros pero no blandos y que el aceite de oliva sea de la mejor calidad. Conseguiremos así una ensalada tan rica que rebañaremos el plato. El tzatziki admite tanto eneldo como menta o perejil; yo he utilizado eneldo y perejil porque es lo que tenía a mano, pero puede usar cualquier otra que sea de su agrado.

Ingredientes para 4 personas                                                   
16 espárragos verdes
2 aguacates
Un yogur natural del tipo griego
Un pepino mediano
150 cl de aceite oliva virgen extra
Una cucharada de eneldo fresco picado
Una cucharada de perejil fresco picado
Sal
Pimienta
Un limón
Cuatro rebanadas de pan de centeno (opcional)

Comenzaremos pelando y rallando el pepino en un colador puesto sobre un cuenco para recoger el agua que suelte. Sálelo ligeramente y deje que vaya escurriendo. (No tire este agua que deja el pepino: mézcleca con agua y tendrá una bebida extraordinariamente refrescante.) Lavamos los espárragos y quitamos la parte leñosa; los cortamos en trozos como de un centímetro, reservando un poco más para las yemas, y los hacemos al vapor, unos cinco minutos como máximo. Reservamos. Pelamos y troceamos los aguacates en dados del mismo tamaño que los trozos de espárrago, rociamos con el zumo del limón para que no se ennegrezcan y reservamos.  Preparamos ahora la salsa tzatziki: ponemos en el vaso de la batidora el yogur, las hierbas picadas, el pepino, (recuerde: debe de estar bien escurrido) una pizca de sal y pimienta al gusto y batimos hasta  conseguir una mezcla homogénea.
Añadimos el aceite y volvemos a batir para mezclar bien. Pruebe de sal y rectifique si es necesario. Para servirlo, colocamos un par de cucharadas de la salsa en el centro del plato con los espárragos y el aguacate alrededor. O bien, si ha decidido poner el pan de centeno, mezcle los espárragos (excepto las yemas) y el aguacate con la salsa y ponga un par de cucharadas sobre cada rebanada adornando con las yemas de los espárragos.

20 de junio de 2012

La soga

Alfred Hitchcock.
He aquí un verdadero banquete cinematográfico: una joya salida de la cocina de uno de los más grandes directores que ha dado el cine, un plato consistente que se saborea con fruición y que deja ese regusto inolvidable que sólo proporcionan las obras maestras.  Adaptación de Rope  una obra escrita en 1929 para el teatro por Patrick Hamilton, narra un suceso basado en un hecho real y tiene la particularidad de desarrollarse al mismo tiempo que la acción, eso que ahora  se llama en tiempo real, algo así como el ideal de las tres unidades aristotélicas del teatro clásico. Hitchcock hizo suyo el desafío de rodarla acatando esa particularidad y el resultado fue una obra de una originalidad cautivadora y una lección de cómo llevar teatro al cine respetando la esencia de ambos medios. Y una lección de cine, claro. Desde luego, está en primer lugar ese espectacular tour de force del plano único (no lo es, en sentido estricto: hay varios cortes, obligados por los medios  tecnológicos con los que se contaba entonces, cortes resueltos con habilidad pero perceptibles,) tour de force  que sigue teniendo subyugados a críticos y aficionados en general, aunque el propio Hitchcock, en sus conversaciones con Truffaut  llegó a decir: “Actualmente, cuando pienso en ella, [en la idea de rodar La soga en único plano] me doy cuenta de que era completamente estúpido porque rompía con todas mis tradiciones y renegaba de mis teorías sobre la fragmentación del film y las posibilidades del montaje para contar visualmente una historia.”  Naturalmente, la idea es cualquier cosa menos estúpida y desde luego no rompe con ninguna tradición hitchcockiana ni traiciona ideario alguno, ya se cuidó de ello el propio Hitchcock, como revela en la misma conversación cuando añade: “(…) rodé la película teniendo en cuenta un montaje previo; los movimientos de la cámara y los movimientos de los actores reconstituían exactamente mi manera habitual de planificar.” 
Naturalmente. Por lo demás, sólo hay que ver la película para darse cuenta de que estamos ante un hitchcock en estado puro: el control del tempo narrativo crea uno de esos perturbadores crescendi tan caros a Hitchcock (una película debe comenzar con una explosión y a partir de ahí ir subiendo, frase  atribuida  a Cecil  B. de Mille, a Samuel Fuller, o al propio Hitchcock), crescendo que acaba con una de las escenas más ásperas, visualmente hablando, y  en la que la descarga de la tensión acumulada es de una intensidad abrumadora; la mirada de bisturí sobre los personajes desnudándolos para mostrarlos en carne viva sin una pizca siquiera de compasión; la milimétrica planificación en la composición de ese plano único y en el que los movimientos de los personajes crean una casi insoportable sensación de ansiedad conformando una de las películas más seductoras del director. Pero no es sólo que consiga controlar ese, si se me permite decirlo así, montaje sobre la marcha con tal pericia que no sólo no se nota el origen teatral de la historia sino que parece escrita pensando en su conversión en imágenes. Lo más fascinante de esta película es el uso de la cámara: esa  exacerbada subjetividad que convierte al simple espectador en actor-espectador y le permite moverse  entre los personajes de la historia siguiendo sus movimientos, lo que origina una insólita (para el caso de que se trata) relación de empatía con los dos protagonistas y casi consiguiendo que resulte enojoso el buenazo de James Stewart. Extraordinaria la actuación de  Stewart y la excelente Edith Evanson;  John Dall y Farley Granger cumplen en una interpretación medida aunque quizá un tanto forzada en el caso de Granger.  Hay además múltiples matices que enriquecen esta película: desde la relación sutilmente  homoerótica de los dos protagonistas, lo que llevó a que en EEUU muchas ciudades la  censuraran (y a que en España se prohibiera), hasta las referencias a la teoría nietzscheana del superhombre , idea- base sobre la que se asienta el argumento, aunque sea para rechazarla, claro.… Crítico ha habido que ha dicho que  la misoginia de Hitchcock se manifiesta en la poca importancia de los papeles femeninos de esta historia, quizá olvidando que se trata de una historia de la que el director no es autor…  No importa: lo que realmente queda es el placer de disfrutar de una verdadera obra maestra. Y un último dato para los coleccionistas de curiosidades: esta es la primera película en color dirigida por Alfred Hitchcock.

Ficha:
Título original: Rope
Año de producción: 1948
Duración: 80 min.
País: USA
Dirección: Alfred Hitchcock
Guión: Arthur Laurents & Hume Cronyn
Música: Leo F. Forbstein
Fotografía: Joseph Valentine & William V. Skall
Reparto: James Stewart, John Dall, 
                 Farley Granger, Cedric Hardwicke, 
                 Joan Chandler, Douglas Dick,
                 Constance Collier, Dick Hogan, 
                  Edith Evanson
Género: Intriga

18 de junio de 2012

Crema fría de calabaza al eneldo

Estamos ya en época de calor, galbana y, el que sea tan afortunado para poder hacerlo, cenas al aire libre (…qué envidia,)  con lo que meterse en la cocina, salvo casos de cocinitis aguda, que también se dan, puede no apetecer mucho. Así que vamos a preparar una crema fría, lo que entre otras cosas quiere decir que podemos dejarla hecha con antelación, muy rica y refrescante. Su preparación es tan fácil que hasta un arado podría hacerla. Y puesto que empiezan a llegar las calabazas de la variedad conocida como de verano aprovecharemos para disfrutar de su sabor, más suave que la de invierno. Conviene saber que esta variedad no aguanta mucho tiempo almacenada, por lo que debemos prepararla en cuanto la compremos. En esta receta, el eneldo aporta su delicado perfume, y la cebolla roja refuerza el sabor de esta rica, rica, rica crema.

Ingredientes para 4 personas.   
800 gr, de calabaza limpia
Dos cebollas rojas medianas
Un ramillete de eneldo
Sal
Pimienta
 
Limpiamos y cortamos la cebolla y la calabaza en trozos grandes y los hacemos al vapor; unos quince minutos serán suficientes. Cuando ya estén, los trituramos bien con la batidora junto con una generosa cucharada de eneldo picado, sal y un toque de pimienta al gusto y pasamos la mezcla por el chino o colador para obtener una crema suave, añadiendo un par de cacillos del agua de la cocción hasta conseguir la consistencia deseada, (que será la que más nos guste.)Probamos, rectificamos de sal si es necesario y guardamos en el frigorífico. Al servir, adornamos con un poco de eneldo muy picado.


16 de junio de 2012

Moonrise Kingdom

Wes Anderson
Hay un sector de la crítica oficial, compuesto mayormente por adictos a los festivales (cuanto más independientes mejor) y yo diría que formados en la escuela de la tele, a los que las películas de Wes Anderson hacen salivar de gusto.  No importa que desde 1996, año en que filmó Bottle Rocket, su primera película, este hombre haya hecho cosas tan perfectamente prescindibles como Rushmore (Academia Rushmore, 1998) o Fantastic Mr. Fox (Fantástico Sr. Fox, 2009) sin olvidar,  claro, esa obra maestra de la idiocia que es The Royal Tenenbaums (Los Tenenbaums: Una familia de genios, 2001.) Y eso, que andan babeando algunos, vuelve a ocurrir con esta nueva entrega del señor Anderson, aunque su cine, de un infantilismo que raya, y con frecuencia cae, en el ridículo es sólo apto para ver en la tele mientras se hace la siesta, siempre que se haya quitado el volumen del aparato, desde luego. Moonrise Kingdom pertenece al mismo género de comedia (¿?) descerebrada cuya única lógica, completamente incomprensible si es que la tiene, parece ser consecuencia de alguna frustración infantil del autor que le ha impedido madurar lo suficiente como para crear una obra que no haga sentir al espectador vergüenza ajena. Eso sí, es capaz de soltar parrafadas como esta, tomada literalmente de una entrevista suya: “esa pieza de Benjamin Britten no hace más que deconstruir el trabajo en equipo necesario para rodar una película.” ¿Comprenden? Y es que la película comienza con una audición de la Guía de orquesta para jóvenes de Benjamín Britten. Lo cierto es que aparte de deconstruir un trabajo que ni siquiera está construido la obra en cuestión no tiene nada que ver con la historia que Anderson pretende narrar ni, de hecho, vuelve a oírse en toda la duración de la película. Pero es sólo un ejemplo de la capacidad de este hombre para vender humo. Porque eso es esta película, una payasada sin gracia, aburrida cuando no directamente irritante , pretenciosa pero de una espantosa superficialidad. 
Con una anécdota que remite (o al menos lo pretende) a los cuentos infantiles de héroes y princesas, pero con una estructura narrativa tan plana como en él es habitual, la película es una sucesión de aventurillas en un campamento de boy scouts poblado por adultos de un atroz infantilismo y por niños que hacen gala de una alarmante imbecilidad. No hay ni un solo personaje que esté definido más allá del tópico más simple, agravado además, en el caso de los niños protagonistas, por una interpretación tan pobre que hace desear que en el cuento aparezca un dragón y se zampe a todo el equipo, deconstruído o no. No son mejores las interpretaciones de los adultos, pero qué se puede esperar a estas alturas de Bruce Willis o Bill Murray… la inexpresividad del uno no logra contrarrestar la sobreactuación del otro, así que mejor olvidarlos.  Se salva como siempre la inmensa Frances McDormand, pero su papel es tan corto que, francamente, ni siquiera ella compensa la restante hora y media de torpeza narrativa.

Ficha:
Título original: Moonrise Kingdom
Año de producción: 2012
Duración: 94 min.
País: USA
Dirección: Wes Anderson
Guión: Roman Coppola, Wes Anderson
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Robert D. Yeoman
Reparto: Jared Gilman, Kata Hayward,
                     Bruce Willis, Edward Norton,
                     Bill Murray, Frances McDormand,
                     Tilda Swinton, Jason Schwartzman,
                      Bob Balaban, Harvey KeitelPremios:
Género: Drama (¿?)