19 de diciembre de 2014

Puerros en su salsa asados en papillote

Dado que el 90% del puerro es agua y que posee propiedades diuréticas y laxantes, resulta ser una hortaliza que todos los guardianes de las dietas y contadores de calorías deberían elevar a los altares de la Santa Iglesia de lo Saludable. Bromas aparte, lo cierto es que el puerro con su exquisito sabor que recuerda un poco a la cebolla, aunque bastante más suave, es un ingrediente imprescindible en guisos, estofados y salsas. Hervidos o al vapor pueden utilizarse en ensaladas acompañados de unos ahumados o con una sencilla vinagreta. Pero es asados, como en nuestra receta  de hoy, como resultan sencillamente irresistibles: todo su delicado sabor y su suave aroma regalan nuestro paladar y nuestro olfato. Y acompañados con esta salsa en la que el vino blanco y el eneldo añaden su nota perfumada se convierten en  un r plato de primera categoría.

Ingredientes para cuatro personas
10 puerros
1 cebolla mediana
2 dientes de ajo
Un vaso de vino blanco
Unas ramitas de eneldo fresco
Sal
Aceite de oliva

  • Precalentamos el horno a 190º
  • Asaremos ocho puerros: para ello, retiramos la parte verde y la reservamos para otras preparaciones. Lavamos el resto muy bien y cortamos en dos o tres trozos dependiendo del tamaño. No quite la primera capa, servirá para proteger el resto.
  • Envolvemos en papel de horno haciendo tres o cuatro paquetitos, los cerramos bien y los introducimos en el horno después de  bajar la temperatura 170º. Dejamos que se hagan durante unos cincuenta minutos.
  • Pelamos la cebolla y la troceamos en juliana fina; pelamos y lavamos los otros dos puerros, pero  no quite mucho de la parte verde, y los trocemos igualmente junto con los dientes de ajo y lo ponemos todo a pochar, a fuego suave, en una sartén con un poco de aceite y sal al gusto.
  • Cuando ya estén, retiramos y escurrimos bien  el exceso de aceite y trituramos con la batidora. Añadimos el vino blanco y el eneldo picado y volvemos a triturar.
  • Pasamos por el chino o por un colador, y llevamos a fuego muy suave, dejando que reduzca un poco. Comprobamos de sal y reservamos al calor.
  • Cuando los puerros ya estén asados abrimos los paquetitos, cuidando de no quemarnos, y retiramos la primera hoja de cada trozo de puerro, que estará seca y deshidratada.
  • Servimos acompañados por la salsa y decorados con una ramita de eneldo
 

17 de diciembre de 2014

Menú navideño

La amenaza navideña ataca de nuevo. Bueno, lleva dos meses atacando, que a este paso empezaremos a preparar la Navidad en agosto. Y como parece que, salvo un retiro de urgencia a la Tebaida, no hay forma de librarse del contagio, vamos a tomárnoslo con calma y a procurar no derrochar más de los estrictamente necesario. El menú que os propongo, formado por platos cuyas recetas se han publicado ya en este vuestro blog, no es ni muy pesado ni especialmente tradicional, lo que tiene dos ventajas: no acabar con la barriga a tope y salirse un poco de lo más trillado. Son recetas fáciles, no son caras y gustarán a todos. Y como el segundo plato es muy ligero, sea cual sea la opción elegida, bien se pueden incluir los dos. A las recetas completas se llega, claro está, a través de los correspondientes enlaces. Que disfrutéis y seas felices.


15 de diciembre de 2014

Timbal de arroz basmati con verduras y gambas al ajillo

Como es sabido, un timbal, aparte de un instrumento musical,  es también ese utensilio de cocina que nos permite hacer vistosas presentaciones de nuestras recetas y, por extensión, una receta presentada de esa manera. No es que sea absolutamente imprescindible tener uno, pues sólo se trata de un molde que podemos sustituir por un vaso o una taza. Hoy vamos a preparar un plato de arroz con verduras y gambas, muy rico y resultón. Como se sabe, el arroz basmati es una variedad de este cereal, originaria de la India y Pakistán, célebre, dicen, por su delicado aroma y sus exquisito sabor. Su grano es alargado y no se pega al hervirlo por lo que sus granos quedan sueltos, característica  que le hace muy adecuado para usarlo como guarnición en platos de carne o pescado y para preparar un arroz blanco. En esta receta vamos a añadirle unos granos de cardamomo, lo que unido al ajo proporciona a nuestro invento una mezcla ce aromas y sabores sorprendentemente grata al paladar.

Ingredientes para cuatro personas
350 gr de arroz basmati
300 gr de gambas
Un pimiento verde
Una cebolla
Un bulbo de hinojo
Cuatro dientes de ajo
Cuatro o cinco vainas de cardamomo
1 l de caldo de verduras
Aceite de oliva
Sal

  • En una cazuela con una cucharada de aceite rehogamos el arroz junto con las semillas extraídas de las vainas de cardamomo y machacadas. Salamos al gusto, añadimos agua hirviendo (medio litro más o menos) y dejamos hacer a fuego suave hasta que el arroz esté tierno y haya empapado todo el agua. Unos quince minutos deberían ser suficientes. Si se queda sin agua añadimos un poco, siempre hirviendo.
  • Mientras, lavamos el pimiento y el bulbo de hinojo y pelamos la cebolla. Cortamos todo en tiras y lo pochamos, a fuego suave, en una sartén con un poco de aceite y una pizca de sal. Cuando ya esté, retiramos del fuego, escurrimos bien el exceso de aceite y reservamos.
  • Pelamos los dientes de ajo, los cortamos en láminas y los freímos en tres o cuatro cucharadas de aceite cuidando que no se quemen y sin dejare que el aceite humee. Retiramos del fuego, colamos y reservamos por separado aceite y ajos.
  • Pelamos  las gambas y las salteamos unos minutos en la sartén donde hemos frito los ajos, pero ya sin aceite.
  • Montamos nuestro timbal con ayuda de un molde de cocina, taza, o similar, poniendo una capa de arroz, una capa del pochado de verduras y otra capa de arroz, y coronando todo con las gambas.
  • Trituramos ligeramente parte de los ajos fritos y espolvoreamos con ellos las gambas.
  • Servimos con el plato decorado con el resto de los ajos y un chorrito del aceite de freírlos.

12 de diciembre de 2014

Mezclas de hierbas aromáticas


De la misma forma que las especias se combinan para conseguir mezclas que enriquezcan nuestros platos y que resulten atractivas para nuestro olfato y nuestro paladar, así también puede hacerse, y se hace, claro está, con las llamadas hierbas aromáticas.  Y como ocurre con las especias, estas mezclas de hierbas, aún con el mismo nombre, varían dependiendo de la disponibilidad de los ingredientes y hasta de la inspiración quién las haga, como las célebres fines herbes francesas, compuestas originalmente de cebollino, perifollo, estragón y perejil pero a las que se añade a veces mejorana, o los llamados atadillos (el bouquet garni francés) de laurel tomillo y perejil a los que también puede agregarse estragón y mejorana. Todas estas mezclas pueden adquirirse en el mercado, pero todas ellas, y cualquier otra que se nos ocurra, pueden elaborarse en nuestra cocina sin ninguna dificultad.

Atadillo. Como ya decía, se trata del conocido bouquet garni de la cocina francesa. Esta expresión que podría traducirse por ramillete variado, o quizá ramillete surtido, debe su nombre popular español a que se presenta en forma de pequeño paquete de hierbas atadas para mantenerlas unidas durante la cocción y poder retirarlas fácilmente al servir el plato. Los ingredientes cásicos para preparar un atadillo son el laurel, el tomillo y el perejil, aunque en ocasiones, y dependiendo de en qué receta vayamos a emplearlo, puede incluirse  también albahaca, ajedrea, estragón, orégano...  o envolver las hierbas elegidas en un trozo de hoja de puerro. Su elaboración es muy sencilla: ponga juntas las hierbas y átelas con un trocito de bramante o envuélvalas con la hoja de puerro y ate también para mantener unido el paquete. El atadillo suele emplearse para dar aroma a los caldos, así como en guisos de carne y aves o sopas. Debe añadirse al final d la cocción para conservar todo su perfume.


Hierbas provenzales. Esta mezcla, elaborada generalmente con hierbas secas, y original de la Provenza como su propio nombre indica, se compone habitualmente de orégano, tomillo y ajedrea, aunque como de costumbre es posible encontrar otras combinaciones que incluyan romero, albahaca, mejorana... de forma que si queremos preparar nuestra mezcla favorita sólo hay que tener en cuenta la potencia del perfume de cada una para conseguir unas proporciones armónicas y que no sobresalga alguna en exceso, matando el aroma de las demás y guárdelas en un recipiente hermético. Su uso es tan variado como queramos, pues su delicado sabor hace que esta mezcla resulte ideal tanto para enriquecer una salsa de tomate, como para añadir a guisos de carne, conejo y aves. Es un buen acompañante de la pasta, los gratinados y el pollo asado, y su perfume ligeramente picante potencia el sabor de parrilladas y carnes a la barbacoa. Como todas las hierbas, es aconsejable añadirlas al final de la cocción para garantizar que disfrutamos de todo su aroma.


Finas hierbas. Otra mezcla más de origen francés: las fines herbes que en su traducción al español sirven como nombre genérico de casi todas las hierbas aromáticas, aunque la cocina francesa limita esta denominación a la mezcla de perifollo, estragón, cebollino y perejil, todas ellas frescas. En el mercado es posible encontrar bajo este nombre mezclas de hierbas secas o liofilizadas que pueden incluir cebolla o algún otro ingrediente no muy ortodoxo, pero que demuestra cómo es posible combinar varias hierbas distintas con el mismo nombre. Si queremos preparar nuestra propia mezcla, debemos cortar muy finamente todas las hierbas y mezclarlas bien. Si las usamos frescas, esta combinación es muy adecuada para aliñar ensaladas, teniendo en cuenta que en ese caso debemos utilizar una vinagreta muy suave para que el vinagre no anule su perfume. Resultan ideales para añadir a las tortillas, crepes y carpaccios, en pescados a la brasa o a la plancha, en platos de pasta...  y en marinados y adobos.


Mezcla personal. Y con permiso de todos ustedes, acabamos esta serie sobre especias y plantas aromáticas con una mezcla de hierbas made in Gastrocinemia: cebollino, eneldo, orégano y salvia, todas ellas frescas. Inventada como manera de aprovechar las hierbas que andaban por la cocina ya a punto de caducidad, el resultado es un delicado equilibrio de aromas que convertirá sus ensaladas, platos de pasta o tortillas en una sorpresa muy gratificante. La proporción va en gustos, aun que es aconsejable no abusar del cebollino, cuyo sabor fuerte tiende a predominar, y apoyarse más en el eneldo, cuyo suave y sutil aroma queda fácilmente enmascarado si le un e a otros más potentes.  Y déjese llevar por la imaginación: invente sus propias mezclas.

10 de diciembre de 2014

Judías con rabo de buey

Vamos con otro guiso suculento, nutritivo y deliciosamente reconstituyente para estos fresquitos días de los que ya disfrutamos. La carne del rabo de buey tiene un elevado contenido en hierro y en vitaminas del grupo B  y es muy rica en grasa intramuscular, lo que la confiere un acabado muy jugoso y una textura melosa muy adecuada para un guiso como este. Es, eso sí, un plato no apto para dietas, pero de vez en cuando, no viene mal darle un capricho al cuerpo. Las judías (también llamadas alubias, que luego algunos lectores se me lían si utilizo uno u otro término indistintamente) tienen un bajo aporte calórico, en contra de lo que se cree, así que el guiso se equilibra. Como además el efecto saciante de las legumbres es alto no hace falta ponerse ciego para quedar satisfecho con esta receta. Como el tiempo de cocción de las judías y del rabo de buey son distintos, aconsejo hacerlos por separado y mezclarlos al final dándolos un ligero hervor  para mezclar los sabores. Y como todos los guisos, estará mucho más rico si lo dejamos reposar un tiempo.

Ingredientes para cuatro personas
1 1/2 de rabo de buey (vaca... ternera...)
750 gr de judías  blancas
Una cebolla grandecita
Dos tomates
Dos clavos de olor
Dos hojas de laurel
Dos dientes de  ajo
1/2 cucharadita de cominos
Una cucharadita de pimentón
Un vaso de brandy
1 l de caldo de verduras
Sal
Pimienta
Aceite de oliva.

  • Ponemos en remojo las judías la noche de antes.
  • Limpiamos los trozos de rabo de la grasa superficial que pudieran tener, los salpimentamos, los enharinamos ligeramente y los doramos en una sartén con aceite de oliva.
  • Pelamos la cebolla y pinchamos en ella los dos clavos de olor. Lavamos los tomates y los damos un corte para que no revienten.
  • Ponemos en la olla exprés los trozos de rabo, la cebolla, los tomates, los dientes de ajo enteros pero ligeramente aplastados, el pìmentón y las hojas de laurel y lo bañamos todo con el brandy. Flambeamos con cuidado para no tener que llamar a los bomberos, cubrimos con el caldo y dejamos que se haga alrededor de cincuenta minutos desde que comience a salir el vapor. La carne debe desprenderse sola del hueso: si no ocurre así lo dejamos que se haga unos minutos más.
  • Colamos y reservamos los trozos de rabo, la cebolla y los tomates.
  • Lavamos al chorro del grifo las judías que teníamos en remojo, las escurrimos bien y las ponemos en la olla exprés con el caldo de cocer el rabo y dejamos hacer unos treinta minutos.
  • Cuando ya estén, trituramos muy bien la cebolla de la que habremos retirado los clavos de olor, los tomates (sin la piel) y los dientes de ajo más un par de cucharadas de judías y un chorro del caldo.
  • Mezclamos ahora las judías, los trozos de rabo y el triturado. Salamos con cuidado, agregamos los cominos machacados y dejamos que de un ligero hervor.
  • Comprobamos de sal, apagamos y dejamos reposar. Recuerde que los guisos quedan mejor incluso de un día para otro, y a la hora de servirlos sólo hay que calentarlos sin dejar que lleguen a hervir.

8 de diciembre de 2014

Bizcocho de limón y speculoos

Hoy os invito a preparar un rico bizcocho al que vamos a añadir una de esas mezclas de especias de las que ya hemos hablado: el speculoos. (Vea aquí como prepararlo.) Su sabor, en el que destaca la canela, le hace muy adecuado para usarlo en repostería, que es como lo utilizan en Alemania, Holanda y Bégica, de donde es original. Allí lo ponen en esas galletas típicas de la Navidad llamadas precisamente Speculaas. Su carácter un tanto exótico convierte el tradicional bizcocho en un nuevo y exquisito regalo para el paladar. Algunos consejos para conseguir un bizcocho de premio: primero de todo, y muy importante, tener todos los ingredientes a temperatura ambiente; batir muy bien los huevos con el azúcar o el edulcorante elegido; añadir la harina, tamizada y mezclada con la levadura, pero no de golpe, sino poco a poco y según la vayamos mezclando; tener el horno precalentado a  unos 200º, bajarlo a 180º al meter el bizcocho y no abrirle durante la cocción para evitar que se baje. Y recordemos que lo esponjoso que salga nuestro bizcocho dependerá de cuánto batamos la mezcla: a más batido, más esponjoso. El tiempo de cocción depende, como suele ocurrir, del horno: alrededor de cuarenta y cinco minutos como mínimo y según el grosor del bizcocho, pero fíese de su experiencia y utilice el truco de pinchar en el centro para ver si el palito sale limpio. Pero recuerde: no abra el horno antes de que hayan pasado unos cuarenta minutos. Finalmente esperamos unos diez minutos más ya con el horno apagado, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla para que pierda el exceso de humedad.

Ingredientes
170 gr de harina
175 gr de azúcar (puede sustituirse por el edulcorante que prefiera. En ese caso tenga en                                 cuenta la equivalencia de la capacidad endulzante del producto que use)
3 cucharadas de almendras molidas
3 huevos
70 ml de leche
70 ml de aceite de girasol o de oliva suave
1 limón
Un sobre de levadura tipo Royal
Una cucharada de speculoos

  • Precalentamos el horno a 200º.
  • Lavamos muy bien el limón, rallamos la piel que reservamos y exprimimos el zumo que reservamos también.
  • Batimos  en  un cuenco los huevos con el azúcar o el edulcorante elegido hasta que nos queden bien aireados .
  • Añadimos el aceite, la leche, las almendras molidas y el zumo y la ralladura del limón  y mezclamos batiendo bien de nuevo, debe quedarnos una mezcla lo más homogénea posible.
  • Mezclamos la harina con la levadura y el speculoos y lo vamos añadiendo, batiendo cuidadosamente para que se mezcle bien y no queden grumos.
  • Pintamos el interior del molde con aceite y lo enharinamos para evitar que se nos pegue, volcamos en él la mezcla, cuidando que no sobrepase las dos terceras partes del mismo, y llevamos al horno, bajando la temperatura hasta los 180º.
  • El tiempo de cocción, ya se ha dicho, dependerá del horno y del grosor del bizcocho, pero a partir de los cuarenta o cuarenta y cinco minutos podemos comprobar si ya está.
  • Retiramos el bizcocho del horno, esperamos a que temple y desmoldamos dejándolo sobre una rejilla para que suelte el exceso de humedad.

4 de diciembre de 2014

Del laurel, el ajo y el chile

... o specias y hierbas aromáticas (IX)

  

No sé si, hablando con propiedad, el laurel, (que es un árbol) el ajo, (que es un bulbo) y los chiles (que son un fruto) pueden incluirse entre las hierbas llamadas aromáticas, pero dado su uso habitual como condimentos populares, aquí están también, junto con el perejil, el cebollino y la menta, el romero, el orégano y el eneldo, y el tomillo, la salvia y la albahaca.


Laurel. Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
                 ¡Que con llorarla crezca cada día
                 la causa y la razón porque lloraba!


...dice Garcilaso en su soneto XIII, dedicado a Dafne, hablando de las lágrimas que Apolo vertía a los pies, ya convertidos en raíces, de la ninfa. Porque según la mitología griega, llena de hermosas, y crueles, historias, el laurel no es sino la ninfa Dafne, convertida en árbol por su padre el dios-rio Peneo, para salvarla (sic!) de las lúbricas, en fin, intenciones de Apolo. La verdad es que con padres así no necesita uno muchos enemigos. El laurel (Laurus nobilis) es un árbol originario de la cuenca mediterránea, donde crece en lugares húmedos y sombreados y donde ha sido utilizado con fines culinarios, médicos y religiosos desde la más remota antigüedad como testimonian las leyendas sobre él. Por ejemplo, Plinio aseguraba no conocer casa plantada con laureles que fuera alcanzada por los rayos. Y su uso para confeccionar las coronas de los vencedores en las Olimpiadas da idea de su carácter sagrado. El laurel es digestivo, previene contra la acidez y los gases intestinales, estimula el apetito, es antiséptico, bactericida, expectorante y anti inflamatorio y tiene propiedades diuréticas. Contiene calcio, magnesio, potasio y fósforo, así como vitaminas C y B6. En la cocina se utiliza para aromatizar sopas y guisos, en los escabeches y encurtidos, y añadido a las legumbres evita la flatulencia. Contraindicaciones: el laurel puede producir dermatitis de contacto y fenómenos de fotosensibilización. A dosis altas sus hojas resultan vomitivas. Puede provocar reacciones asmáticas. 



Ajo. Aunque se cree que es originario de Asia, el ajo (Allium sativum) se extendió por el Mediterráneo gracias a los comerciantes egipcios, llegando después a toda Europa a través de los romanos que lo difundieron por todo su imperio. En Egipto era parte de la dieta de los esclavos que construían las pirámides ya que se pensaba que el ajo les aportaba energía. Y es en un papiro datado hacia el 1500 a. de C. donde aparece la primera referencia al ajo en un documento escrito. Plinio el Viejo o Dioscórides mencionan en sus libros las grandes virtudes medicinales de esta planta: es bactericida y expectorante, lo que le hace muy útil contra los catarros y la bronquitis, y tiene un alto poder como desinfectante. Es fungicida, reduce los niveles de colesterol y fluidifica la sangre, y al ser vasodilatador se recomienda su consumo en caso de hipertensión. Contiene manganeso, potasio, calcio y fósforo, así como vitamina C y B6. Su característico aroma y su fuerte sabor hacen del ajo un ingrediente indispensable en la cocina, donde es el condimento perfecto en sopas, asados, potajes y platos de legumbres. Forma parte de muchas recetas de la llamada dieta mediterránea, como la salsa alioli o el pesto genovés, el gazpacho, el ajoarriero, la sopa de ajo...  Contraindicaciones: el ajo crudo puede causar mal aliento, gases, eructos, náuseas y acidez, y se recomienda precaución al con sumir ajo crudo a las personas con úlcera estomacal. Su capacidad de fluidificar la sangre debe tenerse en cuenta si es propenso a padecer hemorragias. No se recomienda a las mujeres en periodo lactante ya que puede alterar el sabor de la leche.



Chile. Pimientos, piparras, cayenas, guindillas, ají.. La gran variedad de especies del género capsicum hace que se les llame con diferentes nombres a los frutos de estas plantas, según el lugar de procedencia y hasta de su uso: secos, frescos, molidos... Vea aquí, cuando hablábamos de la guindilla,  más datos sobre su origen y expansión .El apelativo chile suele utilizarse sobre todo en Sudamérica y hace referencia a ese pequeño pimiento alargado y fino, fuertemente picante, que se consume tanto verde como maduro, cuando tomo un color rojo intenso. Es característico de la cocina mexicana, donde es el rey indiscutible y donde se usa una gran cantidad de variedades distintas. Aquí puede ver una muestra. El chile favorece la absorción del hierro vegetal, y su componente principal, la capsaicina, que es la responsable de su sabor picante, no sólo es un poderoso antioxidante sino que tiene propiedades antiinflamatorias y analgésicas, estimula la producción de jugos gástricos, con lo que mejora la digestión. Es laxante y diurético, baja la presión arterial, estimula el sistema circulatorio y se dice que es un excelente remedio contra el alcoholismo Es rico en potasio, fósforo y magnesio y contiene vitamina C y otras del grupo B. En la cocina se utilizan frescos para aromatizar encurtidos, en ensaladas, fritos, en adobos, cebiches... Secos y molidos se utilizan en guisos y salsas diversas. Contraindicaciones: Pueden producir acidez estomacal, dificultar la digestión y ardor rectal. No se recomienda en caso de hemorroides o úlcera gástrica. En algunos casos, y si el jugo entra en contacto con  la piel, puede provocar provoca enrojecimiento, picazón y ardor.

1 de diciembre de 2014

Garbanzos con sepia

Vamos con otro guisote de esos que reconfortan y hacen entrar en calor, ahora que por fin llegaron los fríos a estos lares mesetarios. Esta vez, sin embargo, es un guiso ligero y no demasiado calórico, aunque eso sí:  sabroso y nutritivo. Puesto que los garbanzos, esa deliciosa legumbre, consiguieron escapar del sempiterno cocido (ponga usted el gentilicio que desee. Por cierto: prometo que un día de estos publicaré mi versión del cocido a la segoviana, versión poco conocida, como que acabo de inventármela, de este suculento potaje.) A ver... yo intentaba decir, antes de ponerme a divagar, que los garbanzos pueden combinarse divinamente con multitud de ingredientes, aparte de los típicos del cocido: desde otras verduras hasta mariscos, en guisos o en ensaladas o en cremas podemos disfrutar de sus virtudes alimenticias y sus rico sabor. En esta receta acompañan a  (o están acompañados por) unas sepias, lo que añade un regusto marinero muy agradable a nuestro guiso.

Ingredientes para cuatro personas
500 gr de garbanzos
Dos sepias grandes
Una cebolla
Un pimiento verde
Dos diente
Dos hojas de laurel
Un vaso de vino blanco
Sal
Una cucharadita de pimentón
Aceite de oliva

  • Ponemos en remojo los garbanzos la anoche de antes, y cuando nos pongamos a hacerlos los lavamos al chorro del grifo y los escurrimos bien.
  • Los ponemos en la olla exprés junto con las hojas de laurel, cubrimos con agua y dejamos que se hagan durante unos 20 o 25 minutos desde que comience a salir el vapor. Despresurizamos la olla, probamos si están tiernos y reservamos. (Si no están bien cocidos los dejamos unos minutos más.)
  • Mientras, pelamos la cebolla y los ajos, lavamos el pimiento, lo cortamos todo en juliana no muy fina y lo ponemos a pochar, a fuego suave, en una cazuela con un par de cucharadas de aceite y una pizca de sal.
  • Escaldamos y pelamos el tomate, retiramos las semillas, troceamos la pulpa y la añadimos al pochado, removiendo bien.
  • Cortamos las sepias, bien limpias y lavadas, en trozos no muy grandes y los añadimos a la cazuela con el pochado de las verduras, agregamos el pimentón, mezclamos bien y rehogamos cuatro o cinco minutos. Regamos con el vino y dejamos que reduzca.
  • Agregamos los garbanzos, cubrimos con el caldo de cocerlos y dejamos que hierva todo hasta que la sepia esté tierna.
  • Corregimos de sal, apagamos el fuego y dejamos reposar unos minutos antes de servir.