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Ingmar Bergman |
M
ucho
tiempo, demasiado, sin escribir de cine en este blog. Bien está cuidarse de los
alimentos, prepararlos y ofrecerlos con una cuidadosa presentación, pero
también hay que ocuparse del pasto
espiritual, que decía un tío mío. Y hoy vamos a deleitarnos con una
auténtica joya, una delicatesen para
paladares exigentes, estas fresas salvajes con las que Bergman logra una de las
cumbres no sólo de su filmografía sino del Cine, sí así con mayúscula. Estrenada en
1957, el mismo año que El séptimo sello
(Det sjunde inseglet, otra de sus obras mayores,) en
Fresas salvajes están muchas de las obsesiones personales de Bergman: la
muerte, la vejez, la familia, las (casi siempre conflictivas) relaciones de
pareja, el paso del tiempo… combinándose y entrecruzándose en una de las
narraciones formalmente más libres y sugerentes que se hayan visto en el cine.
La mezcla de pasado, sueños y presente otorga un carácter casi alucinatorio a
unas imágenes que la fotografía en contrastado blanco y negro contribuye a convertir
en viaje espiritual; porque Fresas salvajes es ante todo un viaje iniciático
pero al revés: un viaje a la memoria, al redescubrimiento del pasado… y a la constatación de su pérdida. Y lo que
fascina es la maestría con la que se dan esas transiciones, la naturalidad con
la que el espectador acepta los cambios temporales y oníricos, porque todo en
esta historia fluye con la inevitabilidad de la vida misma, seguramente gracias
a un recurso narrativo de verdadero maestro: el protagonista no cambia su aspecto en los flashbacks, (que
en puridad no son tales,) y ahí reside la maestría del recurso estilístico:
vemos siempre al mismo anciano que se mueve entre un ayer irrecuperable, claro,
unos sueños que le acosan con sus presagios y un hoy que le supera. Construido sobre un guión de férrea
estructura en su aparente sencillez, una vena de nostalgia y melancolía por el paraíso/pasado
extraviado en los meandros de la memoria recorre todo el film impregnando cada
imagen, paraíso simbolizado por la vieja casa de campo donde se recogían esas
fresas silvestres (el lugar de las fresas,
es el título original) del título, y donde el viejo profesor pasara su
juventud.

Perfecta, como suele en Bergman, la dirección de actores entre los que merece mención
especial Victor Sjöström
por su
extraordinaria interpretación, verdadero pilar que sostiene toda la historia
con la infinita variedad de matices con los que enriquece su personaje, y con
los que subyuga, convence y emociona ayudado por esa cámara que fija
obsesivamente su mirada en el rostro del anciano, desnudándole ante nuestros
ojos atónitos. Se ha dicho que Fresas salvajes es un film pesimista con un
mensaje optimista… yo diría que es tan pesimista como todos los filmes de
Bergman y que su mensaje es más de resignación que de optimismo porque con
Fresas salvajes estamos ante una bellísima, eso sí, reflexión sobre el sentido
de la vida, y siendo así un autor como Bergman difícilmente puede ser
optimista. Es, en cualquier caso una obra maestra absolutamente recomendable.
Ficha:
Título original: Smultronstället
Año de producción: 1957
Duiración: 90 min.
País: Suecia
Director: Ingmar Bergman
Guión: Ingmar Bergman
Música: Erik Nordgren
Fotografía: Gunnar Fischer
Reparto: Victor Sjöström, Bibi
Andersson,
Ingrid Thulin, Gunnar
Björnstrand,
Folke Sundquist, Björn
Bjelvenstam,
Naima Wifstrand, Jullan Kindahl,
Max von Sydow, Åke Fridell
Género: Drama