29 de febrero de 2012

Hojaldres de alcachofas al cilantro

Las recetas con hojaldre resultan siempre apetitosas al paladar y atractivas a la vista. Pueden hacerse tan sencillas o complicadas como se quiera ya que en realidad sólo se trata de rellenar una masa con ingredientes a nuestro gusto. La única dificultad, más bien enojosa, desde luego, es el manejo de un material tan quisquilloso como la masa de hojaldre, al que sólo le falta llorar en cuanto se le toca, sobre todo si queremos prepararla en casa. Pero como en el mercado existen varias marcas que ofrecen hojaldres de calidad ya preparados, sólo hay que practicar un poco para que a la enésima nos salgan unos hojaldres ricos y además bonitos. Y si seguimos unos mínimos trucos la cosa es más fácil. Por ejemplo: incluso comprado hecho, a veces es necesario extender la masa: es importante enharinar tanto el rodillo como la superficie de trabajo; hay que usar siempre cuchillos bien afilados para que los cortes sean limpios; si usamos un molde para hornear el hojaldre, para que la masa pegue bien mojaremos el molde con agua y luego apretaremos bien los bordes. Y ahora vamos a preparar unos ricos y muy sencillos hojaldres de alcachofa que al  cocinarse en su propio jugo dentro del hojaldre (al estilo papillote) quedan muy jugosas y suculentas, y las especias empleadas y el cilantro les confieren un toque casi oriental.

Ingredientes (salen 4 hojaldres por lámina)    
Dos láminas de hojaldre
Ocho alcachofas
Tres cucharadas de cilantro picado
12 clavos de olor
12 vainas de cardamomo
12 granos de pimienta
Media cucharadita de cominos
Media cucharadita de canela
Un huevo
Sal

Trituramos bien en un mortero todas las especias, (del cardamomo usaremos sólo las semillas negras del interior de la vaina) añadimos la canela mezclando bien y reservamos. (Si al final sobrara algo de la mezcla de las especias no lo tire. Guárdelo en un frasquito que pueda tapar para usarlo en otras recetas.) Picamos finamente el cilantro y reservamos. Extendemos el hojaldre y  cortamos la masa en cuatro rectángulos. Limpiamos las alcachofas de las hojas exteriores dejando sólo el corazón que cortaremos en dos, quitamos los pelillos y las escaldamos un par de minutos para evitar que se ennegrezcan. 
Espolvoreamos generosamente el interior con la mezcla de especias y rellenamos con cilantro. Unimos las dos partes y las envolvemos con el hojaldre, pegando bien los extremos mojándolos con un poco de agua. (También puede hacerlos si lo prefiere con media alcachofa, en cuyo caso el rectángulo de masa será más pequeño y tendrá el doble de hojaldres...) Los colocamos en una bandeja de horno sobre papel vegetal y los pintamos con el huevo batido.  Dependiendo siempre del tipo de horno, cocemos unos cuarenta minutos,  o hasta que la masa esté bien doradita,  a una temperatura entre 180º y 200º. 

28 de febrero de 2012

Ensalada de habas, aguacate y pimientos asados

De los pimientos y las habas (y de sus virtudes) ya hemos hablado, vea los enlaces. Del aguacate  se dice que está indicado para diabéticos, por su capacidad equilibrante del azúcar en la sangre, que por su contenido en vitamina E es uno de los grandes antioxidantes aliados contra el cáncer y el envejecimiento. Aporta también vitaminas del grupo B (B1, B2 y B3) así como hierro, fósforo y magnesio. Originario de México y Perú, es un buen sustituto de las proteínas de la carne; contiene  ácidos grasos esenciales y no produce colesterol.
Así que vamos a preparar una rica, sana y muy fácil ensalada con estos tres ingedientes a la que alegraremos con una vinagreta hecha con un buen aceite de oliva virgen extra en la que sustituiremos el vinagre por vino blanco y una cucharadita de mostaza.

Ingredientes para cuatro personas
I kg gr de habas
Dos aguacates
Dos pimientos rojos asados
Dos hojas de laurel
Aceite de oliva virgen extra
50 cl de vino blanco seco
Media cucharadita de mostaza
Sal

Procedemos asando con suficiente antelación los pimientos, al menos un día antes, ya que los pondremos con su propio aliño (vea aquí una forma de prepararlos). Ponemos las habas a cocer al vapor en una olla con agua en la que habremos puesto las hojas de laurel. Diez minutos deberían ser suficientes, pero compruebe que quedan a su gusto. Las retiramos del fuego, esperamos que se templen y si queremos las quitamos los hollejos (pieles).  Pelamos y cortamos el aguacate en rodajas, (si lo hacemos justo antes de servir, no hay que preocuparse por que se ponga negro, ya que la vinagreta servirá como antioxidante con lo que nos evitaremos adulterar nuestra ensalada con el fuerte sabor del limón.) Preparamos la vinagreta mezclando seis cucharadas de aceite de oliva virgen extra con el vino, la mostaza y la sal, mezclando bien.  Colocamos en el plato las habas y el aguacate, y aliñamos con la vinagreta. Añadimos los pimientos rojos ya aliñados con su adobo y servimos.

Nota Bene para los amantes del sabor del limón: Está claro que lo de adulterar con el limón no es más que una irónica exageración  que sólo demuestra que a mí no me gusta usar limón como aderezo. Me parece que su sabor es tan fuerte que mata el de cualquier cosa a la que se le ponga. Pero si a usted le gusta, adelante, no se prive.

26 de febrero de 2012

Macbeth

Orson Welles
De todos los banquetes literarios llevados al cine, ya sean de origen novelístico o teatral, pocos tienen tanto poder de fascinación como el del tercer acto de Macbeth. Pocos son también tan cinematográficos, con su morbosa atmósfera de miedo, apariciones y esquizofrenia. Así que no podía por menos que tener cabida en este espacio. De Macbeth se han hecho multitud de adaptaciones al cine con más o menos fortuna, desde la de John Emerson en 1916 hasta la de Geofrey Wright en 2006, siendo quizá las más populares la de Akira Kurosawa (Kumonosu jo, 1957), la de Roman Polanski de 1971 y, desde luego esta de Orson Welles de 1948. La relación de Orson Welles con Shakespeare viene de lejos, durante su etapa como actor en el experimental Gate Theatre en Irlanda, antes aún de su debut en Broadway haciendo el Teobaldo en Romeo y Julieta en diciembre de 1934. En 1937 crea junto a John Houseman el Mercury Theatre con el que presenta un vanguardista Julio Cesar situado en la Italia fascista. Su interés por Macbeth se remonta quizá a 1936, cuando con el Federal Theater de Nueva York montó un espectacular y extraño Macbeth Vudú trasladado al Haití del siglo XIX, con todos los actores negros. Volvería en 1947 a la tragedia escocesa en un montaje para el Utah Centennial Festival y en 1948 comenzaría el rodaje de lo que sería el inicio de su trilogía sobre obras de William Shakespeare: este Macbeth, el Othello de 1952 y Campanadas a medianoche (Chimes at Midnight, 1965), inspirada esta en diversas obras del dramaturgo inglés. Macbeth no tuvo demasiado éxito, y aún ahora está considerada la más floja de las tres incursiones de su autor en Shakespesare. Y sin embargo… sin embargo es una magistral lección de cine. Con una estética que remite a los claroscuros del expresionismo alemán, no sólo en el uso de una fotografía extraordinaria de una luz tan contrastada que en ella casi sólo hay blancos y negros, sino en el empleo de la escenografía como método de expresión: espacios brumosos, áridos acantilados, ruinas, extraños pasajes retorcidos con los que resalta los valores emocionales y los cambios psicológicos en los personajes. El dominio de la sintaxis de la imagen que ya había demostrado en sus obras anteriores alcanza aquí niveles de paroxismo: subrayados basados en planos de un abrumador retorcimiento visual, como toda la secuencia del banquete, de los que se sirve para remarcar la irracional ferocidad de la escena; contrapicados que acentúan el dramatismo; o el énfasis de esos primeros planos en los que se reflejan con cruel brutalidad las emociones, ayudado siempre por un vestuario casi surrealista pero que hace destacar aún más la demencial atmósfera de violencia. Siendo como es una de las más fieles adaptaciones al cine de Macbeth, no es sin embargo teatro filmado, es puro cine; Welles deja su inconfundible impronta en cada fotograma, en las referencias que saltan a cada paso y que pueden ir desde Goya hasta Eisenstein revelando un rico universo de recursos narrativos y estéticos. La acción avanza con un ritmo cuya cadencia acentúa las tensiones, no hay respiros en la asfixiante situación que envuelve a los personajes en un círculo dibujado (en la visión de Welles, no en la obra de Shakespeare) por las brujas que abren y cierran este relato de ambición, traición y muerte. Es también un ejemplo de la habilidad para dirigir actores y del poder interpretativo del propio Orson Welles: todo el peso de la película recae en él: atrapado en un destino que él no ha querido; manejado por la ambición y la fría crueldad de Lady Macbeth, empujado por los augurios de las brujas, su interpretación es una fascinante muestra de matices que van de la indecisión a la locura, de la obstinación al miedo. Mención aparte merece la Lady Macbeth de Jeannette Nolan, una de las recreaciones más fascinantes de este personaje, tan plena de sugerencias en la evolución de las emociones, tan alejada del convencional estereotipo de agresiva gestualidad que es fácil comprender que la excelente y contenida composición de esa mujer llena de ambición y crueldad no fuera apreciada en lo que vale...
Y al final queda, ante todo, la fascinación de haber asistido a una película espléndida, a un soberbio homenaje de un genio del cine a un genio de la literatura. 

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Ficha:
Título original: Macbeth
Año de producción: 1948
Duración: 105 min.            
País:  EEUU
Director: Orson Welles
Guión: Orson Welles
Música: Jacques Ibert
Fotografía: John L. Russel
Reparto: Orson Welles, 
                  Jeanette Nolan, 
                  Dan O'Herlihy, 
                  Roddy McDowall, 
                  Edgar Barrier
Género:  Drama.

25 de febrero de 2012

Pimientos asados

Los pimientos rojos, los llamados morrones, asados son una de las más deliciosas delicatesen que sea dado disfrutar. Además  son muy ricos en vitamina C,  llegando a contener más del doble de la que se encuentra en frutas tradicionalmente  consideradas fuente de vitamina C,  como la naranja. También, aunque en menor cantidad,  aportan vitaminas del grupo B (B6, B3, B2 y B1). Su característico color rojo indica que son una buena fuente de carotenos, entre los que se encuentra la capsantina, de propiedades antioxidantes. Entre sus minerales destaca  el potasio, y menor proporción el magnesio, el fósforo y el calcio. Por si fuera poco, esta forma de prepararlos es tan sencilla que sólo hay que seguir dos o tres preceptos básicos para tener éxito.  A la hora de comprarlos elija los que tengan la piel brillante, lisa y sin manchas y de carne firme. En esta preparación pueden usarse como guarnición,  como ingrediente de una ensalada, en canapés, para adornar una paella o un arroz hervido, o como tapa… vaya, como mejor nos guste, por lo que las cantidades dependerán del uso que vayamos a darles. En cualquier caso, calcule un pimiento de tamaño medio y un diente de ajo pequeño por persona.

Ingredientes
Pimientos rojos
Aceite de oliva
Ajos
Sal

Precalentamos el horno a 200º. Lavamos y secamos los pimientos cortando cuidadosamente el tallo si lo tuvieran con el fin de que se mantengan de pie. Los untamos con un chorrito de aceite de oliva distribuyéndolo bien por toda la superficie del pimiento, los colocamos en una fuente, apoyados en su base, y los metemos al horno, bajando la temperatura hasta los 180º. Deje que se hagan sin molestarlos durante al menos hora y media (el tiempo depende, como siempre, del horno, del tamaño de los pimientos…) vigilando sólo para que no se quemen. Puede comprobar si ya están pinchándolos con un tenedor: si entra fácilmente es que ya están. Ahora, apague el horno y olvídese de ellos. Cuando estén bien fríos, procederemos a pelarlos (verá que, si ha seguido las instrucciones, la piel sale sola) recogiendo el jugo con ayuda de un colador, por ejemplo. Retiramos cuidadosamente las semillas y, con los dedos, los cortamos en tiras, poniéndolos en un recipiente con su jugo. Picamos muy finamente los ajos que añadimos a los pimientos junto con un buen chorro de aceite de oliva y sal al gusto. Mezclamos bien y dejamos en este adobo otras ocho horas por lo menos. (Se conservan bien cuatro o cinco días en el frigorífico. Eso sí, sáquelos como mínimo un par de horas antes de consumirlos.)

24 de febrero de 2012

No habrá paz para los malvados

Enrique Urbizu
Decidido a demostrar que en el cine español  se pueden hacer películas tan malas pero tan comercialmente resultonas como en el más tópico cine americano, (y hay que ver que obsesión con los yanquis, oiga) Urbizu nos ofrece otra muestra de su talento para la mímesis, ya que no para el cine, con este desparrame en formato de thriller televisivo. Si ya en sus anteriores creaciones más conocidas, La caja 507 (2002) y  La vida mancha (2003), había dado buena prueba de su afición a los blockbuster  camuflados de cine de acción y/o psicológico, en esta No habrá paz etc  mezcla sin la menor moderación ambos géneros, acumulando en su afán de dar actualidad a la historia, todos los tópicos posibles: desde narcotraficantes sudamericanos  y policías poco ortodoxos hasta yihadistas árabes, consiguiendo un  revoltijo tan indigesto como poco creíble, revoltijo en el que, por extraño que parezca, resuenan en exceso desde los spaghetti western hasta todos los harrys sucios o limpios que en el cine han sido, pasando por un buen número de tics de las series policiacas de televisión (americanas, desde luego) aunque de ellas sólo se hayan tomado los excesos formales. El problema real de este tipo de películas es su radical falsedad, el intento de mostrar un contexto y unas acciones desarrolladas en él que no se corresponden ni tradicional ni ambientalmente con el entorno que pretenden reflejar. Y buena parte de culpa la tiene, desde luego, un guión que está tan lleno de (hiper)actividad (que no de acción) como de trampas, y que ya desde las secuencias iniciales se lanza a la piscina (sin agua) de una incomprensible, gratuita y verdaderamente artificiosa matanza, rodada en el mejor estilo de un spot comercial alla tarantino; un guión en el que la obsesión por retener la atención del espectador lleva a escamotear demasiada información sobre el personaje principal, lo que merma su credibilidad y por tanto la capacidad de empatía entre él y el público, algo que acaba resultando funesto en una historia como esta; y cuando la información llega, es tan banal que termina por destruir todo el armazón sobre el que se ha construido la anécdota, devaluando las razones de su protagonista para comportarse como lo hace. Otro problema, y este  verdaderamente grave, es el reparto. 
José Coronado, que pertenece al género de  intérpretes inexpresivos y que a fuerza de encarnar lo que se tiene por personajes duros se ha creado una cierta reputación de actor, creyendo hacer de la limitación virtud nos ofrece aquí un recital de gestecillos que no pasan de parecer rabietas etílico-infantiloides aunque  estén originadas, se supone,  por un profundo y complejo tormento íntimo que debería conformar un profundo y complejo personaje… que resulta a la postre tan plano como, ya queda dicho, banal. El resto de ¿actores? es aún peor y ninguno pasa del nivel de una serie de tercera categoría, lastrando irremisiblemente el tratamiento de una historia donde son tan importantes los secundarios  como el protagonista. (Para mí es un misterio el por qué los actuales actores españoles secundarios… y principales y terciarios…  hablan tan mal que a ninguno se le entiende). El desarrollo narrativo, que por lo demás  adolece de un claro desequilibrio estructural entre lo que pretende y lo que consigue, tampoco pasa de lo más elemental de un lenguaje cinematográfico donde las sutilezas sobran, puesto que ya hablan los puños y las pistolas; y aunque  es cierto que las escenas de acción (lo mejor de la peli) están rodadas con pulcritud, también lo es que las envuelve un cierto aire de cinismo que las devalúa y las quita profundidad. Ya, ya sé que ha ganado varios Goyas, entre ellos  a la mejor película, al mejor director y al mejor actor. Enhorabuena a todos. 
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Ficha:
Título original: No habrá paz para los malvados
Año de producción: 2011
Duración: 104 min.            
País:  España
Director: Enrique Urbizu
Guión: Michel Gaztambide, Enrique Urbizu
Música: Mario de Benito
Fotografía: Unax Mendía
Reparto: José Coronado, Rodolfo Sancho, 
                 Helena Miquel, Juanjo Artero, 
                 Pedro María Sánchez, Nadia Casado, 
                 Younes Bachir, Karim El Kerem, 
                 Abdel Ali El Aziz, Nasser Saleh, 
                 Juan Pablo Schuck, Eduard Farelo
Género:  Thriller. Policiaco

23 de febrero de 2012

Estofado de alubias pintas y setas

Ya hemos hablado de las propiedades  nutritivas de las legumbres en la receta en la que las preparábamos en  crema (véase). En cuanto a las setas, aportan cantidades apreciables de vitaminas del grupo B, sobre todo B2 y B3, además  de yodo, potasio y fósforo. Recuerde que puede comprarlas deshidratadas, en conserva o congeladas, a su gusto. Las alubias pintas se cocinan tradicionalmente en estofado, con chorizo, tocino y aún oreja o rabo de cerdo. Hoy vamos a prepararlas de una forma mucho más ligera pero igual de rica. El estofado, como se sabe, es el proceso culinario mediante el cual un alimento es sometido a la cocción a fuego lento y en un recipiente cerrado, consiguiendo así conservar una buena parte de los jugos iniciales, manteniendo de esta forma los sabores y aromas de los alimentos. Bueno, pues vamos a ello.

Ingredientes para cuatro personas.
350 gr de alubias pintas
400 gr de setas variadas
Dos patatas medianas
Una cebolla grande
Dos puerros
Dos dientes de ajo
Cuatro clavos de olor
Sal
Pimentón
Aceite de oliva

Pondremos las alubias en remojo la noche antes. Cuando nos pongamos hacerlas, las lavamos bien al  chorro del grifo y las cocemos junto con los clavos de olor durante al menos una hora, controlando para que queden tiernas pero enteras, para lo cual es fundamental hervirlas a fuego  suave. Cuando ya estén, retiramos del  fuego, colamos y reservamos. Pelamos y cortamos en trozos grandes la cebolla y los puerros, escachamos las patatas y lo ponemos todo a rehogar,  con un buen chorro de aceite y a fuego suave, durante diez o doce minutos. Añadimos los ajos cortados en láminas y dejamos unos minutos más, agregamos el pimentón, salamos, removemos bien, cubrimos con el caldo de cocer las alubias, tapamos y hacemos (de nuevo a fuego suave) hasta que las patatas estén tiernas. Añadimos las setas y dejamos otros cinco minutos al final de los cuales agregamos las alubias, rectificamos de sal, removemos bien, damos un hervor suave y dejamos reposar antes de servir.

20 de febrero de 2012

Tiras picantes de pechuga de pollo

Para mí, la carne de pechuga es de las menos apetecibles; tiende a ser demasiado insípida y poco jugosa. Una opción para hacerla un poco más apetitosa es marinarla con las hierbas preferidas de cada uno y hacerla luego al horno, por ejemplo. La opción Villeroy es sólo para fanáticos de la bechamel, y a la plancha queda aún peor. Esta receta juega con el marinado, el rebozado crujiente y las especias picantes que añadan un poco de alegría a la preparación,  y ademas es fácile de hacer. Resulta apta para un aperitivo o para un segundo plato si lo acompañamos con una ensalada o unas verduras salteadas.

Ingredientes para cuatro personas
Dos pechugas de pollo en filetes
Cuatro dientes de ajo
Una docena clavos de olor
Ocho granos de pimienta negra
Cuatro guindillas
Un vasito de brandy
Dos huevos
Tres cucharadas de harina
Dos cucharadas de ajo deshidratado y molido
Pan rallado para rebozar
Sal
Aceite de oliva

Molemos bien en un mortero la pimienta y el clavo. Quitamos las semillas a las guindillas y añadimos la carne  al mortero, machacándolas para que se mezclen con las especias. Pelamos  los ajos y los agregamos a la mezcla, machacando bien de nuevo y mezclamos todo con el vaso de brady. Cortamos los filetes de las pechugas en tiras de dos-tres centímetros de ancho, los colocamos en una fuente honda y los cubrimos con el marinado, removiendo para que se empapen bien, y dejamos reposar al menos un par de horas. (Mejor si lo preparamos la noche anterior). Cuando vayamos a hacerlas, las sacamos del marinado, las secamos cuidadosamente pero sin quitar los restosde las especias y el ajo que lleven adheridas. Las pasamos por harina, huevo y pan rallado, al que habremos añadido y mezclado bien el ajo deshidratado, y las freímos a fuego medio hasta que el rebozado quede dorado y crujiente. Cuando estén, las sacamos y las ponemos sobre papel absorbente para que suelten el aceite.

18 de febrero de 2012

Shame

Steve McQueen
Segundo largometraje de Steve MCQueen, Shame es una (excesivamente) glacial indagación en lo más escabroso de la personalidad de un sexo-adicto, aunque en realidad la película pueda interpretarse de muy diversas formas (o, según se decía antes, admite varias lecturas.) Quizá trate de la soledad como metáfora de un sistema social alienante y destructivo;  o del sexo como producto de consumo y las decepciones que ello acarrea llevado al extremo de la autofagia… o del círculo vicioso de un modo de vida insatisfactorio… La anécdota narrada es apenas consistente y la historia se apoya más en la capacidad de sugerencia del personaje, en  la atracción/repulsión que provoca, y en la imagen como medio para expresarla, que en un ilusorio continuum narrativo donde la acción gira sobre sí misma sin que se produzca avance ni en el devenir de la narración ni evolución alguna en el personaje. La fría atmósfera, casi de irrealidad, en la que se mueve toda la peripecia lastra por momentos la credibilidad de lo que vemos, aunque en ocasiones contribuya a dibujar con más nitidez la elusiva y enfermiza psicología del protagonista; esta dicotomía hace sin embargo que toda la película resulte un tanto arrítmica, falta de esa unidad diríamos de carácter que McQueen parece querer lograr, sin conseguirlo tampoco del todo, por medio de un lenguaje visual basado en el uso de un par de estilemas que acaban produciendo más fatiga que otra cosa y que son ya la marca de la casa: por un lado, el empleo de planos  muy largos (en Hunger, su primer largometraje de 2008, hay uno de más de 16 minutos); y por otro lo que yo llamaría la división del fotograma. McQueen compone cuidadosamente cada plano de una forma que acaba resultando más un tic que un sello personal: sitúa siempre a sus personajes a la derecha o a la izquierda de la imagen, dejando un inmenso espacio vacío generalmente desenfocado que se come literalmente todo lo demás, y lo que es peor, distrae la atención. Claro, el uso reiterado de esos dos recursos acaba convirtiendo un estilo con vocación de sobriedad en un fatigoso y por momentos aburrido barroquismo visual. 
El tratamiento distanciador dado a la forma de narrar resulta de una frialdad quirúrgica y las escenas de sexo más o menos explícito que ocupan una buena parte del metraje parecen ejercicios gimnásticos ejecutados por muñecos inanimados; ni siquiera en lo que podríamos llamar aproximaciones, esos obsesivos primerísimos planos, hay el menor calor, convirtiendo el acto sexual en abstractas representaciones de, supongo, la inanidad vital del héroe. La aparición del personaje que interpreta  (magníficamente) Carey Mulligan, no sólo interrumpe la vida de su desnortado hermano: interrumpe la mínima acción existente distrayendo y rompiendo la unidad de acción para proponernos un nuevo desvarío que nada  aporta salvo el pretexto para algún desnudo y la más torpe y truculenta de las escenas de este irregular pero estimulante filme (¿quizá también la excusa para justificar freudianamente la actitud del protagonista?). Pero McQueen tiene, me parece, madera de buen director, y cuando se olvida de ser original y trascendente a toda costa consigue momentos de buen cine como en las secuencias de la cena en el restaurante o del ligón en la barra del bar, donde la ironía con que está tratada la situación aligera por un momento la pesadez un poco rígida que tiene toda la película dejando un refrescante aroma de refinada comedia. Y dirige bien a los actores: hay que dejar constancia del excelente trabajo del ubicuo Michael Fassbender, en una caracterización llena de matices de un personaje complejo y contradictorio, y ya se ha dicho de la excelente interpretación de Carey Mulligan, de la que yo resaltaría ese (nuevamente) larguísimo y tenso plano cuando canta, o mejor, susurra la canción New York, New York. Le falta quizá, a McQueen, un poco de compasión por sus personajes: los planos con los que cierra esta desasosegante historia, repetición de los que la abren, dejan poca esperanza sobre la posibilidad de romper  ese círculo vicioso que, un poco perversamente, propone el propio director. ¿Puede una película ser al mismo tiempo estimulante y monótona? Puede, y este es el ejemplo. Pero es también muy recomendable no perder de vista a su director: tendremos a un gran cineasta en cuanto consiga desprenderse de la retórica visual que ahora lastra su obra, y de su afán de ser personal a cualquier precio.
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Ficha:
Título original: Shame
Año de producción: 2011
Duración: 99 min.            
País:  Inglaterra
Director: Steve McQueen
Guión: Steve McQueen, Abi Morgan
Música: Harry Escott
Fotografía: Sean Bobbitt
Reparto: Michael Fassbender, Carey Mulligan, 
                 James Badge Dale, Nicole Beharie, 
                 Jake Richard Siciliano, Hannah Ware, 
                 Alex Manette, Chris Miskiewicz,
                 Jay Ferraro, Anna Rose Hopkins, 
                 Eric Miller
Género:  Drama

17 de febrero de 2012

Caballo de batalla

Steven Spielberg
Steven Spielberg, esa especie de Midas con síndrome de Peter Pan, nos ofrece otra muestra de su talento para producir… dinero.  War Horse es una película hecha con un ojo en la taquilla y otro en la cámara con la que se ha rodado. Lástima que este último haya estado casi todo el tiempo guiñado, me figuro que por aquello de enfocar bien lo que veía el primero. Así, y a partir de un ciertamente buen guión basado en una novela de Michael Morpurgo, en el que sin embargo se dan cita todos los tics del más bobalicón espíritu sensiblero y cursi, con unos personajes salidos de la más rancia imaginería estadounidense, (aunque la cosa se desarrolla en Inglaterra y con personajes presuntamente ingleses. Bueno, y alemanes, y franceses, todos  hablando un perfecto inglés…) y con el énfasis puesto en lo más banal de la banal historia, Spielberg perpetra 146 inacabables minutos de galopadas, lacrimogenia y absoluta vacuidad. Con una estructura narrativa que recuerda aquella añeja historia del Rolls Royce amarillo, el caballo del título va pasando de mano en mano hasta que uno de los muchos deus ex machina que reblandecen el argumento de esta fábula, hace que el pobre bicho (¿o hay que decir el noble bruto?) vuelva con su noble, valiente, testarudo e infantiloide dueño. En medio se han sucedido toda suerte de aventuras y sobre todo desventuras,  cargas de caballería, batallas (la del Somme, nada menos, cuyos contendientes acuerdan una tregua para… perdón, iba a decir para salvar al soldado Ryan, pero no, claro, sólo al caballo Joey) y hasta huerfanitas… e incluso una especie de demente concurso de arada, todo a la mayor gloria de la más absoluta nada y trufado con gracietas y chistecillos de parvulario. Los personajes se atienen todos al canon más tópico de la abnegación o la vileza, según el papel que la historieta les asigne, en un trivial desfile de manoseados arquetipos con los que los actores tienen que bregar con poco éxito. Se salva el extraordinario Peter Mullan, capaz siempre de hacer convincente cualquier personaje. Naturalmente todo ello tiene un elemental final feliz, como toda fábula moral que se precie, sobre todo si es moral norteamericana: sobre un fondo de cielo crepuscular en rojos y negros sacado directamente de Lo que el viento se llevó, fotografiada a contraluz, sólo siluetas negras,  se reúne la familia contemplada por el heroico, inteligente y fiel caballo. Fin. (Deo gratias.) 
Claro, lo que ocurre es que Spielberg es sobre todo un extraordinario director. Posee un dominio admirable de todos los recursos estilísticos necesarios para convertir una anécdota tontorrona como esta en una desmesurada epopeya. La cadencia con la que se desarrolla la acción es realmente trepidante, sin que el ritmo decaiga nunca y en la que los momentos de relax narrativo están dosificados se diría que cronómetro en mano… Hay imágenes de potente belleza aunque sólo sirvan para ilustrar situaciones que no es que sean poco creíbles, sino que están desarrolladas de forma que resultan absurdas por completo, como esa carga de la caballería inglesa contra el campamento alemán, o la persecución del caballo por el tanque. La capacidad de Spielberg para crear desasosiego (¡cómo se añora al director de Duel!) queda patente en la alucinada cabalgada del caballo a través de las alambradas de esa devastada No Man's Land tan espléndidamente fotografiada por Janusz Kaminski… Lástima, sí, que todo ese derroche de sabiduría esté al servicio de esta oportunista película (...que ha conseguido un montón de nominaciones a los Oscar, claro, y yo además le daría al caballo el Oscar al mejor actor. Qué habilidad interpretativa y qué expresividad tiene el animalito, oigan.) 
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Ficha:
Título original:War Horse
Año de producción: 2011
Duración: 146 min.            
País:  USA
Director: Steven Spielberg
Guión: Lee Hall, Richard Curtis
Música:  John Williams
Fotografía: Janusz Kaminski
Reparto: Jeremy Irvine, Emily Watson, 
                 Peter Mullan, Niels Arestrup, 
                 Tom Hiddleston, David Thewlis, 
                 Benedict Cumberbatch, Celine Buckens, 
                 Toby Kebbell, David Kross, Nicolas Bro,
Género: 
Bélico. Drama

16 de febrero de 2012

Rape con setas

El rape es un pescado cuyo contenido en grasa  es muy bajo, (2 gramos por cada 100 de porción comestible) por lo que resulta muy adecuado en las dietas de adelgazamiento, siempre que se cocine sin exceso de grasas ni salsas calóricas. Aporta vitaminas del grupo B, (B1, B3 y B9) y minerales como  potasio, fósforo, magnesio y hierro.  Además, al ser su carne consisten y firme y sin espinas es ideal para iniciar a los niños en el consumo de pescado. Puede presentarse en múltiples y diferentes preparaciones, como ingrediente principal o como añadido en paellas, croquetas, cremas… combinando perfectamente con casi cualquier otro alimento. Hoy vamos a hacerlo muy fácil y con una rica salsa de setas. Recuerde que es posible encontrar en el comercio setas deshidratadas, en conserva, e incluso congeladas, de muy buena calidad.

Ingredientes para cuatro personas
800 gr de rape en cuatro trozos
400 gr de setas variadas
Una cebolla mediana
Dos cucharas de eneldo picado
125 ml de vino blanco
125 ml de caldo de pescado
75 ml de brandy
Aceite de oliva
Sal
Pimienta

Cortamos la cebolla en juliana y la pochamos a fuego suave hasta que esté blanda pero sin que tome color. Escurrimos bien el aceite sobrante y añadimos las setas troceadas junto con el caldo de pescado y el vino blanco, cociendo a fuego lento unos cinco minutos. Añadimos el rape lavado y seco y dejamos otros diez o quince minutos más según sea el grosor de las tajadas de rape, teniendo siempre en cuenta que si lo pasamos demasiado quedará más duro y menos jugoso. Agregamos el eneldo, salpimentamos y regamos con el brandy removiendo bien y hacemos otros cinco minutos; apagamos el fuego y dejamos reposar un poco antes de servir. Normalmente las setas espesan la salsa, lo que junto a la reducción por la cocción es suficiente para conseguir una consistencia suave y cremosa, pero si quedara muy líquida, puede espesarse con una cucharadita de harina previamente tostada. En ese caso, retire el rape y deje hervir hasta que espese.

13 de febrero de 2012

Espaguetis con gambas y calabacín

Aunque su origen es aún discutido, parece que fue Marco Polo quien introdujo la pasta en Italia en el siglo XIII a su vuelta de sus viajes a Oriente, extendiéndose luego desde allí por todo Occidente sobre todo a partir de principios del siglo XX. En todo caso, se  han  encontrado los fideos más antiguos que se conocen (Sic). Son delgados, amarillos, miden 50 cm de largo y están hechos de un mijo originario de China. Se descubrieron en un tazón de barro sepultado bajo una capa de sedimento de tres metros de espesor cerca del río Huang Ho (río Amarillo) en el noroeste de China, lo que ha permitido a Houyuan Lu, de la Academia de Ciencias de China, afirmar que este descubrimiento ha demostrado que la primera producción de fideos tuvo lugar en China. (Vea el artículo en Wikipedia). Sea como fuere, la principal aportación nutritiva de la pasta son los hidratos de carbono, así como proteínas, grasas y minerales. Las pastas a las que en el proceso de fabricación se hayan añadido hortalizas tales como espinacas, zanahorias o tomate (las típicas pastas de colores) aportan también algunas vitaminas del grupo B. Contrariamente a que lo que se suele creer, por ser las pastas un alimento rico en hidratos de carbono, no engordan tanto como se dice. 
Lo que contribuye a ganar peso es el exceso de calorías provenientes de las salsas y acompañamientos de las pastas. Vaya, que si comemos unos espaguetis con una sencilla salsa de tomates, aportaremos menos grasas que si añadimos quesos, natas, carnes, etc. y verdaderamente es en la forma de prepararlas donde está el peligro (de sobrepeso), ya que la pasta  va bien con casi todo y una vez más hay tantas recetas como cocineros. Hoy vamos a hacer unos espaguetis sencillos, sabrosos y muy poco calóricos. (N. B. en español debe decirse, y sobre todo, escribirse espaguetis, adaptación gráfica del plural italiano spaghetti. Deben evitarse formas híbridas tales como  spagueti,  espaguetti o  spaguetti, que no son ni italianas ni españolas. Véase en el Diccionario Panhispánico de dudas la entrada espagueti).
 
Ingredientes para cuatro personas.
300 gr de espaguetis
250 gr de gambas
Un calabacín mediano
Cuatro cebollitas francesas
Dos puerros
500 gr de tomates bien maduros
Dos dientes de ajo
Aceite de oliva
Una cucharada de orégano

Una cucharada de cilantro
Dos o tres hojas de laurel
Sal
Pimienta

 
Pelamos las gambas y las reservamos. (No tire las pieles ni las cabezas: puede hacer un caldo muy rico con ellas para utilizar en otras preparaciones). Pelamos las cebollas, las picamos en juliana y las ponemos a  pochar con un chorro de aceite, cuidando que no se quemen. A media cocción añadimos los puerros también limpios y en juliana y los ajos pelados y cortados en láminas y dejamos que se hagan hasta que estén blandos. Agregamos los tomates pelados y muy bien troceados y cocemos durante unos quince minutos a fuego suave. Cuando falten unos seis o siete minutos añadimos el calabacín cortado en pequeños dados, el orégano, el cilantro y las gambas, mezclando bien. Mientras, cocemos la pasta siguiendo las instrucciones del fabricante en una olla con abundante agua, sal, y un chorrito de aceite. (Los italianos, que dicen saber de pastas más que nadie en el mundo, aconsejan cocer la pasta sin tapar la olla…) Unos tres minutos antes de retirar del fuego le añadimos las hojas de laurel. Escurrimos bien y mezclamos con la salsa, dejando un par de minutos al fuego sin que hierva para que se mezclen bien los sabores.

7 de febrero de 2012

Drácula (de Coppola)

F. F. Coppola
Si hablamos de cine y su relación con la comida, no cabe duda de que las películas de vampiros pueden considerarse dentro del género… Vaya, al menos, mordiscos sí hay. No en esas memeces light para adolescentes que se hacen ahora, claro, pero… ¿qué tal un Drácula tan famoso y, teóricamente, suculento como el de Mr. Coppola? Pues vamos a ello: se ha dicho con insistencia y hasta la saciedad que esta es la adaptación más fiel de la novela de Bram Stoker, e incluso el título original de la película (Bram Stoker's Dracula) incide en esa pretensión. Vale, pero no. Partamos del hecho bien sabido de que prácticamente a todas las adaptaciones de obras literarias al cine puede aplicárseles aquel dicho italiano sobre los traductores y los traidores, lo que es lógico, ya que los lenguaje narrativos de la literatura y el cine son, claro, bien distintos. Pero puesto que fiándose, creo, más de la publicidad promocional de la película que de la lectura del libro de Stoker, se insiste tanto en esa fidelidad como un valor adicional del filme, convendría aclarar que en realidad (en el fondo, es decir, en el espíritu de la obra) es la adaptación más engañosa. Me explico. El Drácula de Stoker es la encarnación del Mal en un sentido moral y hasta metafísico visto, desde luego, con una óptica enteramente influida por la visión cristiana de ese concepto, (pero eso es otra cosa de la que este no es el sitio para hablar). Y lo que la novela de Stoker narra bajo la forma de un relato que hoy llamamos de género gótico, no es sino la eterna lucha entre el Bien y ese Mal que aquí (en la novela) toma la forma de una de las pesadillas recurrentes de la humanidad: qué hay después de la muerte y el miedo (tan cristiano, también, sí) a ese después. Así que cuando el guionista James V. Hart convierte todo ese tinglado en una desaforada historia de amor (muy made in Hollywood, claro, donde los resultados contables están siempre por encima de cualquier sutileza filosófica, como demuestra el hecho de que el invento fue uno de los mayores éxitos económicos de su director, cuyos beneficios, por cierto, le dieron para comprarse un castillo y unos extensos viñedos), cuando Hart, decía, transforma todo eso en la historia que nos venden como Bram Stoker's Dracula, está traduciendo-traicionando la obra original, trocando un conflicto moral y quasi teológico en una adocenada y almibarada historia de amores contrariados… y esto no es un juicio de valor, sino un hecho perfectamente objetivo. Se ha hablado de lo acertado del prólogo, y por supuesto, convengo en que es espectacular (aparatoso, diría yo más bien, y en exceso romántico) y además una excelente excusa para justificar toda la posterior reducción del libro a una historia de amor desmedido, con cruces de océanos de tiempo, etc… Pero para quien no haya leído el libro, estaría bien recordar que la decisión del conde Drácula de viajar a Inglaterra no se explica en la novela, y desde luego nada tiene que ver con la búsqueda de un amor perdido y reencarnado ahora… Claro que Hart es un astuto guionista, autor de cosas tan interesantes como Hook (El capitán Garfio, Steven Spielberg 1991) o Lara Croft Tomb Raider: The Cradle of Life (Lara Croft Tomb Raider 2: La cuna de la vida, Jan de Bont 2003), y de hecho, yo creo que ese prólogo es lo mejor de la función… aunque luego las imágenes sean más de Kurosawa que de Coppola. 
En realidad nada de todo esto tendría importancia si no se utilizara como ejemplo de las supuestas bondades de la película, olvidando sus muchos defectos, su barato efectismo y su descarado enfoque mercantilista, empezando por un reparto tan flojo como comercial al que se añadió la guinda de qualité de Anthony Hopkins, aunque luego este haya llevado su interpretación del doctor Van Helsing hasta la parodia, seguramente para estar a la altura del histrionismo y los excesos de Gary Oldman del que como ejemplo elogioso se dice que tardaban cinco horas en maquillarle. (Sin comentarios). De los demás, Keanu Reeves sigue siendo uno de los actores más inexpresivos de su generación, y Winona Ryder, aparte de su palmito, poco más es capaz de aportar… La decisión de rodar toda la película en estudio, otro de los supuestos méritos del filme, estuvo motivada por la necesidad de economizar en gastos de producción, aunque siempre es posible echar mano del homenaje a los viejos tiempos para justificar lo que sea necesario (recuerden: Coppola se encontraba en muy mala situación económica tras los fracasos comerciales de sus últimas películas y en Columbia Pictures se negaron a invertir los 60 millones de dólares que Coppola estimaba necesarios). Los efectos especiales, también muy elogiados, son bastante simplones y ya muy caducos, reconozcámoslo. Sí estoy de acuerdo con lo que algún crítico, queriendo hacer un elogio ha dicho: esa enfermiza atmósfera (que por otra parte en más de una ocasión roza la estética del videoclip) es absolutamente imposible. Absolutamente cierto... Otra de las secuencias más alabadas es la de las vampiresas, a propósito de lo cual se dice que Coppola pretendía que aparecieran completamente desnudas, a lo que en la Columbia, claro, se negaron, con el resultado de que el apaño ha terminado siendo lo más parecido a una sesión de barato cine porno, más sonrojante que excitante. No hablemos de estructura narrativa, de exploración del lenguaje cinematográfico o de indagación en la psicología de los personajes: nada de eso importa en esta película, claramente ideada como vehículo de recaudación… donde lo único que parece importar son las formas, cuanto más aparatosas mejor venga o no a cuento, eso que se ha dado en calificar como estilo operático y que imagino que se refiere al parecido de la escenografía (¿o debería decir mise-en-scène?) con una ópera. Sí, claro que el ritmo de la película es trepidante, ni más faltara con un director como Coppola y un buen equipo en la sala de montaje…
Vale, por supuesto que nada de malo hay en hacer un filme comercial. Siempre, eso sí, que no se nos venda como oro lo que sólo es oropel.
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Ficha:
Título original: Bram Stoker' Dracula
Año de producción: 1992
Duración: 130 min.            
País:  USA
Director: Francis Ford Coppola
Guión: James V. Har
Música:  Wojciech Kilar
Fotografía: Michael Ballhaus
Reparto: Gary Oldman, Anthony Hopkins, 
                 Winona Ryder, Keanu Reeves, 
                 Cary Elwes, Monica Bellucci, 
                 Sadie Frost, Tom Waits, 
                 Bill Campbell, Richard E. Grant
Género:  Terror, fantástico