13 de octubre de 2011

Crema de calabacín con aguacate

Aunque en su origen (francés, bien entendu: crème) la crema era una preparación usada por lo común como postre o acompañamiento de un postre, y por lo tanto de sabor dulce, lo cierto es que también se acostumbra a usar este término para lo que la RAE,  en la entrada correspondiente a esta palabra, define en su cuarta acepción como Sopa espesa. Y con este sentido se pueden encontrar multitud de preparaciones con los más diversos ingredientes vegetales o animales y mezclas de ambos para tratar de conseguir eso que a los adeptos de, y los adictos a, la nueva cocina tanto les pone: mezclar sabores, olores, texturas, colores… en fin esa orgía de los sentidos que parece ser la finalidad de los nuevos guisos, convertida la cocina en taller de arte más que en fábrica de alimentos. Y bien está que así sea, siempre que las mezclas no sean demasiado antitéticas y no nos dejemos impresionar por esa especie de retórica cuasi poética al nombrar los platos a la que tan aficionados son estos nuevos cocineros. (Un ejemplo ilustre: tempura de salicomia al azafrán con emulsión de ostra, original, claro está,  de San Ferran Adrià, patrono de todos los que, convertida la gastronomía en una rama del arte conceptual, pretenden ser alguien en el submundo de la cocina artística.)

Y puesto que de cremas hablamos, hoy vamos a preparar una crema de calabacín con aguacate, a la que esta fruta confiere una textura especialmente suave y cremosa, atemperada por el sabor del clavo y el vino. Al hacer las verduras al vapor resulta, además, más ligera al no llevar nada de la grasa que se le añade con el rehogado habitual.

Ingredientes para 4 personas.
3 calabacines medianos.
1 cebolla
2 puerros
1 patata mediana
1 aguacate maduro
100 cl de vino blanco seco
Sal
Dos o tres clavos de olor
Un par de hojas de laurel
Nuez moscada

Pelamos y troceamos la cebolla, la patata y los puerros, troceamos los calabacines  y lo hacemos todo al vapor durante quince o veinte minutos en una cazuela donde previamente habremos puesto las hojas de laurel en el agua. Mientras, pelamos el aguacate y le trituramos en la batidora junto con el vino hasta conseguir una textura cremosa. Reservamos. Machacamos bien en el mortero los clavos de olor. Cuando las verduras estén hechas las trituramos bien y pasamos el puré resultante por el chino o un colador fino. Llevamos al fuego sin dejar que hierva y añadimos el clavo y el aguacate removiendo bien para que se mezclen las dos cremas.  Salar, retirar del fuego y dejar reposar unos minutos para que se impregne del aroma del clavo. Servir espolvoreado con la nuez moscada y acompañado con unos dados de aguacate.

11 de octubre de 2011

Pina

La relación de Win Wenders con el mundo del espectáculo en vivo, con la música sobre todo, viene ya desde el inicio de su carrera como director (su primer largometraje, Verano en la ciudad de 1970, está dedicado al grupo The Kinks.) Ha dirigido también vídeos musicales como Night and Day con U2, grupo del que ha incluido canciones en algunas de su películas, como en Hasta el fin del mundo (1991), Tan lejos, tan cerca (1993)  o Llamando a las puertas del cielo (2005). En 1998 filmó Willie Nelson at Teatro, un corto con 10 canciones de Willie Nelson con la intervención entre otros de Emmylou Harris. Por no hablar de su más conocida obra en este género, Buena Vista Social Club, de 1999 o The Soul of a Men de 2005 protagonizada por Chris Thomas King, Keith B. Brown, y James Hughes, grandes intérpretes de blues.Y ya se habla de que junto con el director ruso Kirill Petrenko podrían encargarse de la puesta en escena de "El Anillo de los Nibelungos" en la edición de 2013 del prestigioso Festival de Bayreuth, en el que se celebra el 200 aniversario del nacimiento del compositor Richard Wagner... Así que no es de extrañar que acabara fijando su atención en la vida y la obra de uno de los personajes más carismáticos del mundo de la música en el teatro, la coreógrafa y bailarina Pina Bausch con la que además le unía una gran amistad.
Pese al título,  no es una película sobre Pina Bausch sino una antología de su coreografías (Café MüllerKontakthof, Le sacre du printemps o Volmont) punteadas por comentarios de los bailarines de su compañía. Y ya el propio Wenders avisa: no es una película sobre Pina Bausch, sino una película para Pina Bausch. Un homenaje, pues, y ahí está la primera pega que, desde el punto de vista de la concepción del guión se le puede poner a esta película: cae sin ningún pudor en la alabanza sin matices obviando posibles críticas y aspectos menos luminosos de su carácter (que me figuro que también los tendría...) Quizá por eso haya que mirar con un cierto escepticismo la inefable bondad del personaje, no dejarse llevar por el impacto emocional del buenismo que rezuma toda la obra, no dejarse deslumbrar por la palabrería de los vendedores de 3D y mirar la película como lo que es: una muy poco original manera de filmar el ballet, pese a las tan cacareadas tres dimensiones.
Wenders es uno de esos directores calificados (y clasificados) como muy personales por la crítica más pazguata y necesitada de estar no ya a la última sino a la próxima. En la práctica eso significa que Wenders es capaz de ir de lo sublime a lo grotesco con paradas intermedias en la mediocridad. Y esta es una de esas paradas. Porque Pina ni siquiera es una mala película, sólo es una adocenada muestra de todos los tópicos sobre la manera de filmar ballet y sobre lo que Pina Bausch entendía por teatro-danza (algo más cerca de la llamada expresión corporal, por ejemplo, que del baile). Y así, los árboles del panegírico casi no dejan ver el bosque de los errores en los que también cae Wenders cuando filma ballet: esa especie de síndrome del primer plano que le hace enseñarnos los rostros casi siempre tensos y contraídos por el esfuerzo, es decir, poco informativos de lo que el cuerpo está diciendo, verdadero protagonista, el cuerpo, del baile incluso (y yo diría que sobre todo) en la coreografías de Pina Bausch; uso y abuso de la grúa para mareo del espectador; uso y abuso de las angulaciones en diagonal que distorsionan la visión global del escenario e impiden hacerse una idea clara de lo que la coreografía quiere expresar, tomas parciales del cuerpo de baile que rompen la uniformidad de la escena... Claro que a veces en esa especie de ventana poblada por muñequitos estilo madelman, en la que el 3D convierte a la pantalla y a los actores-bailarines, aparecen imágenes de potente belleza; que Wenders de vez en cuando nos obsequia con un travelling de sabor clásico... pero poco más, como no sea el recorrido turístico en el monorail de Wuppertal... involuntaria metáfora, quizá, de la manera de mirar de Win Wenders: desde arriba. Lo cierto es que no he podido evitar salir del cine pensando que a quien Win Wenders homenajea en esta película es a sí mismo.
.
Ficha:
Título original: Pina
Año de producción: 2011
Duración: 100 min.
País: Francia, Reino Unido, Alemania
Dirección: Wim Wenders
Guión: Wim Wenders
Música: Varios autores
Fotografía: Hélène Louvart
Reparto: Regina Advento, Malou Airaudo, 
                Ruth Amarante, Pina Bausch,  
                Rainer Behr, Andrey Berezin,  
                Damiano Ottavio Bigi, 
                Bénédicte Billet, Ales Cucek, 
                Clementine Deluy
Premios:
Género: Documental, Musical


7 de octubre de 2011

Tortilla de patatas

Y empezamos con algo sencillo, para no asustar: una tortilla de patatas, también llamada tortilla española, uno de los inventos más extraordinarios del buen hacer culinario, de una sencilez que se acerca a la simplicidad Zen. Con sólo tres elementos tan (aparentemente) humildes como las patatas, las cebollas, y los huevos, más el lujo del aceite de oliva, se consiguen unos resultados en verdad susntuosos. Si usted sigue unos mínimos preceptos, sus comensales se chuparán los dedos, créame. 

Igual que sucede con todos los platos de origen popular, la tortilla de patatas tendrá tantas variantes comno seguidores, pero esta vez la vamos a hacer al estilo clásico: solo patatas, cebollas y aceite de oliva. Y una buena parte del éxito en su confección radica en freír las patatas lentamente: si usted las fríe en menos de 35 - 40 minutos... malo. Recuerde que haciéndolas a fuego lento se consigue no sólo que queden blanditas, sino que el aceite no se descomponga. Recuerde,  "...debe evitarse el sobrecalentamiento, es decir, no es bueno que el aceite de oliva caliente empiece a humear. Lo preferible es no sobrepasar durante la fritura la temperatura de 170º..." (El médico escéptico dixit.) Y hay que vigilarlas, cuidando que no se peguen. Han de quedar blandas pero no doradas.
También hemos de tener en cuenta que estamos haciendo una tortilla y no un ladrillo, por lo que ha de quedar jugosa, es decir que la relación huevos/patatas+cebolla conviene que se incline del lado de los huevos. Una última cosa: utilice una sartén de no más de 23 cm y suficientemente honda. Y ahora vamos a ello.

Ingredientes para cuatro personas:
 
Tres  huevos
Dos o tres patatas (según tamaño)
Una cebolla mediana
Aceite de oliva 
Sal

Pelar y lavar las patatas y las cebollas y cortar en rodajas no muy gruesas. Poner juntas a freir a fuego lento (recuerde, a fuego lento) con abundante aceite de oliva y cuando este ya esté caliente pero sin humear. Mientras, romper los huevos en un plato hondo, añadir  la sal y batirlos. Dejar reposar. Cuando las patatas estén, escurrirlas bien para que la tortilla no quede aceitosa. (Puede hacerlo poniéndolas en un colador grande sobre un cacharro para recoger el aceite). Mezclar patatas y cebolla con el huevo batido. Dejar reposar la mezcla unos minutos con el fin de que las patatas se impregnen bien de huevo, así quedará más jugosa. Quitar todo el aceite de la sartén excepto una cucharada o dos y calentar a fuego medio. Cuajar la mezcla hasta conseguir el punto deseado, procurando que quede bien dorada por ambos lados, y ya está: que aproveche.