18 de octubre de 2011

Alcachofas al vino blanco con jamón

Comienza la temporada de la alcachofa, una planta entre cuyas virtudes destacan que es rica en fibra, que equilibra la presión sanguínea, que su alto contenido en potasio la hace muy diurética... Se la considera un buen depurativo y es uno de los alimentos más indicados para los diabéticos. Como además sabe muy rica vamos hoy a preparar una variante de las típicas alcachofas con jamón en la que vamos a cocerlas al vapor sustituyendo el agua por un vaso de vino blanco.
Pero antes unos consejos: compre siempre alcachofas bien compactas, firmes y con las hojas bien apretadas y brillantes, ya que las más tiernas son las que están cerradas y sus hojas muy apiñadas... Nunca tire el tallo, pélelo y hágalo al mismo tiempo que la alcachofa. Un truco para evitar que se oxiden y ennegrezcan consiste en introducirlas nada más limpiarlas en un recipiente con agua fría donde hayamos puesto unas ramitas de perejil. Conviene consumir la alcachofa recién adquirida, pero podemos prolongar su conservación sumergirendo sus tallos en agua, igual que haríamos con una flor.Y hablando de flores: la alcachofa es la flor a medio formar, no el fruto, de la alcachofera.


Ingredientes para cuatro personas:
Una docena de alcachofas.
2 vasos de vino blanco seco.
150 gramos de jamón ibérico en tacos.
Una cucharada de cebollino picado.
Dos o tres hojas de laurel.
Aceite de oliva.
Sal.  

Ponemos el vino en la olla con las hojas de laurel. Quitamos las hojas exteriores de las alcachofas hasta llegar al corazón, que partiremos en dos longitudinalmente, y quitamos los pelillos interiores. Cuando el vino rompa a hervir los ponemos en la cestilla y tapamos la olla. El tiempo de cocción varía entre quince y veinte minutos, dependiendo de la calidad de las alcachofas y de si usted las prefiere blanditas o al dente. Cuando estén, retiramos la olla del fuego y dejamos reposar unos minutos. Las colocamos en el plato junto con los tacos de jamón, poniendo por encima el cebollino y aderezándolas con un chorrito de buen aceite de oliva virgen y un pellizco de sal. 

16 de octubre de 2011

El árbol de la vida

Tras el habitual y largo paréntesis en su carrera, (seis años esta vez, desde El nuevo mundo, en 2005), genial para unos, insoportablemente pretencioso para otros, Terrence Malick ataca de nuevo. 
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Y esta vez lo hace utilizando la artillería pesada con una catarata de imágenes, un diluvio de símbolos, donde desde la elección de los motivos clásicos de la banda sonora, (El Requiem de Berlioz, la segunda sinfonía de Brahms, la primera de Mahler…) contrastando con el  minimalismo de la música original  de Alexander Desplat, todo parece ideado para apabullar al sufriente espectador. Ya desde la elección de la mínima anécdota en la que se basa el guión, las obsesiones malickianas llegan aquí al paroxismo: sobre todo en su pesimista visión de la maldad intrínseca del hombre (esa idea tan cara a los fundamentalistas del puritanismo cristiano del que Malick parece formar parte) enfrentada a la grandiosa belleza de la naturaleza. Para ello se sirve de una muy convencional anécdota: las problemáticas relaciones de un autoritario padre de familia con su esposa y sus hijos, rememoradas por uno de ellos a través de una serie de flashbacks que van de la América de los años 50 a la actual y que si contribuyen a hacer más compleja y descoyuntada una  narración que poco tiene que ver con el estilo lineal, en nada ayudan a enriquecerla, pues todo consiste en insistir de forma reiterada en secuencias de niños jugando, niños corriendo, niños comiendo… siempre con el temor reflejado en los rostros, secuencias que se van alternando con otras de la esposa acobardada, la esposa tratando de proteger a los niños… siempre con el temor reflejado en su rostro, mientras el personaje que va recordando se mueve en escenarios tan absurdos como aparentemente caprichosos.  
Y no es que eso, la falta de linealidad narrativa sea malo, claro que no, pero venir a estas alturas del curso y después de Buñuel o Godard sin ir más lejos, sentando cátedra de originalidad por ello resulta un tanto excesivo, diría yo. En lo formal, las imágenes rodadas muchas veces cámara en mano, hacen pensar que el director se ha adherido al movimiento Dogma 95 o quizá que está homenajeando al free cinema inglés, pero no. Basta fijarse un poco en el retorcido  preciosismo de las imágenes tan bellamente fotografiadas por Emmanuel Lubezki para desechar semejantes ideas. El abuso de los contraluces entre flotantes cortinas de gasa, los obsesivos primeros planos… todo lleva el signo de la personalidad de Malick. Por no hablar de ese desconcertante homenaje al National Geographic: cerca de veinte minutos de abrumadoras imágenes que van desde las galaxias a los dinosaurios pasando por las medusas o las espiroquetas con parada en la fumarolas y los lagos burbujeantes de Yellowstone, y que no se sabe muy bien a qué necesidad narrativa obedecen. En cuanto a la estructura de la película, Malick no se complica la vida y recurre a su viejo esquema de siempre. Todas sus películas se inician con una voz en off que, o nos cuenta lo que estamos viendo, o nos pone en antecedentes de algo teóricamente vital para la historia como ya hizo en Malas Tierras (Badlands) en 1973, su primera película, o nos advierte de lo que se avecina. Y El árbol de la vida no es la excepción aunque aquí Malick pica más alto y nos obsequia con una cita del Libro de Job en la voz del mismísimo Yahveh. (Por cierto, y comentario al margen: en la versión de la película doblada al castellano, esta voz en off  sobre las palabras impresas en la pantalla comete un error: la cita no es del versículo 38 del Libro de Job, sino del capítulo 38, versículos 4 a 7.) Y para que nada falte, también tenemos la violencia explícita, otra constante en su obra, a veces llevada hasta la truculencia como en algunas secuencias de La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1998), y que aquí se concentra en la actitud de ese padre que aterroriza a su familia con su autoritarismo. Por lo demás, sigue jugando con los mismos símbolos que lleva usando desde hace 42 años: también El árbol de la vida comienza con una muerte como en  Malas Tierras (Badlands, 1973) y Días del cielo (Days of Heaven, 1978). Como en todas sus películas, también en esta está presente el fuego, ¿quizá como metáfora de la cristiana purificación a que ha de someterse el hombre? Sólo que aquí el fuego es un fuego cósmico, el fuego por antonomasia a la altura de las pretensiones del resto de los símbolos, reflejado en las explosiones volcánicas, solares y galácticas…
Hay otro problema en el cine de Terrence Malick, y es, desde mi punto de vista, la selección de los actores. Porque si es a través de sus personajes que Malick quiere expresar esa intrínseca maldad humana, debería convertirlos, dada su pretensión de trascendencia, en arquetipos a la manera, digamos shakespeariana. Pero mal lo tiene, aparte de por la vacuidad new age de sus guiones, con actores de la (escasa) talla interpretativa de los que elige. Pues de la misma forma que en Malas tierras Martin Sheen convierte a  Kit Carruthers en un descerebrado niñato más tonto que perverso, o que Richard Gere en Dias del cielo  parece más terrenalmente despistado que metafísicamente extraviado, en El árbol de la vida Brad Pitt da más la impresión de un cabezota con pocas neuronas que de un malvado pater familias mientras que Sean Penn por su parte está siempre más cabreado que traumatizado.
¿Y qué más? Pues poco más, quizá la idea de la redención humana por el perdón, si es que es eso lo que el final sugiere. Es decir, que poco de nuevo hay bajo el sombrero de este nuevo malick, y que es inevitable salir del cine con la impresión de que el genio está matando moscas a cañonazos, por seguir con la vistosa metáfora del principio de este comentario.
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Ficha:
Título original: The Tree of Life
Año de producción: 2011
Duración: 138 min.            
País: Estados Unidos
Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Reparto: Brad Pitt, Jessica Chastain,
              Hunter McCracken, Sean Penn,
              Laramie Eppler, Tye Sheridan,
              Fiona Shaw, Crystal Mantecon,
              Pell James, Joanna Going,
              Kari Matchett, Michael Showers

Premios: Cannes 2011, Palma de Oro 
               mejor película
Género:  Drama

15 de octubre de 2011

Rollitos de salmón ahumado rellenos de crema de aguacate

Hoy os invito a preparar una tapa muy original que acompañada de una ensalada puede servir también como entrante: unos rollitos de salmón ahumado rellenos de crema de aguacate. Tanto el salmón como el aguacate son ricos en vitaminas del grupo B y en ácidos grasos insaturados, así que aprovechemos sus muchas propiedades y disfrutemos de su rico sabor.   

Las cantidades variarán según vayamos a utilizarlos como entrante o como tapa. En el primer caso, y a título orientativo calcule tres o cuatro lonchas de salmón ahumado por persona y una cucharadita de crema de aguacate por rollito.

Ingredientes.
Salmón ahumado en lonchas
Un aguacate
Medio pepino no muy grande
Medio tomate no demasiado maduro
Hojas variadas para la ensalada
Dos o tres nueces
Aceite de oliva aromatizado con romero
Vinagre de manzana
Sal
Pimienta
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Para la crema de aguacate:
Pelar el pepino y el tomate, salar ligeramente y dejarlos unos diez minutos en un colador para que pierdan parte del agua. A continuación pelar y trocear el aguacate. Quitar la cáscara de las nueces y trocear ligeramente. Poner todos los ingredientes en la batidora y triturar hasta conseguir una pasta no demasiado cremosa. 
Si nos quedara demasiado líquida, agregar unos trozos más de aguacate y batir de nuevo. Añadir un buen chorro del aceite de oliva aromatizado con romero, pimienta al gusto y un poco de sal, (recuerde que el salmón ahumado suele llevar bastante) y remover bien a mano hasta conseguir emulsionar la mezcla. Rellenar con esta crema las lonchas de salmón ahumado y enrollarlas para dar forma al rollito.
Lavar y escurrir bien las hojas de ensalada, añadir unos dados de aguacate, tomate y pepino y aliñar con el mismo aceite al romero y un poco de vinagre de manzana. Colocar en los platos y servir.

13 de octubre de 2011

Crema de calabacín con aguacate

Aunque en su origen (francés, bien entendu: crème) la crema era una preparación usada por lo común como postre o acompañamiento de un postre, y por lo tanto de sabor dulce, lo cierto es que también se acostumbra a usar este término para lo que la RAE,  en la entrada correspondiente a esta palabra, define en su cuarta acepción como Sopa espesa. Y con este sentido se pueden encontrar multitud de preparaciones con los más diversos ingredientes vegetales o animales y mezclas de ambos para tratar de conseguir eso que a los adeptos de, y los adictos a, la nueva cocina tanto les pone: mezclar sabores, olores, texturas, colores… en fin esa orgía de los sentidos que parece ser la finalidad de los nuevos guisos, convertida la cocina en taller de arte más que en fábrica de alimentos. Y bien está que así sea, siempre que las mezclas no sean demasiado antitéticas y no nos dejemos impresionar por esa especie de retórica cuasi poética al nombrar los platos a la que tan aficionados son estos nuevos cocineros. (Un ejemplo ilustre: tempura de salicomia al azafrán con emulsión de ostra, original, claro está,  de San Ferran Adrià, patrono de todos los que, convertida la gastronomía en una rama del arte conceptual, pretenden ser alguien en el submundo de la cocina artística.)

Y puesto que de cremas hablamos, hoy vamos a preparar una crema de calabacín con aguacate, a la que esta fruta confiere una textura especialmente suave y cremosa, atemperada por el sabor del clavo y el vino. Al hacer las verduras al vapor resulta, además, más ligera al no llevar nada de la grasa que se le añade con el rehogado habitual.

Ingredientes para 4 personas.
3 calabacines medianos.
1 cebolla
2 puerros
1 patata mediana
1 aguacate maduro
100 cl de vino blanco seco
Sal
Dos o tres clavos de olor
Un par de hojas de laurel
Nuez moscada

Pelamos y troceamos la cebolla, la patata y los puerros, troceamos los calabacines  y lo hacemos todo al vapor durante quince o veinte minutos en una cazuela donde previamente habremos puesto las hojas de laurel en el agua. Mientras, pelamos el aguacate y le trituramos en la batidora junto con el vino hasta conseguir una textura cremosa. Reservamos. Machacamos bien en el mortero los clavos de olor. Cuando las verduras estén hechas las trituramos bien y pasamos el puré resultante por el chino o un colador fino. Llevamos al fuego sin dejar que hierva y añadimos el clavo y el aguacate removiendo bien para que se mezclen las dos cremas.  Salar, retirar del fuego y dejar reposar unos minutos para que se impregne del aroma del clavo. Servir espolvoreado con la nuez moscada y acompañado con unos dados de aguacate.

11 de octubre de 2011

Pina

La relación de Win Wenders con el mundo del espectáculo en vivo, con la música sobre todo, viene ya desde el inicio de su carrera como director (su primer largometraje, Verano en la ciudad de 1970, está dedicado al grupo The Kinks.) Ha dirigido también vídeos musicales como Night and Day con U2, grupo del que ha incluido canciones en algunas de su películas, como en Hasta el fin del mundo (1991), Tan lejos, tan cerca (1993)  o Llamando a las puertas del cielo (2005). En 1998 filmó Willie Nelson at Teatro, un corto con 10 canciones de Willie Nelson con la intervención entre otros de Emmylou Harris. Por no hablar de su más conocida obra en este género, Buena Vista Social Club, de 1999 o The Soul of a Men de 2005 protagonizada por Chris Thomas King, Keith B. Brown, y James Hughes, grandes intérpretes de blues.Y ya se habla de que junto con el director ruso Kirill Petrenko podrían encargarse de la puesta en escena de "El Anillo de los Nibelungos" en la edición de 2013 del prestigioso Festival de Bayreuth, en el que se celebra el 200 aniversario del nacimiento del compositor Richard Wagner... Así que no es de extrañar que acabara fijando su atención en la vida y la obra de uno de los personajes más carismáticos del mundo de la música en el teatro, la coreógrafa y bailarina Pina Bausch con la que además le unía una gran amistad.
Pese al título,  no es una película sobre Pina Bausch sino una antología de su coreografías (Café Müller, Kontakthof, Le sacre du printemps o Volmont) punteadas por comentarios de los bailarines de su compañía. Y ya el propio Wenders avisa: no es una película sobre Pina Bausch, sino una película para Pina Bausch. Un homenaje, pues, y ahí está la primera pega que, desde el punto de vista de la concepción del guión se le puede poner a esta película: cae sin ningún pudor en la alabanza sin matices obviando posibles críticas y aspectos menos luminosos de su carácter (que me figuro que también los tendría...) Quizá por eso haya que mirar con un cierto escepticismo la inefable bondad del personaje, no dejarse llevar por el impacto emocional del buenismo que rezuma toda la obra, no dejarse deslumbrar por la palabrería de los vendedores de 3D y mirar la película como lo que es: una muy poco original manera de filmar el ballet, pese a las tan cacareadas tres dimensiones.
Wenders es uno de esos directores calificados (y clasificados) como muy personales por la crítica más pazguata y necesitada de estar no ya a la última sino a la próxima. En la práctica eso significa que Wenders es capaz de ir de lo sublime a lo grotesco con paradas intermedias en la mediocridad. Y esta es una de esas paradas. Porque Pina ni siquiera es una mala película, sólo es una adocenada muestra de todos los tópicos sobre la manera de filmar ballet y sobre lo que Pina Bausch entendía por teatro-danza (algo más cerca de la llamada expresión corporal, por ejemplo, que del baile). Y así, los árboles del panegírico casi no dejan ver el bosque de los errores en los que también cae Wenders cuando filma ballet: esa especie de síndrome del primer plano que le hace enseñarnos los rostros casi siempre tensos y contraídos por el esfuerzo, es decir, poco informativos de lo que el cuerpo está diciendo, verdadero protagonista, el cuerpo, del baile incluso (y yo diría que sobre todo) en la coreografías de Pina Bausch; uso y abuso de la grúa para mareo del espectador; uso y abuso de las angulaciones en diagonal que distorsionan la visión global del escenario e impiden hacerse una idea clara de lo que la coreografía quiere expresar, tomas parciales del cuerpo de baile que rompen la uniformidad de la escena... Claro que a veces en esa especie de ventana poblada por muñequitos estilo madelman, en la que el 3D convierte a la pantalla y a los actores-bailarines, aparecen imágenes de potente belleza; que Wenders de vez en cuando nos obsequia con un travelling de sabor clásico... pero poco más, como no sea el recorrido turístico en el monorail de Wuppertal... involuntaria metáfora, quizá, de la manera de mirar de Win Wenders: desde arriba. Lo cierto es que no he podido evitar salir del cine pensando que a quien Win Wenders homenajea en esta película es a sí mismo.
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Ficha:
Título original: Pina
Año de producción: 2011
Duración: 100 min.
País: Francia, Reino Unido, Alemania
Dirección: Wim Wenders
Guión: Wim Wenders
Música: Varios autores
Fotografía: Hélène Louvart
Reparto: Regina Advento, Malou Airaudo, 
                Ruth Amarante, Pina Bausch,  
                Rainer Behr, Andrey Berezin,  
                Damiano Ottavio Bigi, 
                Bénédicte Billet, Ales Cucek, 
                Clementine Deluy
Premios:
Género: Documental, Musical