12 de mayo de 2014

Truchas en escabeche

A veces, hurgando entre viejas fotos y antiguas cartas, entre papeles olvidados, se encuentran pequeños tesoros que nos devuelven a tiempos ya idos. Esta vez han sido unas recetas de cocina que mi madre escribía en trozos de papel, reverso de recibos, hojas de cuadernos o cartas para mi hermana que en aquellos días (era el final de los años 60) vivía en Barcelona. He rescatado algunas de esas recetas que iré publicando aquí conforme las vaya reproduciendo. Son recetas sencillas, para hacer en casa, pero tienen, al menos para mí (ay, las trampas de la nostalgia,) un encanto especial y la ventaja de estar hechas con ingredientes naturales. Como estas truchas escabechadas que hoy les ofrezco, cúya es la receta que yo he ajustado un poco, aunque sólo en lo que hace a las cantidades de los ingredientes. El escabechado, originario de la cocina árabe, es una de las técnicas más antiguas de conservación de alimentos. En la Wikipedia hay un interesante artículo sobre el origen de la palabra escabeche. En esencia, consiste en el precocinado mediante un caldo de vinagre, aceite frito, vino, laurel y pimienta en grano, así como diversas hierbas aromáticas. La trucha admite muy bien el escabechado, ya que su carne un tanto insípida resulta realzada por el fuerte sabor del escabeche. Eso sí, recuerde utilizar ingredientes de la mejor calidad: vale la pena.

Ingredientes para cuatro personas                        
   
Cuatro truchas
Un vaso de vinagre de vino
Un vaso de vino blanco
cuatro - seis dientes de ajo
Un limón
Una cucharada de tomillo
Una cucharada de orégano
Una cucharadita de pimienta negra en grano 
Seis hojas de laurel
Sal
Aceite de oliva

  • Lavamos bien las truchas ya evisceradas, las secamos cuidadosamente, las salamos al gusto y las freímos en una sartén con un chorro generoso de aceite de oliva. Hágalo a fuego suave para que la trucha se haga bien por dentro.
  • Cuando ya estén, retiramos las truchas y las colocamos en una fuente honda junto con las hojas de laurel y el limón, lavado y cortado en rodajas.
  • En el mismo aceite de freír las truchas freímos los dientes de ajo enteros sin dejar que se quemen y cuando ya estén añadimos el vinagre, el vino blanco, el tomillo, el orégano y la pimienta, dejando que reduzca un  poco.
  • Vertemos sobre las truchas este escabeche y dejamos reposar entre 12 y 24 horas.
  • Servimos la carne de las truchas limpia de piel y espinas y acompañada de un ensalada al gusto.


9 de mayo de 2014

Crema de nabo con camembert y piñones

 Se cree que el nabo se cultivaba ya hace unos cuatro mil años, proponiéndose lugares tan diversos como Afganistán o la cuenca del Mediterráneo como lugares de origen. Era muy apreciado por griegos y romanos, y durante la Edad Media fue un alimento de gran importancia en Europa. A partir del siglo XVI, con la introducción de la patata, su consumo y por lo tanto su cultivo, fueron decayendo, al menos para su uso en la alimentación  humana. Actualmente es raro encontrar recetas en las que intervenga, con algunas excepciones en cocinas regionales, como en el sabrosísimo caldo gallego. Y sin embargo, el nabo es un alimento con muchas y buenas propiedades: escaso aporte calórico, pobre en hidratos de carbono, rico en fibra, con un alto contenido en potasio y vitamina C...  Así que vamos a reivindicar su uso en nuestras cocinas tanto como protagonista como acompañando otros platos, de arroz o legumbres, por ejemplo. Hoy, vamos a preparar una crema de nabo a la que añadiremos queso camembert y semillas molidas de sésamo, consiguiendo así una delicada mezcla de sabores en verdad sugestiva. El toque final de unos piñones ligeramente tostados corona con su crujiente sugerencia de pinares y aire libre este plato más que recomendable.

Ingredientes para cuatro personas
400 gr de nabos
Cuatro cebolletas medianas
125 gr de crema de queso camembert
2 cucharadas de semillas tostadas de sésamo
2 cucharadas de piñones pelados
Sal
Dos o tres hojas de laurel
Nuez moscada

  • Pelamos los nabos y las cebolletas, los troceamos y los hervimos al vapor, durante ocho o diez minutos, en una cazuela donde habremos puesto las hojas de laurel.
  • Mientras, tostamos ligeramente los piñones en una sartén con y los reservamos.
  • Trituramos con la batidora hasta conseguir un crema con la consistencia que prefiramos, añadiendo si hace falta, agua de la cocción.
  • Trituramos las semillas de sésamo con ayuda de un molinillo de café, por ejemplo, y las añadimos a la crema anterior. Mezclamos bien.
  • Pasamos esta mezcla por el chino o por un colador y llevamos a fuego suave, sin dejar que hierva.
  • Añadimos el queso, removiendo bien mientras va fundiendo para conseguir una buena mezcla y salamos al gusto.
  • Servimos inmediatamente, acompañado con los piñones y espolvoreado con nuez moscada.



7 de mayo de 2014

Flan de café a la vainilla con nísperos confitados en brandi

Según parece, el origen del flan se remonta a los tiempos del Imperio Romano y se atribuye  su invención a un tal Apicio, gastrónomo, del que se supone que vivió en el siglo I. La receta aparece en su obra De re coquinaria (Sobre materia de cocina, o Sobre las cosas de la cocina.) Lo cierto es que el tal libro es del siglo IV o V, así que probablemente sea sólo otra leyenda. Por cierto, que de la palabra flan se dice que es, (cómo no, tratándose de una delicatesen,) de estirpe francesa. Sea como sea es sin duda una auténtica delicia y yo conozco a alguien que asegura que es uno de los dos mejores inventos de la humanidad. (El otro, dice, es la ducha, sobre todo si se toma bien acompañado.) Pero volviendo a las cosas serias, el flan es un postre que a todo el mundo agrada, que permite variaciones que pueden cambiar ligera o incluso drásticamente su sabor y hasta su textura, lo que da opción a, con la misma idea, preparar platos distintos. Y es tan fácil de hacer como mezclar huevos, leche, edulcorante... y cocinarlo al baño maría. Aquí  vamos a aromatizarlo con café y vainilla, usaremos estevia o sacarina en lugar de azúcar y lo serviremos acompañado de unos nísperos (aprovechando que están de temporada)  confitados en brandi. Una fórmula que va a dejar satisfechos y felices a sus comensales. (Si utiliza estevia como edulcorante, agregue 2 cucharaditas de postre. Si decide utilizar azúcar, recuerde que deberá proveer dos cucharadas por huevo. Para la sacarina, un par de sobrecitos bastarán. Pero el duce, siempre a su gusto.)

Ingredientes para cuatro flanes individuales        

50 cl de leche
8 huevos
Una taza de café (puede usarse descafeinado)
Edulcorante: azúcar, estevia, sacarina (al gusto)
1 - 2  vainas de vainillas
4 nísperos
Un vaso de brandi

  • Batimos los huevos con el edulcorante. Reservamos
  • Ponemos en un cazo la leche, añadimos la vainilla incluida la vaina, (recuerde: extraemos las semillas del interior de la vaina cortándola cuidadosamente a lo largo) llevamos al fuego y en cuanto empiece a hervir la retiramos y reservamos en infusión hasta que esté tibia.
  • Retiramos las vainas de vainilla y añadimos el café y el batido de huevos.
  • Vertemos esta mezcla en flaneras individuales o en una grande, las colocamos en una bandeja, apta para el horno,  con un vaso grande de agua en el fondo, y lo llevamos al horno que habremos precalentado a 180º. Dejamos hacer unos veinte minutos o hasta que al pinchar el flan el picho salga limpio.
  • Dejamos enfriar. (Es buena idea hacerlos con suficiente antelación, la noche antes, por ejemplo, guardándolos  en la nevera.)
  • Cuando vayamos a servirlos, pelamos los nísperos, les quitamos las semillas y la telilla interior, los cortamos en gajos y los ponemos en un cazo con el brandi, a fuego muy suave. Dejamos que se hagan hasta que el brandi haya reducido a la mitad.
  • Sacamos los gajos, dejamos que escurran y reservamos.
  • Desmoldamos los flanes y servimos acompañados de los gajos de níspero y bañados con el brandi de haberlos confitado. 




5 de mayo de 2014

Guisantes con butifarra y ajos tiernos

En un reciente viaje a Barcelona, leí en la prensa (no recuerdo si en La Vanguardia o en El Periódico) una de esas multi-entrevistas en las que, en este caso, a varios chefs les hacían una batería de preguntas, todas iguales para todos. En una de las preguntas les pedían que eligieran un plato de temporada. La senyora Ruscalleda propuso algo tan sugerente como unos guisantes (del Maresme, puntualizó) salteados con ajos tiernos y butifarra. La idea me gustó tanto que en cuanto he vuelto a casa he preparado esta receta. No sé si los guisantes eran del Maresme, pero sí eran frescos y tiernos, y los ajetes estaban en su punto. Los catalanes acostumbran a utilizar la butifarra negra para cocinar, y aunque la gran Carme Ruscalleda no lo especificaba, o yo no lo recuerdo, he preferido usar butifarra blanca por la simple razón de que a mí me gusta más. Tampoco decía cómo prepararlos, así que los he hecho con total libertad y a mi manera. En todo caso, el resultado es tan rico como el enunciado de la receta prometía, y tan sencillo de hacer que la recomiendo encarecidamente antes de que acabe la temporada del guisante. A menos que viváis cerca de San Pol de Mar y podáis permitiros el lujo de una comida en el restaurante Sant Pau, claro. Y un último apunte:  cuando los compremos, los guisantes, debemos cuidar que las vainas no tengas marcas y sean tersas y de un color verde brillante.

Ingredientes para cuatro personas
800 gr de guisantes frescos
Dos ramilletes de ajos tiernos
250 gr de butifarra blanca
Dos hojas de laurel
Dos dientes de ajo (opcional)
Sal
Aceite de oliva

  • Desgranamos los guisantes, pelamos y troceamos los ajos tiernos y los hervimos juntos, al vapor, durante no más de quince minutos.
  • Si decidimos usar los dientes de ajo, los pelamos y picamos muy fino, y mientras se cuecen los guisantes  los doramos en una sartén con un hilo de aceite. Retiramos y reservamos en cuanto comiencen a estar dorados.
  • Cortamos la butifarra en trozos de unos cuatro o cinco centímetros y los pasamos por la misma  sartén, sin añadir más aceite, hasta que la piel quede doradita.
  • En esa misma sartén salteamos unos minutos los guisantes y los ajos tiernos con las hojas de laurel, salamos al gusto y servimos enseguida con los ajos fritos por encima .



30 de abril de 2014

Empanada de pollo al estilo pastela

Inspirada en la clásica pastela marroquí, con la que apenas guarda otro parecido que la idea de una empanada muy especiada de masa filo, os ofrezco hoy una receta no difícil aunque quizá sí un tanto laboriosa, ya que hay que cocinar cada ingrediente por separado, lo que la hace apta sólo para aquellos cocinillas que disfrutan como enanos en la cocina olvidados del reloj y trasteando con ingredientes diversos, mezclando especias, flotando en una nube de aromas y probando a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca, el punto de cocción y de sazón. (Vale.) Una de las diferencias con la auténtica pastela es la ausencia del toque dulce, tan característico en ella, así como el añadido, aquí, de piñones y pistachos en el relleno. Otra, es que he incurrido en la herejía de incluir higaditos (cocinados al brandi) y mollejas de pollo, lo que da un carácter más compacto, y suntuoso, al resultado final aunque los talibanes de la ortodoxia se lleven las manos a la cabeza. Una receta para sorprender a propios y extraños y de la que no quedará ni rastro en la mesa. Garantizado.

 Nota: he dividido la explicación del proceso en pasos, en un intento de facilitar su elaboración, pero está claro que casi todos pueden hacerse simultáneamente: mientras la pechuga se asa pueden cocinarse las mollejas y los higaditos, y mientras pochamos la cebolla podemos mezclar las especias y cortar las hierbas... En fin, cada uno a su gusto.

Ingredientes
8 hojas de masa filo
Una pechuga de pollo
300 gr de mollejas de pollo
250 gr de higaditos de pollo
3 huevos
Una cebolla
1/4 cucharadita de canela
1/4 cucharadita de de nuez moscada rallada
1/4 cucharadita de cominos
1/4 cucharadita de cúrcuma
1 cucharadita de pimienta verde
6 clavos de olor
Una cucharadita de semillas de cilantro
Una cucharada de piñones pelados
Dos cucharadas de pistachos pelados
Una cucharada de semillas tostadas de sésamo
Una cucharadita de semillas de amapola
Un ramillete de perejil
Un ramillete de cilantro
Un trozo  de jengibre fresco de unos cuatro o cinco cm.
Un diente de ajo
500 cl de caldo de verduras
Un vaso de vino blanco
Un vaso de brandi
75 gr de mantequilla
Sal
Pimienta
Aceite de oliva



Paso 1: asar la pechuga de pollo
  • Salpimentamos la pechuga y la colocamos en una fuente apta para el horno.
  • Machacamos el ajo junto con las semillas de cilantro y una pizca de sal. Añadimos el vino blanco, mezclamos bien y regamos la pechuga con esta mezcla.
  • Llevamos al horno, que tendremos precalentado a 180º, y dejamos hasta que la pechuga esté hecha: unos treinta o cuarenta minutos.
  • Dejamos entibiar, desmenuzamos la carne y reservamos.
Paso 2: cocinar las mollejas
  • En una sartén con un chorro de aceite ponemos las mollejas hasta que queden doradas por todos lados.
  • Las ponemos en la olla exprés con dos clavos de olor, salamos, las cubrimos con el caldo de verduras y dejamos que cuezan treinta minutos.
  • Dejamos despresurizar la olla, retiramos las mollejas y reservamos el caldo, que puede congelarse para utilizarlo en otras preparaciones.
  • Picamos las mollejas en trozos pequeñitos y reservamos.
Paso 3: cocinar los higaditos
  • En una sartén con un chorrito de aceite ponemos los higaditos y los rehogamos ocho o diez minutos.
  • Agregamos la pimienta verde, salamos, regamos con el brandi y dejamos hacer unos quince o veinte minutos. El brandi debe reducir por completo.
  • Trituramos muy bien los higaditos con la batidora hasta conseguir una pasta suave. Reservamos.
Paso 4: Pochar la cebolla
  • Cortamos en pluma la cebolla y la pochamos, a fuego suave, con un chorro de aceite y una pizca de sal, sin dejar que tome color.
  • Escurrimos bien el exceso de aceite y reservamos.
Paso 5: Mezclar las especias y preparar las hierbas
  • Pelamos el jengibre y lo cortamos en juliana muy fina. Reservamos.
  • En un mortero trituramos muy bien el clavo y los cominos.
  • Añadimos la canela, la cúrcuma y la nuez moscada. Mezclamos bien y reservamos.
  • Picamos finamente el perejil y el cilantro y los reservamos.
Paso 5: Mezclar todos los ingredientes
  • En una sartén o cazuela, con apenas un chorrito de aceite, vamos mezclando (por este orden) la cebolla, el pollo, las mollejas y los higaditos y lo rehogamos un par de minutos.
  • Agregamos los piñones, los pistachos, las especias, el perejil y el cilantro y revolvemos bien.
  • Apagamos el fuego y dejamos reposar al menos un par de horas.
Paso 6: Montaje de la empanada y horneado
  • Forramos un molde redondo con cuatro de las hojas de masa filo, que colocaremos contrapeadas y pintadas con mantequilla derretida.
  • Añadimos  dos huevos batidos a la mezcla que teníamos preparada y vertemos esta en el molde.
  • Volvemos hacia dentro los extremos de las hojas de masas filo, tapando el relleno.
  • Cortamos las restantes cuatro hojas de masa en círculos algo más grandes que el diámetro del molde, las pintamos con mantequilla derretida y vamos tapando la empanada, apretando ligeramente para que el relleno se distribuya uniformemente, y remetiendo el borde de las hojas en el borde del molde.
  • Pintamos con el tercer huevo, batido, la última hoja y la espolvoreamos con las semillas de sésamo y de amapola.
  • Llevamos al horno, precalentado a 180º, y dejamos hasta que la masa esté crujiente y haya tomado un bonito color dorado: unos veinte o treinta minutos. Ojo que no se queme.
  • Dejamos enfriar, desmoldamos, y a disfrutarla.