3 de febrero de 2014

Tortilla de cebolla, queso y finas hierbas

La tortilla es otro de esos inventos culinarios que no sólo hacen las delicias de los comensales más exigentes sino de los cocinillas más imaginativos. La posibilidad de mezclar ingredientes resulta irresistible; si se hace con cuidado (lo de mezclar los ingredientes: no vale abrir la nevera y echar todo revuelto, conviene controla la fantasía) los resultados suelen ser más que satisfactorios. Por otro lado su elaboración es  tan sencilla que está al alcance de cualquiera que sea capaz de batir un huevo.  Y el huevo es un alimento rico en nutrientes (proteínas, vitaminas, minerales y aminoácidos esenciales) de muy fácil asimilación. En cuanto a la idea generalizada de que los huevos pueden ser perjudiciales por su contenido en colesterol, y aunque hay que ser cautos al respecto,  parece que  la ingesta de tres - cuatro huevos a la semana no tiene una incidencia especial en personas sanas. La tortilla que hoy os invito a preparar y a disfrutar combina la suavidad del queso fundido y la cebolla con el aroma de las hierbas para lograr un resultado espectacular. Acompañada de unas verduras, esta tortilla puede constituir, por ejemplo, una cena muy recomendable.  Si lo prefiere, puede hacer dos tortillas en lugar de una sola, o cuatro individuales, ya que de esa forma será más fácil cuajar los huevos.

Ingredientes para cuatro personas
Ocho huevos frescos
Cuatro cebolletas
100 gr de queso emmental rallado
Dos cucharadas de cebollino picado
Dos cucharadas de perejil  picado
Dos cucharadas de cilantro picado
Sal
Pimienta
Nuez moscada
Aceite de oliva

  • Batimos los huevos salpimentados al gusto y añadimos las hierbas bien picadas y el queso. Mezclamos bien y reservamos.
  • Cortamos las cebolletas en juliana muy fina, incluidos unos tres o cuatro dedos del tallo verde, y las pochamos a fuego suave con un poco de aceite y una pizca de sal hasta que estén transparentes.
  • Escurrimos bien el exceso de aceite y las agregamos al huevo batido, añadimos nuez moscada al gusto y mezclamos .
  • En la misma sartén donde hemos pochado las cebolletas agregamos un hilo de aceite y cuajamos la tortilla a fuego muy bajo cuidando que no se queme.
  • Damos la vuelta a la tortilla y repetimos la operación.
  • Podemos servir acompañada de unas verduras al vapor cortadas en bastoncitos y aliñadas con aceite de oliva y un poco de sal.




31 de enero de 2014

Banitsa de setas con jamón

La banitsa, cuyo nombre significa literalmente pastel es una especie de bollo de masa de hojaldre o filo, típico de la cocina tradicional búlgara. Aunque lo más común es un relleno a base de huevos, yogur y queso al que se puede añadir mantequilla o manteca de vaca, lo cierto es que existen multitud de variantes tanto dulces como saladas. Es muy sencilla de preparar (la única dificultad está en el manejo de la siempre delicada masa filo) y como todas las recetas basadas en rellenos permite combinar distintos ingredientes eligiendo los que cada uno prefiera. Los defensores de las esencias y los puristas de las tradiciones seguramente verán con desagrado esta herejía que os propongo hoy, pero os aseguro que está muy, muy rica. Y, ¿quién ha dicho que la ortodoxia haya sido alguna vez creativa? Las cantidades especificadas dan para una banitsa de un tamaño adecuado para dos personas, así que modifíquelas  en función del número de comensales. Las setas pueden ser frescas, congeladas, en conserva o desecadas, y las prepararemos con antelación según sea necesario en función del tipo de las mismas.

Ingredientes
Tres hojas de masa filo
Dos cebolletas
350 gr de setas variadas
75 gr de picadillo de jamón
Una taza de café de hojas de rúcula picadas
50 gr de mantequilla
Un huevo
Una cucharada de semillas de amapola
Una o dos  cucharadas de almendras molidas
Sal
Pimienta
Aceite de oliva

  • Pelamos las cebolletas y cortamos los tallos verdes pero dejando una longitud de unos seis o siete centímetros (tres o cuatro dedos) de los mismos. Las picamos en juliana fina y las pochamos a fuego suave con un poco de aceite y una pizca de sal. Deben quedar blandas pero sin que cojan color. Cuando ya estén, escurrimos bien el exceso de aceite y reservamos.
  • Picamos las setas en trozos pequeños y las salteamos unos minutos hasta que suelten el exceso de agua.
  • Mezclamos con el pochado de cebolleta, rehogando un par de minutos. Añadimos el jamón en picadillo muy fino, damos un par de vueltas, corregimos de sal, (ojo, que el jamón ya lleva)apagamos el fuego y retiramos dejando sobre un colador, para que escurra bien, hasta que esté templado. Mezclamos entonces con las hojas de rúcula finamente picadas.
  • Colocamos sobre una superficie adecuada una hoja de masa filo y la untamos ligeramente con la mantequilla derretida al baño maría, la espolvoreamos con almendra molida y colocamos sobre ella otra hoja de masa en la que repetimos la operación, así como con la tercera hoja.
  • Cortamos estas tres hojas longitudinalmente en dos partes y sobre cada una de ellas colocamos, a lo largo, una parte del relleno. Enrollamos para formar dos tubos que uniremos por un extremo y colocaremos en espiral en un recipiente apto para el horno.
  • Pintamos con huevo batido, espolvoreamos con las semillas de amapola y llevamos al horno, que tendremos precalentado a 180º, hasta que la masa tenga un bonito color tostado. Ojo que no se queme.

29 de enero de 2014

Lubina rellena

La combinación de pescado y verduras es una de las más saludables, equilibradas y nutritivas. Es también una alternativa que ofrece múltiples combinaciones en la cocina para preparar nuestra comida. Desde el vapor hasta el horno pasando por las plancha o la sartén, sólo tenemos que dejar libre a nuestra imaginación y unir los ingredientes armónicamente para conseguir platos capaces de satisfacer no sólo a las necesidades alimenticias sino a la vista al olfato y, claro está, al gusto. La mezcla de verduras y hierbas en esta receta es todo un descubrimiento: su suavidad y delicado aroma realzan la finura de la carne de la lubina, lo que unido al sabor ligeramente pungente del aceite de oliva y la leve acidez de los tomates cherry convierten este plato en un festival para el paladar. Las lubinas pueden comprarse ya fileteadas, o seducir al pescadero (o a la pescadera) para que nos las prepare. En cuanto a los tomates cherry elíjalos variados: rojos, amarillos, verdes, kumato... eso dará a nuestro plato un colorido espectacular.

Ingredientes para cuatro personas
Cuatro lubinas de ración en filetes
Cuatro chalotas
Un puerro
Medio bulbo mediano de hinojo
Cuatro rabanitos
250 gr de tomates cherry variados
Dos cucharadas de rúcula picada
Dos cucharadas de cebollino picado
Sal
Pimienta
Aceite de Oliva

  • Cortamos finamente el cebollino y las hojas de rúcula y las mezclamos.
  • Colocamos los filetes de lubina sobre una bandeja parar el horno, los salpimentamos al gusto, los regamos con un hilo de aceite de oliva y ponemos una pequeña cantidad de la mezcla de cebollino y rúcula sobre cada uno.  Reservamos.
  • Pelamos todas las verduras, lavando muy bien los rabanitos, las cortamos en juliana fina y las pochamos con un poco de aceite y una pizca de sal hasta que estén hechas pero sin dejar que se quemen.
  • Escurrimos muy bien el exceso de aceite, mezclamos con el resto del cebollino y la rúcula, repartimos esta mezcla sobre cuatro de los filetes de lubina y tapamos con los otros cuatro filetes.
  • Llevamos al horno que tendremos precalentado y dejamos unos veinte minutos, o hasta que el pescado esté hecho. Vigile para que no se quede muy seco.
  • Mientras, escaldamos los tomatitos cherry y los pelamos. Podemos dejarlos enteros o cortarlos por la mitad, como prefiramos. Los aliñamos con aceite de oliva de buena calidad y una pizca de sal.
  • Servimos el pescado acompañado por los tomates en un plato en el que pondremos un poco de aceite de oliva a modo de salsa.


27 de enero de 2014

Pappardelle a las finas hierbas con ajo y aceite de oliva

Si hay algo que fascina de la pasta, aparte de su riqueza nutritiva y su riqueza gastronómica, es su variedad. Nada como pararse delante del estante de las pastas en el supermercado para dejar volar la imaginación pensado en las infinitas posibilidades que se nos ofrecen. Por cierto que el debate pasta fresca vs pasta seca es otra de esas estériles discusiones que a nada conducen, pues una y otra tienen las mismas propiedades nutritivas y su uso es una cuestión (geográfica) de costumbre ya que las frescas se utilizan más en el norte de Italia, mientras que las secas son más propias del sur. La diversidad de formas, tamaños y hasta colores son ya un buen indicio de su versatilidad en la cocina. Las pappardelle son esas cintas anchas de hasta  3 cm. Su nombre viene de un verbo que significa engullir, pero en singular (pappardella) también significa discurso o escrito largo, y sobre todo aburrido. Nada que ver con esta receta, pues ni su elaboración es larga ni comerla resulta aburrido: todo lo contrario, véase.

Ingredientes para cuatro personas
500 gr de pappardelle
2 dientes de ajo
Un ramillete de perejil
Un ramillete de albahaca
Un ramillete de ramitas de cebollino
tres hojas de laurel
Aceite de oliva
Sal
Pimienta

  • Comenzaremos pelando los ajos y triturándolos bien en el mortero. Agregamos aceite de oliva de la mejor calidad, mezclamos bien y reservamos dejando reposar.
  • Hervimos la pasta en abundante agua con sal y las hojas de laurel siguiendo las instrucciones del fabricante en cuanto al tiempo de cocción.
  • Picamos muy finamente las hierbas y las mezclamos.
  • Escurrimos bien la pasta, retiramos las hojas de laurel y añadimos las hierbas y pimienta al gusto mezclando bien.
  • Servimos espolvoreado con un poco más de las hierbas y aliñado con el aceite de ajo.
  • Si se desea se puede poner un poco de queso parmesano rallado, servido aparte para que cada uno se ponga la cantidad que quiera.

26 de enero de 2014

A propósito de Llewyn Davis


Ethan y Joel Cohen
Que los hermanos Cohen entreguen una comedia no es raro, una buena parte de su cine lo es y en otras muchas de sus películas hay elementos que remiten a ella. Pero sorprende un poco que en esta mirada a los sesenta, teóricamente narrada en clave de humor, haya más nostalgia que humor y que su proverbial y afilada ironía esté un tanto mellada. Basada, más o menos, en las memorias del músico Dave Van Ronk, hay que decir enseguida que A propósito de Llewyn Davis no es una mala película sino una película ligeramente frustrante, quizá porque promete más de lo que acaba dando, quizá porque la perversión de las reglas del género, marca de los Cohen, no acaba de funcionar del todo. A las peripecias del fracasado músico de folk paseando su derrota por el neoyorkino Greenwich Village les falta mordiente, el pelaje de la fauna entre la que se mueve remite en exceso al Woody Allen más verborreico y superficial y al apunte de road movie del viaje a Chicago, la parte más floja del invento, le sobran tópicos y le falta el sarcasmo que la figura del gordo magistralmente interpretado por John Goodman está pidiendo a gritos. El propio personaje central, y en torno al cual se articula toda la historia, está como desdibujado, falto de concreción, a lo que seguramente contribuye la plana interpretación del poco expresivo Óscar Isaac. Pero los Cohen conocen los entresijos del lenguaje cinematográfico como pocos cineastas en nuestros días. Su dominio de las técnicas narrativas es apabullante como demuestra la solidez de este guión a pesar de estar escrito sobre una levísima anécdota. Su cámara, aunque aquí con el filo un tanto embotado, es un bisturí que disecciona sin piedad.


Su capacidad de síntesis asombra por su eficacia y su aparente sencillez (véanse las secuencias en las que Llewyn Davis/Óscar Isaac prepara y se come una tortilla.) En una historia en la que apenas ocurre nada y lo que ocurre es repetitivo, el ritmo de la narración no decae en ningún momento y avanza sin tropiezos, con una engañosa suavidad. Las interrupciones en el ritmo narrativo que siempre suponen la inclusión de canciones, están resueltas con una sorprendente naturalidad y sólo nos parecen excesivas a los no fanáticos de la música folk americana de los años sesenta. La agudeza de los Cohen para los gags más hilarantes se pone de manifiesto en la irónica autocita en la peripecia con el gato, cuya persecución en el vagón del metro hace recordar en algún momento a su Raising Arizona, (Arizona Baby, 1987.) Las interpretaciones no son, quizá, lo mejor de la película. Se salva, claro, ya está dicho, la inmensa sabiduría de John Goodman, y cumple el resto del reparto, con la excepción de Carey Mulligan, siempre sobreactuada, siempre al borde del ridículo. Pero es una película que se ve con agrado, y aunque hace añorar el caustico estilo de los Cohen, deja unas pocas migajas de buen, de buenísimo cine y hace sonreír de vez en cuando. No es que sea gran cosa, pero según está el cine últimamente, ya es bastante.




Ficha:
Título original: Inside Llewyn Davis
Año de producción: 2013
Duración: 105 min.
País: USA
Dirección: Joel Coen & Ethan Coen
Guión:Joel Coen & Ethan Coen
Música: (Varios autores)
Fotografía: Bruno Delbonneln
Reparto: Oscar Isaac, Carey Mulligan,
              John Goodman, Ethan Phillips,
              Garrett Hedlund, Justin Timberlake,
              Max Casella, F. Murray Abraham,
              Jeanine Serralles, Stark Sands,
              Jerry Grayson, 
              Robin Bartlett, Adam Driver 
Género: Comedia dramática