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Yaron
Zilberman |
Yaron
Zilberman es autor de un documental
(
Watermarks , 2004) sobre el club judío
Hakoah Viena y su equipo de nadadoras a
las que la ocupación nazi de Austria en 1938 obligó a huir. En ese documental
Zilberman reúne a algunas de esas nadadoras en la antigua piscina de Viena
donde entrenaban y, Según Filmaffinity, "
A través del testimonio de estas campeonas del agua, el espectador es
transportado a una historia de memorias de juventud, fuerza y valentía."
No he visto el documental en cuestión así que no opino. Este
El último concierto es, por tanto, su
segundo trabajo y el primero de ficción, y como el anterior está también
coescrito por el propio Zilberman. Tomando como punto de partida el problema
que la situación personal de uno de los miembros de un cuarteto de cuerda crea
en el grupo, el director se zambulle en un más que previsible conflicto, tanto
en el planteamiento de la anécdota
como en
su tratamiento cinematográfico. Y no es que sea una mala película,
El último concierto, aunque algo en ella
resulta frustrante: promete más de lo que ofrece, adolece de falta de
concreción, sus personajes resultan más banales que complejos, y es ahí, en el
dibujo de los personajes donde quizá esté lo más flojo de esta, por lo demás, a
ratos interesante historia. Lo que pasa es que ese defecto es mortal en un relato
que se quiere precisamente
de personajes.
Esa indefinición hace que en algunos momentos sus reacciones no queden
debidamente explicadas y resulten aparentemente caprichosas y arbitrarias. Toda
la historia se asienta, se supone, sobre la relación de estos personajes con la
música y los escondidos conflictos personales que una situación anómala
destapa. Pero, dejando aparte la circunstancia personal del chelista, todo se
reduce a una mal explicada frustración personal, a una
excesivamente subrayada obsesión por la
perfección técnica... y poco más. En lo formal, las transiciones entre las
diferentes subtramas argumentales son en exceso bruscas casi siempre, lo que da
lugar a una cierta arritmia en el conjunto de la narración que perjudica a la
coherencia interna de todo el relato, confiado en demasía al buen hacer de los
intérpretes que se desenvuelven lo mejor que pueden con unas historias tan anodinas
como estereotipadas. Véase: el adulterio o la seducción del viejo por la
jovencita.

Por otro lado, Zilberman abusa un tanto de los primeros planos, de
una duración extrema en ocasiones, lo que da un aire demasiado discursivo y
moroso a situaciones que hubieran necesitado algo más de dinamismo, o por lo
banal de la escena o por la lógica del propio relato. Ocurre también el caso
contrario, como si el director no acabara de tener claro qué quiere contar ni
cómo quiere contarlo. Por ejemplo: uno de los momentos de mayor intensidad
emotiva de toda la película es un (otra vez) primer plano de Christopher Walken
sobre el fondo sonoro de
La canción de
Marietta de
Die tote Stadt, de
Erich Korngold, en la voz maravillosa de
Anne Sofie von Otter. Walken da una lección
magistral a cara descubierta, una lección estremecedora, de dolor, de soledad
extrema, de aceptación también. Y Zilberman corta ese momento de cine purísimo
para insertar una banal escena con la visón de la esposa del personaje, muerta
tiempo atrás. Y si en lo personal nada hace que el espectador se sienta
realmente concernido con lo que le están contando, en lo musical ocurre otro
tanto, con lo que utilizar una obra del calado ético y la densidad expresiva del
cuarteto Op. 131 de Beethoven se antoja un tanto excesivo como subrayado
musical de ese cúmulo de pequeñas mezquindades: le van mejor ese puñado de
tópicas frases que salpican la película. El propio final de la película se
antoja un tanto forzado y poco creíble a pesar de su previsibilidad, con una
brusca caída en la sensiblería más facilona. Se salva, claro, la actuación de
los intérpretes, aunque tampoco tengan mucho de donde sacar en unos personajes
más que tópicos.
Y no es que
El último
concierto sea una mala película, ya queda dicho, es sólo una película que
cuenta de forma anodina historias anodinas disfrazadas de grandeza. Lo malo es
que esa grandeza está sólo en la imaginación del director-guionista y sólo en
una ocasión, el ya mencionado plano de Christopher Walken, apunta lo que
hubiera podido ser pero, definitivamente, no es este frustrante concierto.
Ficha:
Título original: A late Quartet
Año de producción: 2012
Duración: 105 min.
País: USA
Dirección: Yaron Zilberman
Guión: Seth Grossman, Yaron Zilberman
Música: Angelo Badalamenti
Fotografía: Frederick Elmes
Reparto: Philip Seymour Hoffman,
Catherine Keener,
Christopher Walken, Mark Ivanir,
Imogen Poots, Wallace Shawn,
Madhur Jaffrey, Liraz Charhi,
Megan McQuillan, Marty Krzywonos
Género: Drama